Petro también juró que respetaría el estado social de derecho, impulsaría la iniciativa privada, impulsaría el tránsito ordenado a las energías limpias, respetaría los acuerdos de paz, manejaría los recursos públicos como recursos sagrados…

En otros escenarios, Petro trató de desvirtuar la imagen que sus enemigos le han adjudicado de representante del socialismo del siglo 21, y aseguró que lo que quería era promover el capitalismo democrático, que no se ha desarrollado en Colombia. En el extremo de la ironía, Petro terminó apropiándose de palabras del político conservador Álvaro Gómez Hurtado relativas “al acuerdo sobre lo fundamental”.

Petro también introdujo entre primera y segunda vuelta mensajes publicitarios emotivos en los que hablaba de su visión de sociedad (“cuando tienes un sueño y te parece imposible…”).

Pero a la luz de los resultados de las urnas, lo cierto es que Petro no logró captar la totalidad de los votos del centro, representados por Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, que sumaban casi 5 millones. Hay que repetirlo: no logró espantar los miedos de todos los electores, no obstante su votación en la segunda vuelta, más de 8 millones, podría considerarse como el triunfo más grande de un candidato de izquierda en la historia de Colombia (superó incluso el número de votos que logró Juan Manuel Santos al ganarle a Zuluaga en segunda vuelta).

Y es que el acto de Mockus no necesariamente fue positivo, pues pudo ser interpretado (como dijo la analista Sylvie Duchamp en ‘Hora 20’) como un “acto de desconfianza”, que no era creíble. Para otros, ese acto fue apenas una constancia de compromisos que podría desconocer en cualquier momento (porque la política es dinámica) y en campaña se dice cualquier cosa para conseguir votos.

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Las palabras sobre el desarrollo del capitalismo no lograron desvirtuar su oferta de compra de tierras al industrial Carlos Ardila Lülle, que fueron interpretadas –a pesar de que lo negó- como un anunció de expropiaciones.

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Y el uso del discurso de Álvaro Gómez Hurtado fue descalificado por su propio hijo, Mauricio Gómez, como un “saqueo cínico de sus ideas” por parte de quienes tanto lo tergiversaron en vida. Mauricio Gómez recuerda que Petro era integrante activo del M-19 cuando su padre fue secuestrado, hecho en el que resultó muerto de 16 balazos su escolta. Además, que el sentido de la frase de Álvaro Gómez era muy diferente a la que Petro le ha querido dar. “De la avidez (de Petro) no se ha librado ni Alfonso López Pumarejo, ni Jorge Eliécer Gaitán, ni siquiera el pobre Moisés”, dijo.

Los mensajes emocionales puede que tampoco hayan borrado la imagen de autoritario, egocéntrico, megalómano y autocrático, que incluso quienes adhirieron a él señalaron.

Aunque Petro moderó su discurso para segunda vuelta no le fue suficiente. El miedo al ‘castrochavismo’ y la ‘venezolanización’ seguía vigente, justa o injustamente, por su discurso antiestablecimiento, antioligarquía (lo que críticos denominan el discurso de la lucha de clases), propuestas para reducir la desigualdad de forma radical, propuestas para hacer tributar más a los propietarios de los latifundios improductivos (y obligarlos a producir o vender) y a los grandes empresarios (magnates, les dice).

Sus críticos se encargaron de advertir los riesgos de su propuestas de sustituir en forma radical la economía extractiva (basada en la extracción del petróleo y minerales) por una economía productiva, basada en la producción de alimentos, y energías limpias para frenar el cambio climático; acabar con las EPS y establecer un sistema de salud pública gratuita, y garantizar la universidad gratuita para todos (sin tener la plata para hacerlo).

Qué tanto incidió el miedo a Petro en su derrota, qué tantos votos del centro –que representaba Fajardo y De la Calle- pudo captar es difícil de establecer a la luz de los resultados electorales, pues

Pero es innegable que el miedo fue usado por las 2 campañas contra su contrincante. En el caso de Petro, el miedo al ‘castrochavismo’ y la ‘venezolanización’. En el caso de Duque, el miedo a una dictadura de Uribe en cuerpo ajeno (control del Congreso, al Presidencia y hasta las cortes, que pueden ser eliminadas).

2 encuestas podrían dar luces. En la de Cifras & Conceptos para Caracol Radio, el 48 % de los encuestados afirmó que sí tenía miedo a que Petro fuera presidente, mientras que el 41 % manifestaba miedo a que Uribe regresara al poder.

En la de Invamer, a la pregunta formulada a los que votaron por otros candidatos en primera vuelta (6 millones de votos de Vargas Lleras, Fajardo y De la Calle), el 39,3 % dijo que por Duque, el 50,7 % dijo que por Petro y el 10 %, que por el voto en blanco. Es decir, Petro logró conquistar la mitad de los votos del centro.