Fabio Arévalo Rosero MD
Opinión de Fabio Arévalo Rosero MD

Médico, bioquímico, escritor, consultor urbano, educador ciudadano, divulgador científico, innovador social, diseñador de ciudades saludables, Campeón del mundo atletismo, JMS, Islas Canarias). Docente universitario, investigador en salud pública. Candidato a Premio Nacional de Paz 2012. Reconocido como Mejor columnista web, Suroccidente colombiano, 2013, Fundación Correo del Sur. Presidente Sociedad Colombiana de Ciencias del Deporte. Autor de obras como: ‘Café para el alma, lecturas para ser feliz’, ‘Activarse más, nutrirse bien, vivir mejor’ y ‘El deporte como fenómeno social’. Líder y creador del proyecto internacional: ‘CIUDAD FELIZ, una forma distinta de vivir’.

Razones científicas para eliminar el fuera de lugar del fútbol

Fisiológicamente es imposible mirar dos puntos que están a diferentes distancias del ojo, como sucede al intentar definir un fuera de lugar.

 
Fuera de lugar
El ojo no puede ver si una jugada es legal o no. / Marca

La batalla de Siracusa es más recordada por los supuestos efectos ópticos utilizados y poco por sus contendientes.

Es conocida la historia de la destrucción de los barcos romanos que asediaban Siracusa mediante espejos que concentraban los rayos del sol en las naves y las incendiaban. Durante mucho tiempo se aceptó este relato como hecho cierto, pero hoy se duda de su verosimilitud. Lo interesante del mismo es la revelación de la aplicación de los principios de la óptica descubiertos por Arquímedes, a quien se le atribuye ese triunfo bélico.

Arquímedes, además de matemático, es famoso por sus descubrimientos en física, entre ellos los relacionados con la percepción de imágenes y la función de los lentes. Definió con claridad la capacidad del ojo humano para la acomodación en la visión y su impacto en la retina. El gran científico de la antigüedad, nacido en el 287 a. de c. en Siracusa, permitió una explicación precisa sobre la capacidad visual del ser humano en distintas actividades, incluyendo las más dinámicas como las destrezas sensoriales en los deportes.

Existen situaciones que exigen el máximo de alerta para alcanzar el mejor criterio, pero según lo demostró Arquímedes, el ojo humano tiene limitaciones para una visión global. Uno de los mejores ejemplos es el juzgamiento en el fútbol por parte del árbitro central, quien está expuesto a ser cuestionado de manera permanente por unas decisiones subjetivas relacionadas con el manejo de su percepción en el campo de juego.

Calificar un fuera de lugar en el fútbol de manera exacta, según Arquímedes, es un imposible científico. La óptica demuestra que el ojo humano solo tiene capacidad de percibir imágenes de alta resolución que estén ubicadas en la línea central del eje del cristalino y a una única distancia. Mientras el árbitro sigue el curso del balón, no tiene posibilidades simultáneas de tener en sus ojos otra imagen clara y definida (como la del jugador adelantado). De allí que su percepción de un fuera de lugar es más una adivinanza con un riesgo de error enorme.

Las explicaciones científicas de Arquímedes para una visión correcta demuestran que se requiere de un mecanismo óptico que es la acomodación, propia del ojo humano. Se cambia la curvatura del cristalino que es parabólica y el objetivo es mover el foco de esa parábola y se logra que se formen las imágenes nítidas en la retina a cierta distancia para lo cual se acomodó. Pero el cambio de curvatura se calibra automáticamente a una única distancia, de allí que en las demás distancias es imposible ver bien.

Los seres humanos solo podemos mirar con nitidez a una sola distancia escogida. Si vemos a una persona, solo a ella la percibimos con claridad mientras el entorno es difuso. Fisiológicamente es imposible mirar dos puntos que están a diferentes distancias del ojo, como sucede al intentar definir un fuera de lugar. En términos científicos el offside es más un supuesto y una valoración demasiado subjetiva que conduce a  interpretaciones falsas. El acierto máximo sería del 50 %, la mitad de estas faltas son discutibles o erróneas, con alto riesgo de injusticia en el fútbol. Una razón de peso para eliminarlo.

Apostilla: “A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia”. Roberto Bolaño, escritor chileno

 

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