La primera opción de cambio en este siglo fue de izquierda, representada en las ideas de Carlos Gaviria. El entonces presidente Álvaro Uribe Vélez cambió la constitución para reelegirse, y en las elecciones de 2004 logró su segundo mandato con una mayoría abrumadora que superó el 60 %. Gaviria, que le ganó la candidatura a Antonio Navarro Wolff y lo hizo con las banderas del Polo Democrático, logró el 22 % de votos.

Y aunque se trató de una derrota abrumadora en cuanto a diferencia de votos, los 2.613.157 votos de Carlos Gaviria suponían la mejor votación en la historia de un candidato de izquierda, un leve despertar que se confirmaría años después con candidatos que no pertenecían a los partidos que históricamente lideraron en Colombia.

Gaviria fue el primer candidato en este periodo en tener una mujer como fórmula vicepresidencial, al escoger a Patricia Lara. Expresidente de la Corte Constitucional y Senador de la República, entre otros cargos, representaba una opción académica, diferente en materia social y plural en materia de derechos. Tras las elecciones, Carlos Gaviria asumió el liderazgo del Polo Democrático hasta el 2009, cuando perdió justamente la consulta interna de su partido con Gustavo Petro para una nueva aspiración presidencial. Falleció en Bogotá el 31 de marzo de 2015 a los 77 años.

Tras Gaviria el aura de cambio y renovación política fue lograda por Antanas Mockus, exalcalde Bogotá, que se impuso en una consulta del Partido Verde a Enrique Peñalosa y a Luis Eduardo Garzón. Fue el tiempo de la ‘Ola Verde’, opción de centro que durante un tiempo de la campaña de 2010 llegó a estar por encima de Juan Manuel Santos en las encuestas.

Para este momento Santos era el candidato de Álvaro Uribe, después de que la Corte Suprema le negara la posibilidad de reelegirse para un tercer periodo. Mockus dio la pelea, con su pedagogía, con el lema de “la vida es sagrada”, con las voces de la juventud, y llegó a una segunda vuelta en donde Juan Manuel Santos se convirtió por primera vez en presidente, con una mayoría aplastante que superó los 9 millones de votos y Antanas, apenas pudo superar los 3 millones.

En la misma jornada electoral Gustavo Petro fue candidato presidencial por primera vez, y aunque quedó en cuarto lugar –detrás de Germán Vargas Lleras-, obtuvo la nada despreciable suma de 1.331.267 votos.

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En las elecciones de 2014 Santos buscó la reelección, siendo un candidato totalmente diferente al del discurso guerrerista con el que llegó al poder, y la paz con las Farc era el tema que dominaba y dividía a la nación. Disputó la segunda vuelta con Óscar Iván Zuluaga, la ficha del uribismo, y la izquierda no tuvo una opción real en estas elecciones, puesto que Clara López quedó detrás de Marta Lucía Ramírez, pagando tal vez el precio que la ciudadanía le cobró a la izquierda tras los escándalos del cartel de la contratación con el exalcalde de Bogotá Samuel Moreno, miembro del Polo Democrático.

Terminada por vía legal la forma de la reelección, y con Duque como renovación del uribismo, se plantaron dos opciones de transformación: Sergio Fajardo y Gustavo Petro. El paisa, exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín, estuvo muy cerca de llegar a la segunda vuelta al obtener 4.589.696 votos, una cifra notable para un candidato que simbolizó el centro como ningún otro, y que abrió el camino para la Coalición Colombia de cara al futuro. No obstante, al igual que con Mockus, se le cuestionó varias veces la falta de una “postura” radical en ciertos aspectos de la campaña, como aquellos relacionados con la justicia o la lucha contra el narcotráfico o, incluso, a la hora de contradecir a sus contendientes de campaña.

Fajardo capitalizó la educación y el “no todo vale” como un tema central de su propuesta, que tuvo eco en Bogotá, ciudad en la que ganó en la primera vuelta.

Por su parte, Gustavo Petro y su movimiento Colombia Humana, al disputar la segunda vuelta contra Iván Duque y obtener más de 8 millones de votos, se constituyó como la alternativa más poderosa de recambio gubernamental, un hito innegable para un candidato de izquierda radical, que en los próximos años liderará la oposición desde el Congreso.

Petro fue el rostro de la lucha contra la desigualdad social, el defensor de las minorías, dueño de propuestas orientadas a combatir el cambio climático y un cuestionado plan económico que desde luego no contó con el apoyo del grueso de los empresarios del país. A pesar de imponerse en la votación en más de 10 capitales, no logró espantar los miedos que lo vinculaban con la ‘venezolanización’ de Colombia, con sus arrebatos de autoritarismo, con su pasado guerrillero, con su imagen de mal administrador que le dejó la alcaldía de Bogotá.

En estas dos décadas hubo otros nombres que por sus propuestas representaban en cierta medida algún cambio frente al establecimiento, como Humberto De la Calle, Luis Eduardo Garzón o la misma Clara López, pero no lograron un porcentaje significativo en sus votaciones. Algo queda claro en estas primeras dos décadas del siglo XXI: Álvaro Uribe sigue siendo el animal político, el líder de una visión de país que, con sus 8 años de gobierno, su férrea oposición a Juan Manuel Santos y la llegada de Iván Duque a la Casa de Nariño, no ha dejado de estar vigente ni un minuto.