Milenials, generación mal criada y anulada por celulares y redes sociales

La radiografía de quienes nacieron en los 80 la hizo el experto en liderazgo Simon Sinek, que da claves para entenderlos y orientarlos.

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Foto ilustrativa.| Getty Images

Pero, ¿por qué prestarles tanta atención a estas personas que hoy rondan los 30 años? Porque es la generación que está asumiendo los cargos de dirección y decisión en todos los ámbitos de la sociedad y, de alguna manera, el destino de la humanidad también empieza a quedar en sus manos.

El panorama perece sombrío porque semejante responsabilidad recae, entonces, en quienes son acusados de ser difíciles de manejar, narcisos, egoístas, sin foco, perezosos y confunden mucho el liderazgo. Pero de eso “ellos no tiene la culpa”, advirtió Sinek en diálogo con Tom Bilyeu, en un episodio de su programa Inside Quest, de septiembre pasado, pero que en los últimos días ha tenido una inusitada reactivación en redes.

Para Sinek, los milenials no consiguen ser felices, así logren “un trabajo con un propósito y mucha comida gratis”. Este experto en liderazgo considera que hay cuatro piezas que afectan profundamente a esta generación: la crianza, la tecnología, la impaciencia y el ambiente.

La crianza

“Muchos de los milenials crecieron sujetos a estrategias fallidas de crianza: todo el tiempo les dijeron que eran especiales, que tendrían todo lo que querían en la vida, solo por quererlo”, analiza Sinek. “Algunos recibieron galardones no porque lo merecieran, sino porque sus padres se quejaron, y muchos recibieron la mejor nota porque los profesores no se querían enfrentar a los padres. Algunos obtuvieron medallas de participación, les dieron una medalla por llegar de últimos…”.

Sinek cree que eso devalúa el valor de la medalla y la recompensa de los que trabajaron duro por conseguirla, y hace que la persona que llegó de última se avergüence porque no la merecía y eso la hace sentir peor.

“Después este grupo de personas se gradúan, obtienen un trabajo y caen en el mundo real. Y en un instante se dan cuenta de que no son especiales, que su mamá no puede conseguirles un ascenso. Ahí se dan cuenta de que no les dan nada por llegar de último y que no obtendrán todo lo que desean solo por quererlo”, agrega.

Por esa razón, en un instante su autoimagen se viene abajo. “Tienes una generación entera que crece con menor autoestima que las demás”.

La tecnología

Otro problema que complejiza la situación de estos jóvenes, según Sinek, es que crecen en el mundo de Facebook e Instagram. “En otras palabras, somos muy buenos poniendo filtros a las cosas. Somos buenos mostrándole a la gente que la vida es asombrosa así esté deprimido. Todos suenan rudos como si lo supieran todo. Y la realidad es que hay muy poca fortaleza y muy pocos lo saben todo”.

Recuerda que la interacción con las redes sociales y los teléfonos celulares libera un químico en el cerebro llamado dopamina. “Por eso, cuando recibes un mensaje te sientes bien. Por eso, contamos los ‘likes’. Por eso, volvemos 10 veces a ver qué está pasando. Mi Instagram está subiendo lento, ¿hice algo mal?, ¿no les gustó?”. Y recalca el trauma que representa para los jóvenes ser eliminados por amigos.

“La dopamina es el mismo químico que nos hace sentir bien cuando fumamos, bebemos o apostamos. En otras palabras, es altamente adictivo. Tenemos restricciones de edad para fumar, apostar y alcohol, y no tenemos restricciones de edad para redes sociales ni celulares”, advierte Sinek. “Lo que equivale a abrir la licorera y decirles a los adolescentes: ‘Mira aquí. Si esa adolescencia te pone triste… [¡adelante, bebe!]”.

Y remarca: “Tienes una generación entera con acceso a un adictivo, adormecedor químico, llamado dopamina, a través de las redes sociales y celulares durante el alto estrés de la adolescencia”, una etapa de la vida en la que muchos no saben cómo formar relaciones profundas ni significativas. “Las relaciones profundas no están ahí porque nunca practicaron las habilidades necesarias. Peor aún: no tienen los mecanismos para lidiar con el estrés. Cuando aparece algún estrés importante en sus vidas no acudirán a una persona; acuden a un aparato, acuden a las redes sociales, que les ofrecen alivio temporal”.

Asegura que la ciencia es clara en decir que “la gente que pasa más tiempo en Facebook sufre altos índices de depresión que quienes pasan menos tiempo”. Sinek no encuentra nada malo en el uso de celulares y redes, pero recomienda “balancear”.

Al respecto, pone el siguiente ejemplo: “Si estas en una reunión con gente a la que supuestamente deberías estar escuchando y hablando y pones tu teléfono sobre la mesa (boca arriba o boca abajo, no interesa), mandas un mensaje inconsciente a todos: ‘Ustedes en este momento no son importantes para mí’. Si no lo puedes poner lejos, eres un adicto. Y como toda adicción, con el tiempo, destruirá relaciones, costará tiempo, costará dinero y hará tu vida peor”.

La impaciencia

Los milenials crecieron en un mundo de recompensa instantánea: “¿Quieres comprar algo?, vas a Amazon y llega al día siguiente; ¿quieres ver una película?, accede y mira la película sin mirar los horarios; ¿quieres ver una serie de TV?, ni siquiera tienes que esperar cada semana. Conozco gente que salta temporadas enteras solo para poder ver la serie final. Todo lo que quieres lo puedes tener instantáneamente, incluso las relaciones personales. Excepto satisfacción laboral y fortaleza en las relaciones. No existe una App para eso. Son procesos lentos, serpenteantes, incómodos y desordenados”.

Los califica como “chicos maravillosos, fantásticos, idealistas, trabajadores e inteligentes”, pero les critica que cuando se acaban de graduar y apenas empiezan un trabajo tienen ganas de renunciar porque creen que no están logrando un impacto. “Lo que tiene que aprender esta joven generación es paciencia. Que ciertas cosas que de verdad importan, como el amor, el éxito laboral, la alegría, autoestima, toman tiempo”, aconseja.

El ambiente

Para rematar, la situación empeora si a ese grupo de muchachos los ponen en ambientes corporativos.

Allí —lamenta Sinek— importan más los números que los jóvenes. “Importan más las ganancias a corto plazo que la vida a largo plazo de ese joven ser humano, importa más el año que toda una vida. Allí no les están ayudando a construir confianza, no les ayudan a aprender habilidades de cooperación, a superar los desafíos del mundo digital y a encontrar un balance, no los ayudan a supera la necesidad de recompensa instantánea”.

“Y lo peor es que ellos se sienten culpables. Pero no son ellos; son las corporaciones, en donde hay una falta total de buen liderazgo”, termina.

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