Opinión

Ariel Peña

En la actualidad soy columnista de Minuto30, el Espacio, Debate, Periodismo sin Fronteras y el Centro de Pensamiento Primero Colombia

Un auténtico partido de masas

Las movilizaciones contra el gobierno deben seguir para protestar contra la situación económica y la entrega del país en el acuerdo de paz.

El partido Centro Democrático demostró el pasado primero de abril su capacidad de movilización, al realizar gigantescas marchas en más de 20 ciudades colombianas, encabezadas por Medellín y Bogotá, en contra de toda la política del gobierno de Santos, exigiendo su renuncia.

El partido del expresidente Uribe estuvo acompañado por los más connotados líderes del conservatismo, sectores liberales, grupos independientes y organizaciones sociales y sindicales.

Las movilizaciones en mención constituyen un verdadero hito en los últimos tiempos, y un cambio en las costumbres políticas, pues las organizaciones partidistas en el país solo están acostumbradas a efectuar manifestaciones en época de elecciones, como si eso fuera la única razón de ser, y se olvidan de estar sintonizadas con los múltiples problemas sociales, económicos y políticos que sufre la ciudadanía.

La esencia de las marchas del primer sábado de abril era potenciar la defensa de la democracia ante la arremetida totalitaria que trae el acuerdo del gobierno con la narcoguerrilla de las Farc, y que pone al país de rodillas ante los terroristas que pretenden vengarse de sus enemigos políticos e ideológicos con la JEP (jurisdicción especial para la paz). Por ello como se dice coloquialmente “hay que calentar la calle”, ya que todavía estamos a tiempo de preservar la libertad.

La crisis económica y social de Colombia también ameritaba la movilización, porque la Reforma Tributaria empobreció a los sectores medios y populares, a ello se adiciona el pírrico incremento en el salario mínimo que ha sido por decreto en los últimos años, en donde la concertación con los sindicatos es defenestrada por parte del gobierno nacional, con el agregado que el crecimiento económico del país es muy precario, lo cual evita el desarrollo del empleo decente para una vida digna, por ello la informalidad laboral y el desempleo van en aumento.

Capítulo aparte merece la corrupción del actual gobierno, que cree que poniéndole el espejo retrovisor a la administración del expresidente Álvaro Uribe se puede exculpar de sus graves faltas a la ética, en casos como el de la empresa brasileña Odebrecht, patrocinada políticamente por el foro de Sao PaUlo, que les aportó a las campañas presidenciales de Santos en el 2010 y 2014 dineros que no se registraron, violando los topes máximos de la financiación de las campañas.

Ante esa aberración también se marchó de manera beligerante.

En los dos últimos años, el mes de abril se ha constituido en emblemático para el Centro Democrático, pues no hay que olvidar que hace un año se realizó otra gran marcha nacional, tapándoles la boca a algunos congresistas enmermelados de la Unidad Nacional que no daban un peso por el éxito de esa movilización, pero salieron con cajas destempladas, ante la magnitud de la protesta, y en este año se convalidó la capacidad movilizadora del partido Centro Democrático.

En su momento se criticó a los partidos y movimientos que impulsaron el NO en el plebiscito del 2 de octubre, por no haber convocado a la población para defender el triunfo, lo que condujo a que barnizaran el acuerdo de La Habana pasándolo de 297 a 310 páginas y firmándolo en el teatro Colón de Bogotá el 24 de noviembre, pero como dice el refrán popular: “más vale tarde que nunca” y aunque la movilización fue 6 meses después y según algunos, extemporánea, hay que precisar que las manifestaciones en contra del gobierno de Santos deben de ser de ahora en adelante consuetudinarias, para no perder el fervor y así continuar con la iniciativa política.

Con las movilizaciones se van acumulando fuerzas mirando hacia el futuro, de ahí que hay que conquistar escenarios que de pronto han sido ajenos a los partidos que defienden la democracia liberal, ya sea por decidía o desconocimiento, como ocurre con las entidades sindicales a las que los partidos democráticos muchas veces han abandonado, dejándolas a merced de grupos totalitarios marxistas-leninistas que irrespetan la independencia sindical, convirtiendo a esos organismos en instrumentos de maniobras políticas para intereses mezquinos.

El Centro Democrático se ha convertido en un partido de masas, por lo que debe concitar a otras colectividades políticas para hacer realidad el Gran Frente Republicano propuestos desde mediados de 2016, por un destacado grupo de ciudadanos y organizaciones, porque aunque no hay que cejar en la movilización, la cita para no perder la democracia definitivamente es en el 2018, tanto en las elecciones parlamentarias como en las presidenciales, en donde toda esta acción política de movilizaciones debe convertirse en un torrente de convocatoria para recuperar a la nación de la patraña castrochavista (otro mote del marxismo-leninismo).

Nota: Colombia está de luto por la tragedia de Mocoa capital del departamento de Putumayo, cuya cifra de muertos llega a 254, además de cientos de heridos y miles de damnificados. La solidaridad del pueblo colombiano y de la comunidad internacional debe de ser efectiva con nuestros hermanos del sur.

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