Historias de una psicóloga que ayuda en su dolor a familiares de personas que fallecen
  • Compartir
  • Twittear
  • Enviar

    Envíale esta nota a un amigo

    Introduce un correo válido Introduce tu nombre ERROR! Captcha

    Has enviado con
    éxito esta nota a:

Historias de una psicóloga que ayuda en su dolor a familiares de personas que fallecen

El 3 de septiembre, Juan Esteban Sedano y Daniela Meléndez acompañaron a Irlanda Meléndez a festejar su grado, pero esa noche sucedió algo inesperado.

Liz Solórzano
Lis Solano Solórzano | Laura Chica

Por: Laura Catalina Chica López 

Al salir del restaurante en el que se encontraban, quien iba manejando perdió el control del vehículo y sin querer se estrelló a gran velocidad contra un poste ubicado en la autopista norte con calle 150. Lamentablemente, fallecieron los tres.  

 A la mañana siguiente, ellas fueron trasladadas al cementerio ubicado en la calle 200 con autopista norte, costado occidental. La familia de las difuntas se encontró con Lis, encargada de acompañarlos durante este proceso de duelo, o eso pensaba ella. Los padres de las jóvenes estaban destrozados. Simulaban hablar con ellas, no asimilaban sus muertes y la verdad, para Lis eso fue lo más desconcertante.  

 Nunca había tenido un caso que la impactara tanto, le tocara el corazón y moviera todos sus sentimientos, sobre todo que tuviera que transferirlos a psiquiatría y que no pudiera ayudarlos como ella quería, pero eso no fue todo. Lis pasó días reflexionando sobre estas muertes. Durante su vida como profesional, no había sentido algo similar. Comparaba la vida de esas niñas con ella misma, ambas con la misma edad, con amigos, estudios y familia. En esa semana su cuerpo se sentía pesado, en estado de estupor, con una carga que no la dejaba avanzar. Se encontraba en shock. 

 Lis Solano Solórzano es una joven de 25 años, psicóloga, egresada de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla con diplomado en manejo del dolor. Ha estado trabajando en cementerios desde hace 3 años en donde es la encargada del seguimiento y ayuda psicológica a los familiares de los difuntos. 

 Día tras día sale de su casa hacia el trabajo en donde debe enfrentar a la muerte con casos particulares y extraños, algunos tristes y otros exasperantemente serenos. En su cotidianidad observa las distintas facetas que la muerte puede tener. Lis no es una persona normal. Ella es alegre, llena de vida, de risas, conversaciones que inspiran a sonreír sin parar, con sus ojos achinados, su boca que se estira mostrando aquellos dientes pequeños que completan una sonrisa gigante. Sale de su trabajo y lo único que quiere hacer es irse a descansar a su casa o salir con amigos y familia. Así es ella, una persona con dos caras al día. 

Pero ese fatídico lunes de septiembre hizo que su rutina se rompiera. Ese accidente paralizó su vida por completo, o al menos su mente. Como ella cuenta, estaba dispersa, le hablaban y se sentía elevada. Al estar ella en todo el proceso con la familia, pudo entender y sentir un desgaste físico y emocional que le cambió su visión de la vida y la muerte. Ahora valora más la existencia y también su trabajo, ese que le permite ayudar a quienes necesitan de la felicidad que está impregnada en su ADN.  

 Lis no solo ha experimentado hechos como este; al atender familiares de, al menos 25 personas fallecidas al día, vive distintas situaciones y se encuentra con todo tipo de historias. 

 Algunos de esos casos le recuerdan a seres queridos. Por ejemplo, a su mejor amiga, quien murió un año antes de ella entrar a trabajar en este campo. Al empezar este trabajo, Lis no pensaba mucho en su amiga, no obstante, un día llegó una familia por su hija fallecida, quien tenía las mismas características que ella, en ese instante Lis sintió dolor y miles de memorias vinieron a su mente. Cuenta que después de un rato pudo superar este suceso y neutralizar su duelo. 

 Doble vida 

 Así es Lis, una mujer que por medio de su trabajo ayuda a otros y a la vez sirve a Dios. A veces se frustra por hacer todos los días lo mismo, pero al final de cada seguimiento puede ver el fruto de esa monótona vida. Es allí donde siente una autorrealización personal y profesional. 

 Su vida laboral no solo se ha basado en la psicología, en algunos casos le ha tocado ser de tanatóloga, es decir, en diferentes ocasiones en los funerales le han pedido el favor de retocar al fallecido, limpiarlo, arreglarle el maquillaje, ponerlo en distinta posición o acomodarle el vestuario. Mientras unos son profesores y enseñan, otros son administradores que manejan su propia empresa, Lis maquilla y atiende al muerto. Lo que para algunos es anormal, ella lo hace y no lo ve de esa manera, es su cotidianidad. 

 También, ella es quien lidera algunas veces a los nuevos operarios y les enseña el manejo del cliente, ya que esta ocupación no es un negocio como tal, en este se mueven muchas fibras y se debe tener tacto y prudencia en todo momento. Lis es una persona que hace distintas actividades, pero todas en un entorno fúnebre. 

 Este trabajo no ha sido fácil, en ocasiones no siente dolor, menos tristeza, solo miedo, como lo fue para Lis cuando murió un hombre relacionado con el comercio ilegal de estupefacientes. Su esposa estaba conmovida por tal hecho y Lis quiso ayudarla, sin embargo, le fue difícil, ya que tener un arma en el cuello no le facilitaba decir las palabras de consuelo que necesitaba escuchar la esposa del difunto. Ella solo pudo explicarle un poco del proceso del duelo, ya que tenía miedo de decir algo contrario a lo que su escolta, quien era el que la apuntaba, quisiera oír y terminar siendo ella la difunta. 

 En esta labor, no es la única sensación que se puede experimentar. Como expresa Lis, la serenidad es otro de los sentimientos que prevalecen, puesto que en su cotidianidad es necesario usar una máscara de tranquilidad ante el familiar del fallecido, debido a que si en realidad fuera ella misma, actuaría de una manera irrespetuosa e imprudente. Lis tiene claro que toda muerte que recibe no afecta en nada su personalidad, puede que a veces sienta nostalgia pero que nunca en estos 3 años ha llorado por apiadarse del dolor de otros. Tiene claro que, aunque ella es una persona muy contenta y animada, es necesario tener dos caras en el día o, como ella lo llama, mantener un equilibrio. 

 Al llegar a casa y quitarse su uniforme, se libera de esa persona seria y formal, convirtiéndose en aquella mujer llena de vida y energía que puede contagiar al mundo con su felicidad. Pero, también menciona que a veces le gustaría cambiar su rumbo y ser ella misma de tiempo completo, puesto que tener dos caras en un solo día es demasiado agotador.  

 Sin embargo, afirma que en este o en algún otro trabajo que el destino le tenga, seguirá con la ayuda al proceso del duelo, su pasión, ya que esto la hace crecer como ser humano y aprender cada día algo edificante para su alma y conocimiento.   

 Hay episodios transformadores como el de la muerte de las hermanas Meléndez, ese sentimiento de frustración la conmovió por completo. Saber que ya no podía hacer más, ya que le tocaba dopar a los familiares, pensar en que estas muertes no eran ni por una enfermedad, menos por una persecución, la consumió por completo. Pero, a la vez le hizo valorar más su trabajo, su vida, su entorno.

El impacto que causó este hecho sirvió para darle un cambio de sentido a la vida de Lis. Después de pasar una semana entera pasmada por la noticia, entendió que no todo era negativo, que también debía apreciar este suceso tan relevante y noticioso que llegó a las manos de ella, dándose cuenta de que su vida profesional se va a enriquecer más por cada caso, en especial, por este. 

 Lis es una de las muchas personas que son psicólogas de funerarias, una persona de admirar, ya que ella es como una heroína, un ejemplo de vida. Es impresionante como puede neutralizar cada emoción y no sentir tristeza, ni siquiera tener necesidad de derramar una lágrima a solas. 

 Comúnmente, la muerte es categorizada como un tema de extremo cuidado, algunas veces por cómo las personas se sienten con ella, otras por tener un respeto por aquellos que han tenido un fallecido cercano. 

 Existen diversos pensamientos sobre ello, entre esos el de Sandra López, una mujer que, a sus 54 años, ya con estudio superior y un trabajo estable, pensaba que la muerte era lejana a ella, que con tan solo nombrarla era “pecado” o, mejor dicho, era inapropiado. Eso era lo que manifestaba apenas alguien hablaba de ese tema, pero algo cambió. Sandra tuvo que vivir la muerte de un familiar cercano. Ese temor ya no era tan distante; dolorosamente, la esposa de su hermano murió debido a una enfermedad que la atormentó por años, el cáncer. 

 Ella murió una tarde soleada; ya no respiraba bien, el oxigeno que tenía no era suficiente, sus manos se pusieron frías, amarillas y Sandra estuvo allí. Presenció cómo Olga, la esposa de su hermano, pasó a ese lado oscuro, ese del que ella temía, la muerte. 

 Muchas personas tienen el mismo miedo, a eso con lo que Lis se enfrenta todos los días, que, sin dolor, atiende y consuela. Aunque varios conversan sobre ella, siempre ha existido un juicio de valor acerca del tema, de cómo será, si habrá algo más allá o simplemente, la entrada a una mejor vida. 

 Antonio Machado, poeta español menciona que “la muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. 

 A pesar de que algunos escritores y poetas hacen afirmaciones como estas, la mayoría de las personas tienen un respeto claro hacia el tema, sobretodo una prevención a no decir alguna palabra inapropiada o a expresar cómo realmente se sienten con relación a ella. 

 Aunque muchos tenemos, me incluyo, algún prejuicio acerca de la muerte, Lis la maneja, la analiza y medita a diario. Para ella no es un tema anormal, ni es un horror, mucho menos es sinónimo de temor; para ella es su labor y el estudio por el que se enfocó para trabajar todos los días de su vida. Lis se dedica a enfrentar los miedos de los demás, fragmentar cada pensamiento y calar los sentimientos que la “víctima” esté sufriendo en ese instante. En sí, ser psicóloga fúnebre no es una labor para muchos, ya que solo aquellos que sean capaces de neutralizar por completo sus emociones y pensamientos frente a estos asuntos, son quienes logran ayudar a ese ser en estado de dolor.

*Estas notas hacen parte de un acuerdo entre Pulzo y la Universidad de la Sabana para publicar los mejores contenidos de la facultad de Comunicación Social y Periodismo. La responsabilidad de los contenidos aquí publicados es exclusivamente de la Universidad de la Sabana.

Comentarios

Reportar un error

SIGUE
LEYENDO
Sigue leyendo
imagen Usamos "Cookies" propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad personalizada. Si continúa navegando acepta su uso. Más información aquí