La historia fue recogida por Alfredo Relaño en El País, donde relata que antes de llegar a territorio ‘manito’, el técnico de los ingleses, Alf Ramsey, había programado 2 partidos en la altura: uno en Bogotá y otro en Quito contra las selecciones de Colombia y Ecuador, respectivamente, que fueron vencidas sin dificultad por los europeos.

Pero mientras estaban en Bogotá hospedados en el hotel Tequendama, Moore bajó junto a su tocayo Bobby Charlton a la joyería Fuego Verde, en busca de posibles regalos para sus esposas. Moore vio un brazalete de 50 gramos de oro que tenía 12 esmeraldas y varios diamantes, pero finalmente ninguno de los dos compró nada y se fueron.

El lío empezó cuando Clara Padilla, que había atendido a los jugadores ingleses, acusó a Moore de haberse robado la joya. Su jefe, Álvaro Suárez, dio aviso al personal de seguridad del Tequendama, que revisó al futbolista y no encontró nada. El asunto pareció quedar ahí y los británicos viajaron a Quito para jugar con Ecuador. Pero Suárez hizo crecer el revuelo en Bogotá.

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Ante eso, le sugirieron al entrenador Ramsey viajar a México sin parar en Bogotá de nuevo, como esta planeado. El técnico se negó a hacerlo, y la selección regresó a Colombia. Allí, cuando Moore estaba en cine con unos compañeros, llegó la policía y lo arrestó. El escándalo pasó fronteras.

Moore pasó una noche en la cárcel, y mientras la embajada británica adelantaba labores para liberarlo, Alfonso Senior, entonces presidente de Millonarios, logró que lo trasladaran a su casa para que cumpliera su arresto domiciliario. La selección ya había viajado sin él a México.

En la casa de Senior Moore pasó 2 noches, antes de que el ministerio de Exteriores británico pagara la fianza. Así pudo viajar a México y jugar, aunque los ingleses quedaron eliminados a manos de Alemania. Cuando jugaron contra Brasil, Pelé le regaló su camiseta en señal de solidaridad. Finalmente pudo regresar a Inglaterra con su equipo.

¿Pero qué pasó con el la joya? Efectivamente se la habían robado, y el responsable era el propio Álvaro Suárez. Después de la investigación policial, confesó el delito y fue a la cárcel por el ‘autorrobo’. Clara Padilla, tal vez sospechando su suerte, ya había huido a Estados Unidos.