El populismo es el común denominador que encuentran los analistas entre el candidato presidencial de la Colombia Humana, el expresidente de derechas colombiano y el fallecido líder y principal impulsador del denominado socialismo del siglo 21 que encontró en Venezuela su principal laboratorio de prueba y que hoy tiene a ese país en una aguda crisis económica y social.

“Mucho hay de Chávez” en la estrategia que utiliza la “doctrina de confrontar ricos y pobres para gobernar”. Dice Ocampo en su columna de El Espectador. Y asegura que ese discurso “de lucha de clases, de resentimientos, que da votos, pero que no genera cultura ni construye más ciudadanía” está incrustado en medio de la “improvisación”.

¿A qué se refiere Ocampo con “improvisación?”. Recuerda que votó por Petro para la alcaldía de Bogotá con una ilusión que le duró un año, “porque luego ya se hizo evidente el autócrata que lo habitaba, portador del mismo virus mesiánico de su gran opositor [Uribe]”. “[…] No sentí un proyecto de ciudad más allá del vaivén de su tono temperamental, de los ‘globos’ que lanzaba, o sea de esas propuestas que eran flor de un día, efectistas y sin sustentos técnicos”.

El resultado de eso: “La Bogotá Humana fue un gran desastre”, lamenta Ocampo, pues siente la capital “lumpenizada en cada esquina, menos apropiada por la gente que nunca, aunque más invadida, más informalizada, sucia, ajena. Con una inclusión más de forma que de fondo; superficial e impuesta a la brava. Como hace las cosas el populismo. Una en la cual colarse en Transmilenio es una conquista social, un derecho, lo mismo que subirse a pedir o a vender; igual que llenar los espacios públicos de mero rebusque. […] Esa fue la ciudad de Petro: […] obligada a expiar el pecado de la inequidad, empobreciendo todo; nivelando por lo bajo”.

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Pero teme este columnista que si a Petro no le va tan bien en las elecciones “va a haber acusaciones de fraude; movilizaciones; zozobra; más desconfianza en un Estado al que en los últimos años Álvaro Uribe le fue minando los cimientos para defender a sus buenos muchachos que iban a la cárcel. Petro, lo mismo que Uribe, sabe ser extremista y sabe agitar”.

Las mismas claves en torno al populismo las encuentra en la actual ruta hacia las elecciones presidenciales Francisco Miranda en un análisis en El Heraldo en el que recuerda que en Europa y en América “maneja una retórica antiélites, un discurso antiglobalización económica, con un fuerte componente de nacionalismo y una preferencia por fuerte intervención del Estado en la economía”.

El populismo, sigue explicando Miranda, se caracteriza por “no constituir una ideología sino más bien una lógica, una forma de actuar en la política. Más que izquierda o derecha, el populismo, sea en Francia, Suecia o en Venezuela, está centrado en una batalla entre dos grupos, ‘las élites’ y ‘el pueblo’. La lógica populista siempre es dual y funciona como una división entre nosotros versus ellos. Las ‘élites’ son siempre corruptas, ‘mafiosas’ y manipuladoras”.

Para él, Chávez fue “el máximo líder de esta oleada que algunos bautizaron como ‘neopopulismo’”, y sostiene que “las características de esta forma de hacer política están hoy en Gustavo Petro como estuvieron en Chávez: un liderazgo carismático y un estilo caudillista, una relación directa entre líder y ciudadanos sin intermediarios como partidos, un afán de remover instituciones y crear nuevas a la medida, mayor estatización de la economía y una retórica antiélites y anti-Establecimiento”.

Aunque hace una salvedad en la que también iguala a Petro con Uribe: elementos populistas como los que describe “también se presentan en el discurso uribista e incluso en el de anticorrupción de la Coalición Colombia de Sergio Fajardo. No obstante, el discurso petrista sí contiene aspectos anti-sistema más radicales que la mayoría de sus contradictores”.

Al comentar el posicionamiento de Petro a la cabeza de las encuestas, Francesco Manetto escribe en El País, de España, que el exalcalde debe su proyección “a un discurso contra el establishment tradicional que, si le ha valido las críticas cerradas de sus adversarios, que lo acusan de populista, también recoge cada vez más consensos entre las clases populares y los jóvenes”.

Detrás de la remontada que experimenta en las encuestas Petro —a quien Manetto describe como “orador muy hábil”— está, según este analista, “el hartazgo de amplios sectores de la sociedad con las clases políticas tradicionales, los casos de corrupción, la desigualdad y las reglas de juego del sistema económico. [Petro…] ha sabido canalizar, al menos por el momento, un descontento que va más allá de las discrepancias en torno a los acuerdos con la guerrilla”.

Sin embargo, Manetto advierte sobre el hecho de que a Petro sus adversarios “le atribuyen forma y fondo populistas y recuerdan el fantasma de Venezuela y su clara deriva antidemocrática”, sumado al hecho de que el candidato de la Colombia Humana “no ocultó sus simpatías por el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, pero asegura que no emprenderá el camino del actual mandatario de ese país, Nicolás Maduro. […] Estas circunstancias, según un análisis extendido, podrían cerrar el paso a su carrera presidencial”.