Opinión

Andrés Piñeros Latorre

Yo quisiera ser un buen peatón

La norma dice que se debe cruzar por la cebra o línea peatonal, en las esquinas y por el semáforo.

Sin embargo los peatones, especialmente en Bogotá, pasamos por cualquier lugar de la calle. Como unos animalitos, esperamos que los vehículos estén a suficiente distancia para lanzarnos a la vía.

Hace casi veinte años, Antanas Mockus, en su primera alcaldía, propuso una serie de juegos pedagógicos para cambiar las conductas de los peatones bogotanos. Con su cultura ciudadana, el matemático de la Universidad Nacional de Colombia, venido del lejano país de Lituania, logró mejorar la conducta de los habitantes de la capital de un país, donde la ley del más fuerte y del más vivo predomina.

Pero lamentablemente, las buenas intenciones y los juegos, de un hombre inteligente y pedagogo en esencia, duraron un poco más que sus mandatos.

Los buenos comportamientos de los usuarios de la vía, tanto de caminantes como de conductores duraron poco. Tan sólo por poco tiempo, ellos entendieron que había que respetar los cruces, los semáforos, los pares, utilizar los puentes peatonales, en fin cumplir con las normas, tanto explícitas como de eso que llaman “sentido común”.

Aunque se ha dado una gran discusión acerca del origen de la expresión de “cultura ciudadana”, lo que sí es claro es que una ciudad, tanto grande como pequeña, requiere una combinación de autoridad y ética o cultura, para que sus habitantes o usuarios se comporten de manera adecuada.

Lo que si resulta claro es que los citadinos colombianos, desde los chiquinquireños, pasando por los ibaguereños, los caleños, los medellinenses y obviamente los bogotanos, debemos entender que parte de ese cambio que hay detrás de la firma de la paz, está en la necesidad de encontrar un comportamiento adecuado en las vías de todo nuestro país.

Ojalá se dé este sueño, una oportunidad, para que la agresividad y la violencia de nuestros campos se transforme. Que el respeto y el buen trato, tanto en nuestras emociones como en las normas básicas de comportamiento, conviertan a nuestro país en un lugar sano y de justa convivencia.

Como decía el poeta Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Es decir aprendamos a andar, aprendamos a convivir y respetar, a que cada paso se dé respetando el camino que recorremos y el que viene detrás. Para que esas generaciones tengan un sendero por el cual transitar, de manera digna, tranquila y en paz.

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