“Colombia prosigue su discurrir con un futuro mucho más despejado. Lo único que deseamos y queremos para esta Colombia amada es que al señor Iván Duque sus promotores lo dejen en libertad para gobernar, le respeten su autonomía, porque de eso dependerá en buena parte el éxito de su gestión”, sostuvo Arizmendi.

El periodista destacó que Iván Duque “ha demostrado ser una nueva estrella política, con las condiciones, el talento, el temperamento, el don de la discreción y adicionalmente la preparación y la formación académica, mas no la ejecutiva, pero esa [se dará] si él quiere con un equipo que lo rodee bien, con mucha independencia, con autocrítica y pensando en los mejores intereses de Colombia”.

“El éxito de Duque dependerá de la madurez, del liderazgo de su promotor y de su impulsor, el expresidente y senador Álvaro Uribe”, añadió Arizmendi. “Si este se aguanta, si este lo suelta, si este lo deja, Duque promete ser un gran presidente. El liderazgo se manifiesta en su plenitud y se puede llegar a sostener en la medida en que se generen otros liderazgos y se deje, se permita ejercerlos”.

El artículo continúa abajo

En esa misma emisora, el jurista Hernando Herrera sostuvo que hay un elemento importante que se debe tener en cuenta: “La silla presidencial imprime carácter. Cuando ya la persona está ahí, se impone la banda, asume el mandato durante los próximos cuatro años, asume también una independencia para efectos de señalar cuál es el trazo histórico que le quiere dar a la presidencia. Y Duque, por su generación, por el reto que tiene frente a la oposición, que va a ser muy fuerte y dura, tiene una oportunidad de oro para independizarse y, mediante consensos nacionales, hacer un gobierno de Duque y no de nadie más…”.

Arizmendi evocó: “Pregúntele si tiene carácter a Juan Manuel Santos…”.

Otro medio que se refirió abiertamente a esta preocupación sobre la relación Duque-Uribe fue El Heraldo en su editorial. Para el diario barranquillero, con la elección del candidato del Centro Democrático se abre el interrogante sobre “cuál será el grado de dependencia […] con respecto al jefe de su partido. El futuro lo dirá. Lo único cierto en este momento es que los presidentes en Colombia, como se señaló antes, disponen de un poder enorme que les permite decidir hasta dónde extienden sus márgenes de acción”.

Duque deberá “demostrar su capacidad para liderar la reconciliación y gobernar alejado de los extremos y con total transparencia”, dice, por su parte, El Espectador en su editorial sin referirse puntualmente al expresidente Urbe. “El presidente Duque, bajo ese panorama, deberá trabajar para serlo de todos los colombianos y no particularmente de quienes estuvieron de su lado”.

Y El Colombiano asegura que “el nuevo comandante en jefe debe entender que es el presidente de todos los colombianos: los que le apoyaron, los que le fueron indiferentes y los que le hicieron oposición. Requiere escuchar todas las fuerzas políticas, porque está llamado a unir a un país diverso y polarizado cuyo deseo de transformación se transmitió en los votos hacia él, hacia la oposición con más de 8 millones de sufragios (41,8%) que obtuvo Gustavo Petro y los 800 mil (4,2%) del voto en blanco”.

Las preocupaciones al respecto encuentran asidero en los discursos de Duque que siguieron a la primera y segunda vueltas presidenciales, en los que agradece ampliamente a Uribe, y a manifestaciones suyas en las que se refiere al jefe del uribismo como “presidente eterno”.