Es significativa porque, con toda seguridad, los lectores fieles del diario capitalino, con innegable influencia nacional, debieron estar esperando una luz, una orientación de ese medio, que les ayudara a decidir, como, en contraste, sí lo hizo este mismo domingo El Tiempo, que en su editorial recomendó abiertamente votar por Iván Duque.

El editorial de El Espectador toma una distancia inicial, desde el plano de la otredad, con el voto en blanco al hablar, de lejos, de las preferencias de los otros, es decir, de las “personas que no se sienten capaces de comulgar con Iván Duque ni con Gustavo Petro”, para quienes “la casilla del voto en blanco ofrece la oportunidad de hacerse contar y enviar un mensaje claro”.

Sin embargo, después hace un giro narrativo y pasa a hablar en primera persona para defender la única opción que hay en el tarjetón diferente a Duque o a Petro: “Nos parece que hay fuertes motivos para defender la validez del voto en blanco”, dice, y enumera siete argumentos a favor de esa opción:

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  1. “Se trata de un voto activo, por medio del cual los ciudadanos [otra vez apela a la otredad] envían un mensaje claro: creemos en la democracia y en las instituciones, le apostamos al país, pero no nos sentimos representados por las campañas que se hicieron, ni por las opciones que triunfaron”.
  2. “Es una manera muy eficiente de advertir que la vigilancia será implacable, que quien llega a la Casa de Nariño tiene el imperativo moral de acercarse a quienes piensan diferente, de tender puentes”.
  3. “Es una resistencia ante el posible autoritarismo (el mandato de quien triunfe no será absoluto, y como muestra están los votantes en blanco)”.
  4. Es “un rechazo rotundo” al “marco interpretativo de la realidad” que dejó “una campaña plagada de miedos”.
  5. “Es hacer presencia y protestar”.
  6. “Es construir capital político alrededor de la moderación y del respeto a las reglas, una apuesta por la institucionalidad”.
  7. “Los colombianos tienen tres opciones en esta segunda vuelta, no dos, como muchos lo han querido hacer ver”.

Semejante batería de razones, a la luz de la pragmática, constituye un mensaje claro y directo a los lectores de ese medio para que voten en blanco, aunque El Espectador, en otro aséptico giro, recuerda que “con la notable excepción del plebiscito por la paz”, hace muchos años tomó la decisión de “no volver a incurrir en la necedad de sugerirles a sus lectores cómo votar en una elección particular”. Y precisa: “Este editorial no rompe con esa tradición ni debería interpretarse de esa manera”.

En pragmática, disciplina que se centra en analizar las relaciones entre el contexto y el lenguaje, y estudia el sentido de lo que se dice, más allá del significado, y cómo el sentido amplía unos significados que, pese a no estar contenidos en palabras concretas, llegan con claridad al interlocutor, es muy recurrido el ejemplo del duque de Bardello, cuya actitud se asemeja a la de El Espectador.

El duque le dijo a su mayordomo: “Hace mucho frío aquí”, nada más, y en esas cuatro palabras, analiza Álex Grijelmo (‘La información del silencio’, Taurus, 2012), “tenemos el significado exacto, que se refiere a la sensación térmica que experimenta el duque en el lugar donde se encuentra”.

“Pero el sentido resulta superior al significado”, agrega Grijelmo, “puesto que el sentido real completo es: ‘Hace mucho frío aquí, cierre la ventana’”. Y termina: “La sugerencia del duque —tal vez la orden— ‘cierre la ventana’ no se ha dicho, ha permanecido en el silencio. Sin embargó, formó parte del sentido que el mayordomo ‘oyó’, pues de inmediato se acercó a la ventana para cerrarla”.

No se puede soslayar el hecho de que los medios, como las personalidades cuando hablan en público, están señalando normas de conducta, pautas por seguir, líneas de comportamiento, máxime en el espacio de opinión por excelencia en un periódico: su editorial.

El editorial de El Espectador a ocho días de la segunda vuelta presidencial es similar al de El Tiempo en el día de la primera vuelta, en el que invita a “votar en conciencia” y asegura que esa casa editorial “se abstendrá de expresar sus preferencias en favor de alguno de los que componen la baraja de opcionados”.

Sin embargo, calificó de “peligrosas” las ideas que “implican alterar el sistema de pesos y contrapesos establecido en la Carta Política”, y estimó que “proponer referendos o constituyentes puede ser un salto al vacío, una especie de respuesta emocional que se contrapone a la búsqueda de consensos y los análisis con cabeza fría”, en clara alusión a la idea que expresó en diferentes momentos Gustavo Petro. Si en esa ocasión El Tiempo se ‘abstuvo’ de señalar sus preferencias, para segunda vuelta sí dijo abiertamente que su candidato es Duque.

Cabe recoger aquí también el comentario que sobre el uso de la primera persona hizo Joan Barril en El Periódico, que, en el caso de El Espectador, es empleada para indicar la posición del diario bogotano:

“De todos los tiempos verbales, de todos los pronombres personales, probablemente no hay ninguno más engañoso y confuso que el de la primera persona del plural. Se trata de una manera de expresarse en la que un único hablante mete en el mismo saco a todos los demás. […] El ‘nosotros’ no define, sino que más bien integra. Cuando alguien hace referencia al ‘nosotros’ equivale al pescador que lanza la red al mar y que recoge indistintamente todas las especies que, por azar o por gusto, han ido a formar parte de las ganancias del pescador”.