María Jimena Duzán dice en su columna de Semana que le desea suerte a Duque porque seguro la necesitará cuando las acciones de su gobierno pasen inadvertidas por culpa del protagonismo “amenazante y agresivo” del uribismo.

“No ha asumido sus funciones y ya Uribe lo puso a tener que escoger entre él y la Corte Suprema de Justicia”, señaló la periodista en clara alusión a la incómoda posición que debió asumir el nuevo mandatario cuando se supo que había en firme una investigación contra su mentor político e ideológico.

De acuerdo con Duzán, a Duque solo le quedaría acabar con la independencia de la rama judicial para congraciarse con su tutor o ser señalado de traidor si defiende la justicia y la ley. Una teoría que cuenta con más de un seguidor como Ramiro Bejarano que ha bajado a Duque del solio de Bolívar a la categoría de alfil del Centro Democrático.

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Dice Bejarano, en El Espectador, que “en un par de días llegará el dios de la guerra a ejercer un gobierno del que ya se siente su hostilidad contra quien se atreva a criticarlo o a disentir” y agrega que un expresidente sin censura e irresponsable –especialmente en Twitter– es capaz de generar un “temor reverencial más parecido a la cobardía”, principalmente entre quienes sufren sus calumnias como el exmagistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema Fernando Arboleda Ripoll, que salió a defender al senador cuanto este lo había acusado falsamente de recibir sobornos.

Pero al expresidente lo acompañan “barras bravas” que supuestamente actúan sin su aval, pero que evidencian que hay una campaña de descrédito en contra de la Corte Suprema de Justicia que va desde los “vociferantes” manifestantes, hasta periodistas manipuladores como Luis Carlos Vélez, sostuvo Piedad Bonnett en El Espectador.