Los balígrafos, vuelos inesperados y otros hechos de la firma del acuerdo

Un solemne toque de diana luego de la entrada de los dignatarios fue el momento más conmovedor del acto de firma de paz.

 
Firma del acuerdo de paz
AFP

El presidente Juan Manuel Santos, acompañado por una niña, fue el encargado de abrir una puerta simbólica de la que salieron los delegados del Gobierno, los de las Farc y los presidentes de 15 países que acompañaron la ceremonia.

La ceremonia de la firma del acuerdo de paz que hoy puso fin a 52 años de guerra en Colombia tuvo como protagonistas inesperados a tres aviones F-15 que efectuaron un inquietante vuelo rasante sobre las cabezas de 2.500 emocionados invitados a la ceremonia celebrada en la plaza de las banderas de Cartagena de Indias.

La inesperada aparición en el cielo de los cazabombarderos en el preciso instante en que “Timochenko” proclamaba a los cuatro vientos que la guerra había terminado sobresaltó al propio líder de las Farc, y seguramente le hizo dar un terrible salto atrás en la historia que hoy empezó a escribir Colombia.

La paz fue firmada por “Timochenko”, convertido en la vida política y civil en el “señor Rodrigo Londoño”, y el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, con un “balígrafo”, el instrumento de escritura fabricado con balas de fusil que se convirtió en símbolo de los cuatro años de las negociaciones en La Habana.

El color blanco estuvo presente en toda la ceremonia. En los vaporosos vestidos de las mujeres, en las elegantes guayaberas con las que los hombres se engalanan en los países tropicales en fechas destacadas y en los cientos de banderas que casi ocultaban a los soldados con sus uniformes verde olivo apostados por todos los rincones y tejados de la Plaza de las Banderas.

El marco escogido por las partes para este memorable encuentro, la hermosa ciudad de Cartagena de indias, en pleno Caribe colombiano, también estaba cargado de simbolismo.

La ciudad amurallada fue escenario de la batalla naval que en 1741 libró el almirante español Blas de Lezo ante el asedio de la poderosa flota británica al mando del almirante Edward Vernon.

Y si en aquella ocasión, la valentía y la pericia militar de Lezo truncó las aspiraciones inglesas -tal vez América Latina hablaría inglés de haber sido otro el desenlace- en esta ocasión el abrazo simbólico y físico entre dos hombres selló indisolublemente el nombre de Cartagena con el de la palabra “paz”.

La música hizo aparición en momentos cruciales de la celebración. Al principio, para recordar el sufrimiento de los millones de colombianos a lo largo de estas cinco décadas de conflicto armado.

El coro de Las Alabadoras de Bojayá, que durante el conflicto armado vestían de luto para recordar la peor matanza perpetrada por la guerrilla, hoy aparecieron sobre el escenario vestidas de blanco, para tornar su dolor y desesperación en la alegría y esperanza de la nueva Colombia.

Al final, con un coro de niños que puso el colofón a las dos horas de ceremonia de la firma del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera.

Y no podía ser sino con el conocido “Himno a la Alegría”, inspirado en un poema alemán del siglo XVIII que se transformó en el cuarto movimiento de la Sinfonía número 9 de Beethoven, en la canción más emotiva del rockero español Miguel Ríos y en el himno de una Unión Europea (UE) que hoy asiste admirada al ejemplo de esfuerzo y superación de este país latinoamericano.

Con EFE

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