Casi todos los argumentos en favor de él caen en alguna de las siguientes categorías:

Que es el único que garantizará el cumplimiento de los acuerdos de paz. Que frena la relección de Uribe en cuerpo ajeno.

Que es el único que puede evitar el retroceso de los derechos individuales y de las minorías. Que es el único que puede evitar que se instaure una dictadura, porque el Centro Democrático, además de la presidencia, tendrá control absoluto del Congreso y las cortes, a las que quiere acabar. Que con él se evita un regreso vengativo de Uribe al poder. Que quiere acabar con la desigualdad social.

Pero los columnistas son más repetitivos cuando enuncian los ‘peros’:

María Jimena Duzán, al adherir a Petro dice en la revista Semana que él está en “condiciones de hacer la transición de la guerra hacia la consolidación de la paz”.

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Y expone su pero en el siguiente párrafo:

“Que hay cosas que me disgustan de la personalidad de Petro? … Es cierto. ¿Qué no sabe armar equipos de gobierno porque tiene una manera autoritaria de administrar? … Eso también es cierto”, dice.
Y las otras adhesiones, siguen el mismo patrón, incluso dejando el sabor de que votar po Petro es optar por menor de 2 males.

Maurcio Villegas, columnista de El ESpectador, cree que “Iván Duque y su grupo encarnan lo peor…: son dogmáticos en asuntos morales (y políticos) y sus recetas económicas son la fórmula perfecta para mantener la desigualdad”.

Acto seguido enuncia su ‘pero’, aunque cree que sale ganando frente a Duque: “Gustavo Petro, en cambio, quiere remediar la injusticia social, pero tiene un carácter presumido y dogmático”.

El economista Salomón Kalmanovitz, también el El Espectador, al anunciar su adhesión, y alertar sobre el peligro de que Iván Duque domine el Congreso y haga una reforma a la justicia para favorecer a Uribe y su círculos cercano en las investigaciones y procesos que enfrentan, y el riesgo de que abra el camino a una reelección del expresidente, enuncia su reparo.
Yo le veo problemas serios de personalidad egocéntrica, autoritaria y voluntariosa a Petro, pero son más graves los de Uribe”, dice.

Sergo Ocampo, columnista de El Espectador, enuncia en detalle su voto en favor de Petro: porque cree que hay mayor riesgo de venezonalización con Duque-Uribe, porque cree qu el candidato de la Colombia Humana puede ser controlado, porque no ve indeseables rodeando a Petro, como si ocurre con Uribe, por el cumplimiento de los acuerdos de paz…

Y remata con su pero: “Voto por Petro, aunque no adhiera al petrismo, porque su megalomanía y su autocracia, en últimas, me parecen menos peligrosas que las del expresidente”.

En el caso de Antonio Caballero, dijo en su columna de Semana que lo malo de Petro no es su programa de gobierno, sino él mismo, “su manera de ser”.

“Petro es Petro. Y eso es lo malo que tiene Petro, un político megalómano que de sí mismo habla en una admirativa y mayestática tercera persona”, agrega Caballero. “[…] Lo malo de Petro no es su teoría: sino su práctica. La que le conocimos en sus años de alcalde de Bogotá, de ineptitud y de rencor, de caprichos despóticos y de autosatisfacción desmesurada. Su arrogancia, su prepotencia. Su personalidad paranoica de caudillo providencial, mesiánico, señalado por el Destino para salvar no solo al pueblo de Colombia de sus corruptas clases dominantes sino al planeta Tierra de su destrucción y a la especie humana de su extinción..”.

Pese a todos estos descalificativos, Caballero anunció después que votaría por Petro: “Como votar en blanco es votar en favor de Duque, votaré por Petro que no me gusta”.