El lamento de Ocampo Madrid, sin embargo, equivale, para quienes no quieren a Iván Duque, a llorar sobre la leche derramada, porque, como él mismo titula su columna (escrita antes de que se conocieran los resultados finales), “todo está consumado”. Es decir, aunque no lo menciona expresamente, ganó “el que dijo Uribe”, rótulo con el que se marcó hace tiempo, incluso antes de la consulta interpartidista, a quien fuera a representar el pensamiento del jefe del Centro Democrático en la contienda electoral de este año.

“Buscábamos que lo enjuiciaran [a Uribe] por sus crímenes, de guerra, de paz, y no; lo premiaron con la Presidencia”, dice en su columna Ocampo Madrid con la certeza, según lo que escribe, que el que ganó fue Álvaro Uribe.

Ocampo asegura que alrededor de Duque “se juntaron muchas maquinarias de esas que siempre han triturado, a las buenas o a las malas, cualquier expresión de cambio, y se sumaron todos los intereses de los poderosos […]”, y dice que le molesta sentir que le “inventaron un presidente a la carrera, uno que no conoce el Estado, que no se formó para eso y a quien la Presidencia se le atravesó en un golpe enorme de buena fortuna porque era el de mostrar en su grupo; el menos horrible”.

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Claro que a este respecto hay otros puntos de vista, como el de José Félix Lafourie, presidente de Fedegán, que escribe en su columna de El Nuevo Siglo que la lealtad de Duque es también “coherencia”. “Duque reconoce su admiración por Álvaro Uribe y su pertenencia al Centro Democrático, pero ha dejado claro que gobernará con todos y para todos. Aceptó las adhesiones que son inherentes al sistema de dos vueltas, pero no vendió al mejor postor la burocracia ni sus principios”.

Para Lafourie, detrás de los resultados de Duque no está Uribe, sino “la acción política continuada de un partido que, durante ocho años, puede preciarse de su independencia frente al poder. Detrás de esa acción política hay un norte ideológico —aunque hoy se pretenda satanizar las ideologías—, unos principios; los mismos que orientaron el mandato ciudadano en el plebiscito […]”.

En últimas, el uribismo que, según Ocampo “gradúa, a la berraca” a las personas de cosas que no quieren ser. Por eso votó por Petro.