Ariel Peña
Opinión de Ariel Peña

En  la actualidad soy columnista de Minuto30, el Espacio, Debate, Periodismo sin Fronteras, Centro de Pensamiento Primero Colombia y colaboro desde hace 13 años con El Tiempo en el Foro. También he escrito para El Catolicismo, el Nuevo Herald, La Jornada de Mexico, el País de España, el Periodico y Extra, entre otros,  además soy autor del libro “Democracia y Fetichismo”.

Marxismo cultural, escuela de Fráncfort e ideología de género

La cartilla contrtada por el MEN no fue discutida con sectores importantes que no podían ser excluidos.

 
Cartilla del Ministerio de Educación

El pasado 9 de agosto con la orientación de la Iglesia Cristiana Católica, las Asociaciones de Padres de Familia y otras organizaciones religiosas, se realizaron en diferentes ciudades colombianas gigantescas manifestaciones para rechazar la cartilla que contrató el MEN (Ministerio de Educación Nacional) con el Fondo de Población de las Naciones Unidas por un valor de 1.585 millones, con la que se pretendía educar a los niños para que asuman un rol frente a lo que se conoce como el sexo psicológico y el sexo sociológico.

Subrayando que la Corte Constitucional mediante sentencia T-478 del 28 de Julio de 2015, al prohibir la discriminación en razón de la identidad del género y orientación sexual le exigió al MEN, la revisión extensiva e integral de todos los manuales de convivencia escolar en el país.

En primer lugar frente a la cartilla contratada por el MEN se tendría que afirmar que faltó discusión con alumnos, padres de familia y profesores para lograr un acuerdo.

Recordando que la ideología de género no es una manipulación semántica, como algunos dicen, sino que tiene su origen en la lV Conferencia de las Naciones Unidas sobre la mujer en Pekín en 1995, donde se planteó que no existe el sexo sino roles que se cambian todas las veces que se quieran, entonces de ahí la desconfianza de las organizaciones que promovieron las marchas, que fueron espontaneas e intuitivas, y el gobierno como se dice coloquialmente se ahoga en un vaso de agua al pretender a rajatabla imponer la cartilla, pues el asunto tiene mucho de fondo, como veremos más adelante.

La escuela de Fráncfort nace en 1923, con el patrocinio del multimillonario marxista judío Felix Weil con el nombre de Instituto para la Investigación Social dirigida por Georg Lukás, y en 1930 toma las riendas de la escuela de Fráncfort Max Horkheimer quien específicamente planteó, que la mejor manera de destruir la Civilización Occidental es con el ataque sistemático a todos sus valores como son: la familia, la religión, las libertades individuales, la democracia liberal y todo lo que tenga que ver con una vida ordenada y decente de los individuos.

Posteriormente Theodoro W Adorno, Erich From y Hebert Marcuse de la misma escuela esbozaban que las diferencias sexuales son construcciones propias de la sociedad burguesa.

El que le pone la impronta sin ninguna vacilación al marxismo cultural, es el comunista italiano Antonio Gramsci muerto en 1937, quien propone sin ningún reato la irracionalidad y el comportamiento de los comunistas como una pandilla para la toma del poder del estado, por siempre, en donde hay que lumpenizar a las masas para volverlas más dúctiles al partido, ya que la razón y la verdad son prejuicios burgueses que deben desaparecer de la sociedad como lo enseñó el déspota de Lenin.

Con el socialismo del siglo XXl en Venezuela se dio una demostración del marxismo cultural, cuando el difunto presidente Hugo Chávez, propició la creación de bandas armadas o colectivos para defender la “revolución” lo que ocasiono que aumentara de manera exponencial el número de homicidios, y que el vecino país se convirtiera en uno de los más violentos del mundo, con cifras de muertos peores que el de una nación en guerra, todo ello fue planificado por el régimen neomarxista para someter al a población mediante el miedo.

En la actualidad la hambruna que sufre Venezuela con el desabastecimiento de artículos de primera necesidad, es responsabilidad únicamente del gobierno chavista, porque como decían los libertarios que enfrentaron a Marx en el siglo XlX “ el estado comunista reproduce y mantiene la miseria de las masas como condición necesaria de su existencia” que es lo que sucede cuando los marxistas se toman el poder, por eso así como se habla de la cultura de la muerte, el marxismo cultural no es solo muerte, sino además envilecimiento, enajenación, adocenamiento y pérdida de valores para convertir a los seres humanos en zombis.

Fue apresurado e inconsulto por parte del gobierno nacional a través del MEN, tratar de imponer la cartilla para los manuales de convivencia en los colegios, que necesariamente deben de ser respetuosos de la orientación sexual de los estudiantes, para fortalecer la tolerancia y el respeto hacia los demás miembros de la comunidad educativa, evitando el matoneo, las burlas y la discriminación principalmente, por lo cual debería haber un consenso general para establecer la matriz de los manuales.

El libre desarrollo de la personalidad hay que respetarlo sin ambages, pero otra cosa son las estrategias políticas diseñadas desde hace varias décadas por el comunismo totalitario que con sus diferentes apéndices busca esclavizar a nuestras naciones, primero culturalmente y luego política y económicamente, por ello sin lugar a dudas hay que afirmar que el marxismo cultural, la escuela de Fráncfort y la ideología de género son caimanes del mismo pozo, y es muy posible que el gobierno colombiano no esté enterado.

Materializar la sentencia de la Corte Constitucional T- 478 es de vital importancia para la nación, porque en el estado social de derecho el respeto por la libertad individual es la condición suprema de la república, y la educación como pilar fundamental del desarrollo social humano no se puede prestar a improvisaciones.

Tratar como fuerzas reaccionarias a quienes se movilizaron el 9 de agosto es muy simplista y hasta ridículo, pues la cosa tiene mucho de profundidad, y de pronto en Colombia no se ha tenido la suficiente capacidad de discernimiento, para conocer las intenciones de fuerzas exógenas que medran para aplicar sin cortapisas el relativismo moral.

Resaltando que hay que erradicar de plano cualquier forma de discriminación, ya que de acuerdo a las mismas enseñanzas del Cristianismo, Dios no hace acepción de personas.

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