Opinión

Colaborador invitado

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¿Por qué dejé de planificar?

Cuando entablé una relación con mi segundo novio (mi segundo novio serio, digamos), me preguntó cómo quería que planificáramos.

Fuimos juntos a Profamilia para asesorarnos. En principio yo no quería un método hormonal, primero porque no tenía ningún interés en subir de peso y, segundo, porque no soy estable emocionalmente y no quería sumarle a eso más hormonas.

El único método no hormonal es el de la T de cobre, pero escuchaba testimonios como “no es muy efectiva porque puede desacomodarse” o “mi mamá quedó embarazada de mí cuando estaba usando la T de cobre”.

Mi pensamiento, más allá de un embarazo no deseado (que cualquier persona que me conozca sabe que no quiero tener hijos biológicos), iba a: si llego a quedar embarazada porque la dichosa T no funciona, esta puede quedar en una posición tal que ponga en riesgo el desarrollo normal del embrión, incluso puedo quedar en riesgo yo.

Al preguntarles a los médicos de Profamilia si esto era posible, me dijeron que no era común, pero sí podía pasar.

Así que me fui por el hormonal. ¿Cuál?

Yo no tengo el juicio para tomar pastas, y no quería ir cada tanto a ponerme inyecciones, entonces me decidí por el implanon (como el jadelle, pero por tres años). Lo pagamos entre los dos, además es el método más barato.

Los primeros tres meses estaba contenta porque había perdido cuatro kilos, aunque me explicaron que los cambios no se dan en el metabolismo sino en el apetito y por eso la persona sube o baja de peso, o simplemente se mantiene.

Y mi novio, aún más feliz ¡Ya no tenía que usar condón! Sin embargo, más o menos al noveno mes, mi ciclo menstrual se descontroló, me dejó de llegar por meses y, cuando volvía, era un líquido más parecido a la menarquia que al sangrado normal, y no duraba los cuatro días regulares sino que podía llegar cualquier día del mes, como flujo.

Le dije esto a mi novio y fuimos nuevamente a Profamilia, allí la doctora me dijo que era falta de vitamina C y que comprara las pastillas de esta que venden en todas partes (sí, esas de sabores frutales). Yo no trabajaba, acababa de salir del colegio, mi novio sí, pero en el momento no me pudo comprar la vitamina C… Pero para el implanon sí le había alcanzado…

Así siguieron las cosas, cuando llevábamos un año terminamos y, en medio de su rabia, me cobró la parte que había pagado por el implante (¡¿PERDÓN?!) Después de esta relación no tenía muchas ganas de estar con nadie en el plano emocional, así que me limité a vivir únicamente mi sexualidad.

Cuando salía con un chico evitaba a toda costa que se diera cuenta de que planificaba porque no quería que pensara “ufff, puedo no usar condón”.

¡Noticia! El condón tiene más funciones además de la de prevenir un embarazo no deseado: proteger de enfermedades. A partir de entonces, y a pesar de continuar planificando dije siempre “sin gorrito no hay fiesta”.

Después la regla no me llegó por algo como nueve o diez meses, me hice pruebas de sangre y de todo, pero me decían que era normal por el método anticonceptivo.

Pasado un buen tiempo volví a involucrarme con alguien. Era muy tierno, muy lindo, dije “esto es algo serio”.

La primera vez que tuvimos sexo lo hicimos sin condón, él ya sabía que yo planificaba, y en adelante siempre fue así. ¿Y la regla? A veces venía, se quedaba demasiado tiempo, a veces no llegaba, y así.

¿Y yo? Deprimida y enfurecida, como cuando uno tiene la regla, pero sin tenerla o teniéndola todos los días por dos meses. También terminé con él y me fui de viaje, entonces pensé “mejor todavía no me lo quito, porque uno nunca sabe”. ¡No! ¡Me tenía que haber quitado eso hacía rato!

Alguna vez leí una noticia sobre los avances en investigación de métodos anticonceptivos para hombres, y que habían cesado porque generaban efectos secundarios como depresión, cambios en el metabolismo y en el organismo.

ESPEREN, Y NOSOTRAS, ¿QUÉ? Y entonces caí en la cuenta de que a mí no me afectaba utilizar o no condón (de hecho había tenido los mejores polvos de mi vida utilizando condón).

También escuchaba la opinión de amigas y familiares, mujeres que planificaban con distintos métodos, y todas habían sufrido fuertes cambios anímicos, metabólicos, físicos y hormonales, y no estaban del todo contentas, pero sentían que debían planificar especialmente si se encontraban en una relación estable.

Es importante hacer sentir bien a la pareja, o al compañero sexual o como se le quiera llamar, pero la verdad es que el condón no modifica tanto el placer como los métodos hormonales el organismo.

Dejar de tener la menstruación es chévere los primeros meses, luego es preocupante y simplemente va en contra de los ciclos naturales del cuerpo femenino.

Estas mujeres y yo habíamos sometido nuestro cuerpo a cambios dañinos, ¿para que alguien no tuviera que ponerse condón?

Finalmente fui al médico hace un mes para que me retiraran el dichoso implanon y la doctora todo el tiempo me preguntaba “¿con qué método vas a planificar ahora?”

Mi respuesta, invariablemente y a pesar de su mirada de preocupación: condón.

Yo sé que el condón no es ciento por ciento efectivo como método anticonceptivo pero, ¿saben? Ningún método lo es.

Hay variadas opiniones; en los tres años que tuve el implanon escuché médicos que decían que tal o cual era el más efectivo (casi siempre las pastas o el implanon), o que las pastas tenían más beneficios. En Profamilia me dijeron que absolutamente todos tenían una efectividad del 89 por ciento, y cuando me dejó de llegar y fui a consulta me dijeron “todos los métodos fallan”, y esto es lo único cierto, no hay forma de estar absoluta y completamente seguro.

Mi propósito no es satanizar los métodos de planificación ni estallar un baby boom porque ahora nadie se proteja. Es también una cuestión de respeto y de responsabilidad con el cuerpo, tanto el mío como el del otro. Todo esto para que tanto ellos como ellas tengan en cuenta que los métodos de planificación son solamente anticonceptivos, y que el único método que brinda algún tipo de protección contra enfermedades de transmisión sexual es el condón.

Muchas parejas dejan de utilizarlo cuando empiezan a planificar, y yo me pregunto: ¿vale la pena someter mi cuerpo a cambios que yo no quiero, y que mi estado de ánimo se vea afectado por la presencia constante de hormonas (que siempre van a ser cuerpos extraños dentro del organismo) SOLAMENTE PARA QUE MI NOVIO NO TENGA QUE USAR CONDÓN?

Mi respuesta es no, y mi conclusión final es, simplemente: ¡sin gorrito no hay fiesta!

Por Catalina Lema Casallas.

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