Opinión

Ariel Peña

En la actualidad soy columnista de Minuto30, el Espacio, Debate, Periodismo sin Fronteras y el Centro de Pensamiento Primero Colombia

Partido de oposición

La alianza de los expresidentes Uribe y Pastrana para las elecciones de 2018 es clave para salvar a Colombia de las garras castrochavistas.

Durante cerca de 60 años en Colombia no se conoció un verdadero binomio gobierno-oposición, que es lo que fortalece la democracia para no caer en contubernios insanos que afectan a la sociedad, sin embargo, gústenos o no nos guste y a pesar de los señalamientos, apelativos y calumnias, el Centro Democrático del expresidente Uribe, se ha convertido en una real fuerza opositora que ha cambiado las costumbres políticas, no solo por sus posiciones en el Congreso, sino también por la capacidad de movilización en épocas no electorales, como sucedió el 2 de abril de 2016 y el primero de abril de este año, situación atípica para los demás movimientos políticos.

En el Frente Nacional que duró de 1958 a 1974, primó la milimétria entre el partido liberal y conservador, para repartirse los puestos públicos, lo que condujo al país a una gran confusión ideológica, porque no se podía discernir claramente las posturas políticas de estos dos partidos, aunque al principio del Frente Nacional, surgió el MRL (movimiento revolucionario liberal) dirigido por Alfonso López Michelsen que luego llegó a las toldas oficiales del liberalismo, disolviéndose dicha agrupación.

La Alianza Nacional Popular (Anapo) del general Gustavo Rojas Pinilla, que puso en dificultades al bipartidismo en las elecciones del 19 de abril de 1970, no cuajó como una oposición perenne, y una infiltración del PCC y las Farc con Jaime Bateman Cayón y otros militantes marxistas, la desaparecieron y en cambio surgió el M-19, que aunque se escondía en el nacionalismo, su vanguardismo y prácticas terroristas necesariamente lo ubicaban en el comunismo totalitario; ese movimiento le hacía apología a las armas y por ello no lo podríamos calificar de oposición, más bien hay que ubicarlo en el extremismo leninista, que buscaba destruir el estado para que con sus cenizas surgiera uno nuevo.

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Durante el gobierno de López Michelsen (1974-1978), el sector ospino-pastranista del conservatismo, se fue a la oposición y el grupo de Álvaro Gómez apoyó al gobierno, con lo cual de alguna manera siguió gobernando el bipartidismo, sin olvidar que el ospino pastranismo en la oposición fue un respaldo importante en el Paro Cívico del 14 de septiembre de 1977, realizado por las 4 centrales obreras, debido a la crisis política, social y económica por la que atravesaba el país.

En el Gobierno de Turbay Ayala (1978-1982), la colaboración del partido conservador con el mandatario liberal, prácticamente no tuvo reparos, y no hubo una oposición por parte de un partido representativo.

Al ganar las elecciones, el conservador Belisario Betancourt en 1982, quien durante sus 4 años de gobierno contó con la cooperación de los liberales, tampoco existió una oposición democrática fuerte.

Virgilio Barco presidente de 1986 a 1990, enfrentó sin mayor esfuerzo lo que se denominó por parte de los máximos dirigentes del conservatismo como la oposición reflexiva, ya que esa oposición no trascendió debido a las dificultades que vivió el país por las acciones violentas del narcotráfico, que cobró la vida de 3 candidatos presidenciales, además de acciones terroristas de los capos de la mafia que afectaron a importantes centros urbanos.

Al final del gobierno de Virgilio Barco se desmovilizaron las agrupaciones guerrilleras, M-19, EPL, Quintín Lame y el PRT, y se dieron las bases para la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, que produjo una nueva Carta Magna.

Durante el gobierno del liberal Cesar Gaviria (1990-1994), hubo colaboración conservadora, de la misma manera en el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) algunos sectores conservadores le apoyaron, no obstante lo del proceso 8.000, de lo cual se deduce que a pesar de las dificultades que tuvo el mandato de Samper, sus opositores no concitaron grandes movilizaciones que pusiera en riesgo su estadía en la Casa de Nariño.

En el gobierno conservador de Andrés Pastrana (1998-2002), existió coparticipación de sectores del liberalismo, por lo que la oposición fue reducida, y únicamente basada en rechazar los diálogos del Caguán con las Farc, que fracasaron. Y en el primer gobierno de Álvaro Uribe (2002-2006), el respaldo a la seguridad democrática fue mayoritario de parte de diferentes partidos con representación parlamentaria, y para el segundo mandato de Uribe (2006-2010), siguió contando con el respaldo de las más importantes agrupaciones políticas, sin tener una oposición fuerte por los altos índices de popularidad del mandatario.

Nadie pone en duda que el triunfo de Juan Manuel Santos en el 2010 se debió al respaldo recibido del presidente Álvaro Uribe, pero Santos como mandatario emprendió una agenda diferente a la de la Seguridad Democrática, acercándose al gobierno venezolano de Hugo Chávez que patrocinaba el socialismo del siglo XXl que es el disfraz para Latinoamérica del marxismo-leninismo, buscando el presidente Santos con los diálogos en La Habana que duraron 5 años un acuerdo con la narcoguerrilla de las Farc.

Acuerdo firmado el 25 de noviembre de 2016 que le da ventajas estratégicas a la banda marxista, desconociendo el triunfo de la oposición del Centro Democrático y otras agrupaciones, el 2 de octubre de 2016 en el plebiscito.

Con lo que quedó claro que el uribismo en estos 7 años del gobierno santista ha demostrado ser la oposición democrática, más seria y coherente que ha existido en las 6 últimas décadas de historia republicana.

Algunos seguidores del engendro marxista-leninista, plantean que durante su existencia las Farc y el Eln, se pueden considerar como “oposición armada”, lo cual es una gran falsedad, pues su respaldo en la población es mínima y se han basado en la violencia y la ignorancia para lograr presencia en lo que se denomina la Colombia profunda, sin olvidar que su doctrina comunista es anacrónica y antihistorica basada en la irracionalidad.

En Colombia existieron unas verdaderas oposiciones armadas como la del general Rafael Uribe Uribe a principios del siglo XX en la guerra de los mil días, y con las guerrillas liberales del Llano en la década de los cincuenta del siglo pasado, que terminaron en auténticos acuerdos de paz, no obstante el trágico final de sus protagonistas.

Al ser el Centro Democrático una oposición verdadera que ha enfrentado al gobierno de Santos con decisión, sin recibir prebendas, sino fundamentado en su ideario, se demuestra que para el fortalecimiento de la democracia liberal en Colombia, es necesario implementar de manera real el binomio gobierno-oposición para aislar al totalitarismo marxista leninista que busca llevar a la nación a una dictadura eterna.

De ahí que la alianza entre los expresidentes Uribe y Pastrana para las elecciones de 2018, es de importancia capital en la creación de un Frente Republicano que salve a Colombia de las garras del castrochavismo.

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