Precisamente, el Centro Democrático, partido por el que se presentó Iván Duque, constituye la colectividad política con mayor representación en el Congreso después de obtener en las elecciones legislativas del 11 de marzo casi 2’470.000 votos que le entregaron 19 curules en el Senado y 35 en la Cámara de Representantes.

Si bien el resultado final de esos comicios también dejó unas cifras negativas para la colectividad que lidera el expresidente Álvaro Uribe, como que él mismo no obtuvo la votación que se esperaba (solo consiguió 860.000 votos) y que perdieron una curul en el Senado y también a varios de sus más aguerridos alfiles (José Obdulio Gaviria, Jaime Amín, Everth Bustamante, Alfredo Rangel, por ejemplo), contarán con el apoyo de partidos que adhirieron a Duque poco antes de la segunda vuelta.

En los pliegues de la expresión que se pone de moda en época de elecciones (“la política es dinámica”, que les da a los políticos dones de malabaristas) se encontrará la explicación de si esa decisión de los partidos que respaldan desde hace poco a Duque obedece a que se oponían a la posibilidad de que Gustavo Petro llegara al poder o a que vieron claramente que la victoria de Duque era inevitable e inminente y se subieron rápido en su bus.

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Como sea, ese grupo lo encabeza, quizás en el caso más significativo, Cambio Radical, partido del exvicepresidente y excandidato Germán Vargas Lleras. Esta colectividad alcanzó en las legislativas más de 2’000.000 de votos, lo que le dio para tener 16 curules en el Senado, casi el doble de congresistas que logró hace cuatro años (9 senadores) y 30 representantes (casi el doble de los que logró en 2014). El primer acto para acercarse a Duque fue entregarle el programa de gobierno de Vargas Lleras.

De la Unidad Nacional que gobernó con Santos y ahora respalda a Duque también está el Partido Liberal, que en las elecciones del 11 de marzo obtuvo un poco más 1’860.000 votos y quedó con 14 senadores y 35 representantes a la Cámara. Su director, el cuestionado expresidente César Gaviria por haber abandonado al candidato de esa colectividad, Humberto de la Calle, adhirió a Duque poco antes de la segunda vuelta.

Para analistas como María Jimena Duzán, eso se debió a que Gaviria quiere proteger a su hijo Simón de una investigación por pagos de Odebrecht a la campaña de Juan Manuel Santos de 2014. Aunque también achaca “su trasteo para las toldas uribistas” al hecho de que “anda pensando en sus negocios de gas”, y quiere poner a su hijo Simón “en la fila india de aspirantes presidenciales para 2022”.

Después está el Partido Conservador, que quedó con 15 senadores (perdió 5 con respecto a los comicios de 2014) y 21 representantes a la Cámara. Esta colectividad es más afín al uribismo por la ubicación de ambos a la derecha del espectro político y por el hecho de que la nueva vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, es conservadora, lo mismo que la otra connotada (y controvertida) figura de ese partido, el exprocurador Alejandro Ordóñez.

Los conservadores le ofrecieron formalmente su apoyo a Duque sobre la base de varios compromisos para el nuevo presidente: políticas de seguridad en los territorios que dejaron las Farc, acompañar la ley del veterano, adoptar medidas de carácter internacional que no pongan en riesgo a San Andrés y Providencia, crear el Ministerio de la Familia y la Mujer y no acompañar iniciativas para la eutanasia ni el aborto, más allá de las tres causales constitucionales, entre otras.

A esas tres fuerzas que respaldaron a Santos y ahora a Duque (Cambio Radical, Partido Liberal y Partido Conservador) también se sumó en la segunda vuelta presidencial el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA), que para la legislatura 2018-1022 cuenta con tres senadores dos representantes a la Cámara.

Para todos estos partidos y movimientos, Duque dedicó un capítulo de su discurso de este domingo al saber que había ganado la segunda vuelta presidencial. Debía hacerlo para comenzar a poner en marcha la aplanadora legislativa con que contará, y que empezará a moverse formalmente el próximo 20 de Julio cuando se instale el nuevo Congreso.

Ese aparato, al cual Duque podrá apelar después de que se posesione, el 7 de Agosto, cuenta con 67 senadores (19 del Centro Democrático, 16 de Cambio Radical, 15 del Partido Conservador, 14 del Partido Liberal y 3 de MIRA), es decir, el 65 % del Senado, y 123 representantes (35 del Centro Democrático, 35 del Partido Liberal, 30 de Cambio Radical, 21 del Partido Conservador y dos del MIRA), es decir, el 74 % de la Cámara.

A esta pesada maquinaria le planteará algún contrapeso la oposición conformada (aunque no necesariamente unida) por el Partido de la U (del expresidente Santos, que dejó de ser la fuerza más grande del Congreso), con 14 senadores y 25 representantes; la Alianza Verde, con 10 senadores y 9 representantes; el Polo Democrático, con 5 senadores y 2 representantes, la Farc, con 5 senadores; la Lista de la Decencia, con 4 senadores y 2 representantes, y otros cuatro movimientos que suman 5 representantes más. Unas fuerzas que en el Senado representan el 35 % de las curules y en la Cámara, un exiguo 26 %.

Pero, como la política es dinámica, lo cual implica que las fuerzas dentro del Congreso tengan algunas reacomodaciones de acuerdo con los intereses de los congresistas o de los grupos de presión, habrá que esperar a ver cómo se comportan estos legisladores frente a un país que cada día avanza más hacia la paz, contra la corrupción y por el empoderamiento de las ciudadanías.