Por: Danelys Vega Cardozo

Es un jueves como cualquier otro, son las 7:30 de la noche y en el barrio Granada Norte una nueva reunión de Alcohólicos Anónimos (AA) ya ha empezado.

El sitio con paredes blancas se encuentra adornado con imágenes religiosas y unos carteles que rezan cosas como “Piense… piense” y “Solo por 24 horas”. De pronto, un señor de pelo negro y liso comienza a contar su testimonio, y a diferencia de las otras personas que se encuentran ese día en aquel lugar, su perdición no es el alcohol sino la droga.

Su nombre es César Augusto Montes, tiene 35 años y dentro de poco no solo festejará un año más de vida, sino que también cumplirá 6 meses libre de bazuco. Sin embargo, durante este tiempo no le ha hecho el quite al alcohol, algo que puede no ser bien visto por los integrantes de AA.

Hace poco, mientras se encontraba manteniendo una conversación por celular con el compañero más cercano del grupo de Granada Norte, este le reclamó que en Facebook compartiera fotos donde se le viera muy feliz tomando, a lo que César le contestó que él sabía que su problema no era con el licor si no con las drogas, pero para este miembro el comportamiento de César viola las políticas de Alcohólicos Anónimos y argumenta que lo que puede estar sucediendo con Montes es que esté tratando de cambiar un vicio por otro.

Desde hace cuatro años César asiste al grupo de Granada Norte de forma esporádica, aunque una persona que lleva más de 30 años asistiendo al mismo sitio asegura que solo lo ha visto en las reuniones los últimos dos meses. Pero César no tiene un grupo base, desde el 2014 ha rotado por siete grupos distintos de AA, ubicados en Bogotá y Tunja. En esta última ciudad fue donde nació y en donde vive la mayoría de su familia, incluyendo sus padres e hijo.

Al principio este hombre asistía solo a los grupos de Narcóticos Anónimos (N.A), pues sentía que únicamente podía identificarse con personas que también tuvieran problemas de drogadicción. No obstante, luego de un tiempo se dio cuenta que no había diferencia entre NA y AA, pues comenta que entendió que el problema no es la adicción sino el alma y la mente enferma. Incluso, comenzó a notar que al final todos los grupos anónimos son lo mismo, cada uno de ellos sigue los mismos doce pasos originales de Alcohólicos Anónimos.

De hecho, comparten el mismo requisito para ser miembro del grupo, “el deseo de dejar” ya sea de beber, jugar, consumir, etc., todo depende de la adicción a la que esté enfocada el grupo, pues en Colombia no solo para los alcohólicos y los drogadictos hay grupos basados en el anonimato, también existe para quienes tienen problemas con la comida como es el caso de OA (Comedores compulsivos), o para aquellos que son adictos al sexo se encuentra SA (Sexólicos Anónimos) y como estos sitios, hay muchos otros en el país y alrededor del mundo.

Fue hace 10 años que César, por medio de las fundaciones de rehabilitación, llegó a los grupos, pues en esos lugares tienen internamente algo parecido a un grupo anónimo, conformado generalmente por personas con distintas adicciones; en esos sitios también conoció los doce pasos para su recuperación. Dice el padre de César, Julio Montes, que su hijo le ha dicho que apenas va por el quinto paso: “Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos”.

Julio asegura que César no ha podido terminar todos los pasos porque sus tratamientos los ha dejado a medias, de las tres fundaciones en las que ha estado en la que más tiempo ha durado es cuarenta días. En el caso de la Fundación Creser, el primer lugar donde estuvo en rehabilitación, César tiene las puertas cerradas para siempre debido a que fue grosero con el personal de este sitio.

César no cree que las fundaciones le hayan servido más que los grupos, o viceversa, “los dos han sido necesarios para tener hoy cinco meses limpios”. Sin embargo, piensa que son los dos únicos lugares donde un adicto puede aprender y recuperarse porque, dice, “uno necesita es compartir con personas que también tengan esas adicciones, ver ejemplos, ver espejos y en las iglesias va a haber mucha variedad de cosas y no de ese tipo de adicciones, en cambio en esos espacios llegan personas con la misma enfermedad del alma”.

Durante estos meses de abstinencia siente que Alcohólicos Anónimos ha sido clave para liberarse de pensamientos de consumo. “Me sirve venir aquí porque hablo, los escucho a ellos y yo sé que esa es la terapia que yo necesito para no andar por ahí con mi mente loca haciendo macabras ideas de que puedo ir a consumir”. A Julián Chaves, amigo de César desde el colegio, le parece que “ir a Alcohólicos Anónimos no es un pecado”. En cuanto a Julio, preferiría que su hijo fuera a los otros grupos, es decir, a los de Narcóticos Anónimos, pero se conforma con que vaya por lo menos a las reuniones de AA si esto le sirve para dejar de consumir.

Hace un par de fines de semana, César soñó que estaba consumiendo drogas, llegó a sentir incluso adrenalina durante ese sueño, entonces al levantarse se dijo a sí mismo que necesitaba ir a un grupo, ese día se fue para una sede de AA ubicada por la calle 116, ahí le llamó la atención las palabras pronunciadas por uno de los miembros, que más o menos decían así: “todos los pensamientos, sentimientos, acciones que yo he desarrollado como persona enferma del alma están mal, así yo me crea el cuento de que están bien, cuando yo empiezo a creerme que todo eso está mal, empiezo a ganar”. Según él, estas palabras le han ayudado a entender que las cosas no deben ser necesariamente de la forma como piensa.

César le ha comentado a Julio que llevar seis meses sin bazuco ha sido una lucha impresionante para él: “Usted no sabe cómo estoy luchando contra esto, usted no sabe mi problema interno”, eso fue lo que le dijo en una ocasión su hijo. Y es que César asegura que durante el primer mes sin droga es que se sienten los síntomas de abstinencia más fuertes, a nivel físico ha llegado a tener dolor de estómago, diarrea y sudoración, mentalmente ha experimentado tristeza, culpa, frustración y desesperación.

Durante estos meses ha estado cuatro veces en riesgo de volver a consumir. No obstante, el mayor de esos riesgos lo corrió hace un mes, en un asado que había realizado en compañía de su familia y amigos del colegio. Durante ese evento se le extravió el celular y asegura Julián que su amigo lo que hizo fue ponerse a llorar, a gritar y a golpear lo que tuviera a su alcance.

Además, César agrega que luego de ese suceso tuvo que tomar un baño porque no respiraba normal y sentía como si el cerebro se le calentara. En momentos como ese para tranquilizarse se concentra en su “poder superior”, un término muy utilizado en los grupos anónimos para referirse, en el caso de los creyentes, a Dios. Otra cosa que le funciona es pensar en las tres personas que lo motivan para no volver a las drogas: Esperanza, su madre, Alejandro, su hijo, y Catalina, su exnovia.

Lo que no quiere César es que su madre fallezca sin antes verlo libre completamente de la droga, pues siente que Esperanza ha hecho de todo para que él no consuma “(…) mi mamá se ha arrodillado, me ha implorado, se ha parado en la puerta y me ha dicho ‘no vaya a consumir’”. Julio asegura que su esposa hoy en día no va a las reuniones familiares de su familia para evitar que le pregunten por César.

El hijo de César ya tiene 11 años, los mismos que él lleva consumiendo bazuco, y lo que menos quiere es que Alejandro lo vea como ha llegado a estar, sucio, robando, pidiendo monedas. Sus padres son quienes viven con su hijo desde hace dos años, cuando la mamá del niño lo dejó en Tunja después de él tanto rogarle.

Sin embargo, Julio afirma que cuando César va a Boyacá duerme en la misma habitación con el niño, juega con él y le habla sobre la vida, eso sí, considera que “son espacios en la vida de un niño muy cortos, cuando un papá debe estar todo el día, a toda hora con él, compartir, pero por su actividad de trabajo siempre ha estado afuera”. César es geólogo de la Universidad Nacional y desde que se graduó ha trabajado con Ecopetrol, Pacific Rubiales y actualmente en minería.

Uno de los anhelos de César es regresar con su exnovia. “Antes de conocer a Catalina yo no tenía sueños, hoy mi sueño es volver algún día con ella, así no se cumpla”. Al respecto, Julián está seguro de que “si él coge juicio, si el de verdad asume su rol de vida, consigue una mujer mejor que ella o más que ella, pero ella ya no es”. “Es una persona que no lo quiere, que no quiere estar con usted, que se lo ha demostrado una y mil veces”, es lo que le ha dicho su padre con relación a Catalina.

César espera que en un futuro, cuando se encuentre realmente recuperado, pueda volver a establecer una buena relación con sus dos hermanas. Con Laura, la del medio, no se habla desde hace cuatro años y cuando les toca quedarse solos en un evento familiar, ella prefiere irse. Su hermana menor, Juliana, como aún vive en la casa de sus padres, sí le dirige la palabra, pero cuando discuten, le dice que no lo quiere, que lo odia.

Julio asegura que este año por fin están viendo una luz con César, dice que el 2018 ha sido el año más tranquilo en quince años, que es el tiempo que lleva metido en las drogas su hijo, pues este antes consumía marihuana. Sin embargo, no quiere confiarse porque sabe que hay personas que luego de mucho tiempo sin consumir, caen. Solo espera que por el bien de César cambie su actitud. “Si no aprende de todo lo que ha vivido, lo único que puedo concluir es que el día en que faltemos se destruirá solito”, dice Julián.

César sueña en un futuro con crear un grupo donde vayan bazuqueros. También, cuando ya esté recuperado, quiere ir a las ollas, llevar chocolate y un mensaje: “Decirle a la gente sálgase de eso, hay otro mundo, sí se puede”. Por el momento, sabe que debe aplicar una de las frases más famosas de los grupos: “solo por hoy”, entender que lo importante es el aquí y ahora.

Autor: Danelys Vega Cardozo, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de la Sabana. 

*Estas notas hacen parte de un acuerdo entre Pulzo y la Universidad de la Sabana para publicar los mejores contenidos de la facultad de Comunicación Social y Periodismo. La responsabilidad de los contenidos aquí publicados es exclusivamente de la Universidad de la Sabana.