Primero justificó su decisión: “Las entradas se acabaron enseguida, y yo no podía quedarme afuera del Mundial. Soy más fanático de Perú que de mi equipo, Universitario. Fui a todos los partidos de las Eliminatorias, incluso cuando sólo éramos 20 mil, ante Ecuador. Así que me había jurado venir a Rusia”.

Y luego dio una explicación contundente, citado por TyC Sports:

“Lo único que quedaban en la web de la FIFA eran entradas para discapacitados. Me fijé cuáles eran los requisitos para comprarlas: estar en sillas de ruedas, algo específico para mujeres y sufrir de obesidad mórbida, 35 de IMC [índice de masa corporal]. Me fijé la mía, estaba en 30 e hice cuentas. Debía subir 25 kilos”.

Detalló que para transformar esa locura en realidad, primero compró las entradas y después empezó a comer de todo, principalmente hidratos de carbono, para engordar y poder obtener el certificado médico de obesidad corporal. Lo cumplió, presentó el documento ante la Fifa y se lo aceptaron.

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Miguel F. también relató que tuvo problemas con su madre por “dejar de lado su salud”, pero ya ha empezó a solucionar el tema nadando 2 kilómetros por día. Aunque puede que no se esté ayudando mucho, pues muy sonriente y mostrando su certificado y boleta que dice ‘obese seat’ [asiento para obesos], puntualizó: “Por las dudas seguí comiendo, no sea cosa que no me dejen pasar”.

Pero estas ideas no pasaron solo por su cabeza: “Un amigo mío pensó en romperse la pierna, también para conseguir la entrada de discapacitados, pero no se animó”.

El sueño de Miguel se cumple este sábado a las 10:00 de la mañana cuando Perú debute ante Dinamarca en Saransk.