Hinsliff dice que la imagen de Southgate abrazando a Mateus Uribe -que erró penalti- es casi tan icónica como la de su grito al celebrar el paso de su selección a cuartos de final. El técnico, “de todas las personas, sabe lo que es tener escrita una falla tan humillantemente grande”, dice. Además, asegura que un error como el del colombiano no solo impacta una carrera profesional, sino que produce temor por la reacción de los medios de comunicación.

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Eso hace que en la actualidad haya miedo por el bienestar de los jugadores jóvenes, que muchas veces fallan a pesar de que ponen su máximo empeño. Y Southgate, dice la autora, hizo lo mejor para demostrar cómo se deben tratar ese tipo de fallas: “no con rencor hirviente, sino decencia común”.

Hinsliff menciona ejemplos como el rechazo que vivió la escritora J.K. Rowling cuando no le aceptaron su primer libro de Harry Potter, pero hace una salvedad: en el caso de Rowling, no se trata de un fracaso, sino de una “historia de redención”. Un mundial de fútbol es totalmente diferente, porque los jugadores quedan con la marca de los errores de por vida.

El texto concluye diciendo que es un acto “noble” enseñarles a los niños a dominar el arte de la resiliencia (la capacidad de reponerse ante la adversidad), pero agrega que también sería bueno enseñarles a apoyar a los demás, al igual que los hizo Southgate, y de esa manera reducir el miedo de errar.