Santiago Ruiz Gnecco
Opinión de Santiago Ruiz Gnecco

“Médico y cirujano plástico. Con maestría en periodismo de la Universidad del Rosario y Publicaciones Semana.

Su trabajo como periodista lo ha enfocado a temas de salud. Ha colaborado en programas de radio y televisión. Ha trabajado en medios impresos y digitales como semana.com y algunos impresos de Publicaciones Semana. Fue columnista de la revista Avianca y ha sido editor de publicaciones científicas.”

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Siempre he sido muy malo con las fechas, pero la memoria fotográfica ha estado presente en mi vida; los olores, los sabores y ciertas situaciones te pueden llevar a sensaciones memorables y hasta las menos agradables y desastrosas.

Quién, a finales de año en esta ciudad no recuerda esa memorable frase del libro de Marvel Moreno de que “en diciembre llegan las brisas y con ella el olor a la naranja, los zapatos nuevos, el olor a pólvora”, etc..

Pero no nos salgamos del tema, porque a veces frente al televisor vemos nombres de producciones que hace algún tiempo calaron y se recuerdan con cierta alegría y nostalgia.

‘Azúcar’ no solo es un distintivo  para recordar a la ‘guarachera’ de Cuba. Cuenta la historia de la televisión colombiana, que para finales de los 80 y comienzos de los 90, la productora RCN sacó su nueva producción llamada ‘Azúcar’.

El cabezote en esa época que bien recuerdo era en blanco y negro, la actriz de fondo parecía la loca de los carnavales de Barranquilla con un vestido ajado, pelo alborotado y con voz adolorida decía “Azúcar, para ser blanca, necesita de la sangre negra, de la semilla negra y de la tierra negra”. De fondo, un incendio captó mi atención: la actriz era nada más y nada menos que Carmenza Gómez, y con ella un séquito de nuevos actores que marcarían la historia de la televisión colombiana, como Vicky Hernández, Alberto Valdiri y Alejandra Borrero, entre otros.

Pero el artífice y el director de esto era un grande de la dirección en Colombia y como los grandes, locos y genios lastimosamente parten temprano para dejar una huella indeleble de lo que significa ser bueno pero a la vez rayado por los excesos; es la maldición que cargan los buenos; su nombre Carlos Mayolo, director de buenas producciones que marcarían la época de las buenas historias que se hacían en Colombia por aquella época, como ‘La casa de las dos palmas’, ‘La otra mitad del sol’, ‘Momposina’, ‘Hombres’ (1996), ‘La otra raya del tigre’ (1993), ‘Litoral’ (1992) y ‘Laura por favor’ (1991)

Mayolo también participó como actor y director de la película ‘Carne de tu Carne’, en la que hacia el papel del único nombre que recuerdo en la historia del cine y de la televisión en Colombia que se llamaba como este servidor y entre otras cosas atrajo más mi atención por eso de las afinidades y de las coincidencias que a veces se dan en la vida.

En ‘Azúcar’ se hablaba de la historia del ser colombiano, de las historias costumbristas lejos de los estereotipos marcados hoy en día por las narconovelas, la guerrilla, el humor tonto y las novelas biográficas de personajes del momento (por lo general cantantes caídos en desgracia, ya que el final todos lo sabemos); en aquella época había algo que se sentía a través de la pantalla y el espectador lo recibía inmediatamente, era como una conexión instantánea, una pasión y mística que reflejaban las historias y las actuaciones magistrales, entre ellas las de Alejandra Borrero.

Los escenarios y las locaciones eran exteriores: la ciudad de Cali, los ingenios azucareros y esa voz particular de los caleños y de las actuaciones magistrales del reparto los hacían ver como actores naturales pues no parecían acentos impostados como a veces tienden a caer los actores cachacos haciendo de costeños lo que se ha convertido en un cliché de nuestro particular acento e idiosincrasia del ser caribe en la televisión colombiana.

Todo parecía casi perfecto para la producción de ‘Azúcar’, y sí que lo era, el rating de aquella época se media por los comentarios del día siguiente y de la paralización en las calles por las noches porque nuestros padres y abuelas se sentaban frente al televisor para ver esta producción.

No recuerdo a qué hora era, pero recuerdo perfectamente que a esa hora pasaban el comercial “ y es hora ya de acostarse y los dientes cepillar, buenas noches, buenas noches, buenas noches”. Mi abuela, sentada en su mecedora, nos mandaba a dormir en el acto, y yo como siempre me las ingeniaba detrás de la puerta para verla, o cuando a ella le podía más el sueño yo me quedaba y me la veía perfectamente.

Allí vi por primera vez a Alejandra Borrero, su belleza y su actuación hicieron química con más de uno. La historia me daría la razón, se convirtió en una de las grandes y mejores actrices que ha dado la TV colombiana, claro si nada más era pupila y amiga de Carlos Mayolo, Andrés Caicedo y Luis Ospina; todo ese boom que vivía por ese momento la ola intelectual caleña.

En esta producción pasaba algo más que interesante, engorroso e incómodo y era la xenofobia y racismo que se vivían en la época y se vieron plasmados también en la televisión colombiana; los actores de color, afrodescendientes o negros eran escasos o peor aún no se les daba la oportunidad de tener un papel protagónico en aquella época porque hasta a Carmenza Gómez le oscurecieron la piel; sin embargo, le dieron la oportunidad a varios de ellos como a Óscar Borda, quien se abrió paso a los actores afros en esa actividad.

Pero fuera de todo esto, lo que captó la atención hacia los televidentes fue la producción en general, el misticismo con que se hacían las cosas, la factura, la historia, el costumbrismo, las actuaciones memorables, los melodramas bien contados, el vestuario, la música y sobre todo la dirección casi sin libretos del monstruo Mayolo (contada hoy en día por la señora Alejandra Borrero, para mí la Meryl Streep colombiana).

Yo inconscientemente capté en aquella época con escasos años el amor y las ganas por ver las historias bien contadas a través del arte y la cultura en general; y es allí, a través de la mística y la pasión con que se hacían las cosas en las que el espectador puede verlas con otros ojos.

Muchas veces los ‘remakes’ no funcionan o tienen el mismo efecto que las versiones originales, pero teniendo en cuenta las actuaciones originales, los guiones, el misticismo y pasión por hacer las cosas bien pueden captar la atención del televidente y evocar esos buenos momentos de que todo tiempo pasado fue mejor.

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