Con el 54 % de votos, los ciudadanos rechazaron la propuesta para incorporar a la Constitución un artículo que hubiese obligado al Estado suizo a brindar “respaldo financiero a los propietarios de vacas, toros reproductores, cabras y carneros reproductores” que mantuviesen sus cuernos en la edad adulta.

Esa fórmula debía formar parte de un marco legislativo más amplio sobre el respeto del medio ambiente y de los animales.

El principal impulsor de esta iniciativa, un campesino del cantón de Berna, Armin Capaul, dijo en comentarios a la radio pública suiza que con esta decisión “el pueblo descuerna al animal nacional y por esto deberá explicarse ante el mundo entero”.

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Capaul empezó en solitario la recolección de las 100.000 firmas necesarias para forzar la convocatoria de un referéndum, un proceso a lo largo del cual empezó a recibir apoyo de algunos grupos agrícolas, de defensa de los animales y organizaciones medioambientales.

Los defensores de la iniciativa afirmaban que solo el 10 % de las vacas suizas conservan sus cuernos, pero las autoridades, que se opusieron y pidieron a los ciudadanos que votasen en contra, afirmaban que en realidad son un 25 %.

En términos financieros, los primeros cifraron en unos 14,7 millones de dólares el costo anual de la nueva polítca (170 por vaca y 34 por cabra), pero el gobierno señaló que la factura podía elevarse hasta 30,5 millones de dólares al año.