“Fajardo […] quizá no ha entendido todavía que la la eventual fuerza de su movimiento está en la posibilidad de ser incluyente y centrista. Las elecciones se ganan sumando gente, no rechazándola”, agrega el columnista.

Y dentro de los sacrificados por esta tendencia autodestructiva, por la pretensión de ser una alternativa no contaminada (como la califica un confidencial de Semana en la misma edición), Coronell menciona a Humberto de la Calle.

“De la Calle no es santismo, ni es el disuelto Partido Liberal. Su candidatura no es viable en sí misma pero sí encarna una actitud decente para enfrentar el debate público”, dice Coronell.

Coronell enuncia este como uno más de una seguidilla de errores que no solo lo han llevado a Fajardo al desplome en las encuestas sino que lo pueden llevar a la irrelevancia en la carrera a la presidencia.

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El segundo error enunciado por Coronell fue la arrogancia de creer que su candidatura no necesitaba de validación popular, por lo que no aceptó la consulta interpartidista con Claudia López, de los Verdes, y Jorge Robledo, del Polo, cosa que, de paso, le hizo perder la oportunidad de la exposición mediática que han tenido los movimientos que sí la hicieron.

“No tuvo ni la financiación, ni la publicidad, ni el interés mediático, ni la plataforma política que tuvieron en los últimos meses sus contendores Gustavo Petro y el que dijo Uribe”, dice Coronell.

El tercer error que enuncia Coronell es haber olvidado decirle a la gente por qué votar por él, por dedicarse a explicar lo que no era: “ni uribista, ni antiuribista, ni santista, ni antisantista”, dice Coronell.