Opinión

Fabio Arévalo Rosero MD

¿Se descubrió la píldora que nos aproximará a la victoria?

La humanidad ha tenido enormes desafíos para descifrar los más grandes secretos que llevan a mejorar la calidad de vida del hombre.

También para optimizar su desempeño. En la mayoría de deportes de alta competición o simplemente cuando se hacen prácticas con otros objetivos, existe la tendencia a compensar o a suplementar ciertas debilidades. también para mejorar el desempeño deportivo a partir del afinamiento externo.

Para ello, entre otras cosas se busca apoyo a manera de refuerzo desde lo nutricional hasta lo farmacológico. En este último caso se encuentran la gran mayoría de procedimientos prohibidos o contemplados como dopaje.

Pero en el campo de los suplementos nutricionales las cosas no son tan inocuas y eficaces. Desde hace al menos unos 10 años Europa ha sacado del mercado más de 5.000 tipos de vitaminas.

El Tribunal de Justicia de Luxemburgo avaló una directiva de la Unión Europea, de hace unos doce años, para regular el mercado de suplementos de minerales y vitaminas. Un mercado contaminado por productos en su mayoría sin respaldo científico y con efectos cuestionables y dudosos.

Esa ha sido una saludable decisión por cuanto la invasión de estas sustancias ha creado un ambiente ficticio de logros que provocan el autoengaño en una población incauta y ávida de transfornaciones facilistas.

Es lo que hemos llamado el “Síndrome de Adición” (no adicción) en el que al parecer bastaría con agregar el ingrediente no tan secreto para mejorar el desempeño. La compulsión equivocada de adicionar una sustancia milagrosa con efectos extraordinarios.

Es algo así como la búsqueda constante de “la píldora que nos aproximará a la victoria”, el ‘elíxir de la vida… deportiva’. Esto, por cuenta de la necesidad de logros en el corto plazo y tomando atajos permite la proliferación de inescrupulosos mercaderes, capaces de convencer hasta el más “culto” vanidoso. Aquellos que caen en la trampa de la ‘vigorexia’, el campo más fértil para los mercachifles del deporte y la actividad física.

Las agremiaciones científicas luchan desde su interior y con su limitada capacidad operativa con el objeto de orientar a la gente sobre estos espinosos temas. Particularmente para enseñar que el consumo de suplementos de vitaminas y minerales en la mayoría de personas tiene poca importancia. Que son solo casos especiales y determinados, en los cuales pueden existir esas necesidades.

Pero lo más importante es que los productos que menos sirven, o que no sirven para nada o que pueden tener más efectos nocivos que beneficios, son aquellos que nos lo ofrecen popularmente. Que hacen parte de cadenas, pirámides, ventas personales o de negocios misceláneos y no especializados. El criterio que prima en estos vendedores, es el lucro, aduciendo unas bondades que recitan mecánicamente con historias reforzadas.

La publicidad y mercadeo son extremos y muy seductores, pareciendo creíbles. Ofrecen “quemar grasa” fácilmente, aumento milagroso en poco tiempo de la masa muscular, por ejemplo. Cuando estos ofrecimientos son tan evidentes o explícitos es cuando más se debe desconfiar y dudar. Consultar a un especialista es necesario por las dudas.

Lastimosamente la mayoría de personas caen en las fauces de estos mercaderes de la salud, cuya habilidad es sorprendente. El factor de debilidad es cultural. De allí que en buena hora en Europa se tomó la iniciativa restringiendo el expendio de una multitud de preparados vitamínicos que como en nuestro medio, la mayoría no sirven.

Son pocos los suplementos cuya presentación ha sido el resultado de procesos de investigación y prueba en seres humanos con efectos confirmados durante años de experiencias. La presentación de los mismos es ética y su expendio se hace estrictamente en farmacias (o en lugares autorizados o muy especializados) y en la mayoría de los casos con receta médica. De allí que insistimos y alertamos a toda la comunidad deportiva, que no existen productos de vitaminas y minerales con efecto prodigioso o capacidad casi milagrosa.

Consumirlos arbitrariamente o por recomendaciones populares y folclóricas, de falsos profesionales, o los que se creen doctos, solo causa desventajas. Por una parte es dinero perdido y por otro pueden producirse efectos negativos y contrarios a la salud especialmente cuando se consumen dosis excesivas de vitaminas, llevando a problemas serios. De allí que evite ser engañado y apóyese en un profesional médico. Europa nos dá la razón.

Apostilla: Finalmente hay que recordar:

“Cavamos nuestra tumba con los dientes”, y “lo que se come se cría”.

*Presidente Sociedad Colombiana de Ciencias del Deporte

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