La empresa de Miguel Caballero, que diseña prendas para detener cualquier impacto de bala, nació hace más de veinte años y al principio no quiso diseñar ropa blindada para niños porque “cree que los niños deben permanecer al margen del conflicto armado”, pero luego de las reiteradas masacres en Estados Unidos la empresa recibió cientos de correos electrónicos de padres de familia estadounidenses que, con cierta desesperación, solicitaban ropa blindada para sus hijos, contó en su momento Kien y Ke.

El portal agrega que ante esta situación Carolina Ballesteros, esposa de Miguel, diseñó la línea de ropa blindada para niños, que fueron un chaleco-morral, maletines, chalecos, camisas interiores y “un chaleco antibalas de color rojo para ser usado como un utensilio de prevención de accidentes que esté siempre a la mano en los colegios, como los extintores y botiquines de primeros auxilios”.

Ballesteros le contó a Blu Radio que “el morral tiene un panel en la espalda guardado y la recomendación es que el alumno se lo ponga como escudo y que no crea que está del todo protegido, sino que este le ayude a alejarse del tirador y buscar ayuda.

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Por eso, ante la reciente masacre en Florida, en la que murieron 17 personas en una escuela a manos de un excompañero, los pedidos a esta empresa volvieron a ser muy recurrentes. Una madre de familia le dijo a BBC Mundo: “Es una locura [comprar las maletas antibalas], pero qué voy hacer, así al menos estoy más tranquila”.

“El éxito de las ventas fue tal que sus artículos, que no solo se limitan a los diseños para niños, se comercializan ya en 22 tiendas en Florida, así como en otros seis estados, Georgia, Texas, California y Nueva York, entre ellos”, agrega el medio.

Prendas blindadas
Prendas blindadas / AFP

Ballesteros agregó en la emisora que “la maleta está construida con materiales bastante livianos: “se hacen híbridos de tejidos para diseñar a través de nanotecnología”, y que tiene “todos los niveles de protección y son resistentes a ataques desde pistola a fusiles”. Sin embargo, todavía hay un porcentaje de padres de familia que no está de acuerdo con que los niños usen estas prendas pues consideran que esa no es la salida al problema.

La producción de los productos se hace en Bogotá y se exporta a Estados Unidos. En este video de El Espectador puede entender el funcionamiento: