Ella tiene 72 años. Es mi mamá y sale todas las mañanas a caminar y a veces en las tardes también. En muchos casos resulta toda una odisea realizar esos cortos trayectos alrededor de su barrio, localizado en estrato seis.

Además de las losas rotas de los andenes, una de las mayores dificultades está en cruzar de un lado a otro de la calle. Los semáforos no tienen cruces adecuados, ni mucho menos cebras. Con su bastón y sus pasos cortos, la simple labor de pasar de un lado al otro es toda una complicación.

La zona está ubicada en la carrera 15 con calle 118, donde se está invirtiendo un gran presupuesto en la construcción de una ciclorruta de doble carril, olvidando que los peatones tienen también ingentes necesidades.

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Son pocos los espacios adecuados entre una acera y otra para poder pasar. El pasto o andenes rotos, como una pista de cross, son las barreras para personas mayores, para discapacitados y aun para quienes no tienen problemas físicos.

No es claro cuáles sean las prioridades del alcalde, pero la movilidad debe ser una de ellas. Que los ciudadanos puedan cruzar y recorrer las vías sin riesgo debe estar entre las prioridades de un burgomaestre. Su obsesión por las bicicletas, las ciclorrutas, los transmilenios y el metro no puede dejar de lado un sencillo problema como el que los peatones puedan andar cómodamente por las aceras.

Es un derecho primordial que la ciudad esté diseñada para el uso de todos y cada uno de sus habitantes. Bogotá es una metrópoli donde viven personas con toda clase de situaciones, de impedimentos físicos; una ciudad donde cada vez hay mayor número de personas de la tercera y hasta de la cuarta edad; por esa razón su arquitectura, su diseño, deben estar acorde a sus dificultades.

No son problemas que impliquen costos excesivos. Son pequeños inconvenientes cuya solución permitirían hacer más vivible esta ciudad. Los cruces con rampas, a distancias adecuadas entre semáforo y semáforo o sino con puentes peatonales; la buena señalización de semáforos y cebras, convertirían a Bogotá en una capital con la normatividad y las condiciones adecuadas para que sus habitantes la gocen, la aprovechen como un lugar agradable y seguro para vivir.

Entonces, desde esta tribuna hago un llamado a las autoridades locales y al alcalde Peñalosa para que piensen en los peatones, para que caminen las calles y descubran en carne propia lo difícil que es recorrer las vías bogotanas; lo complicado que resulta cruzar una vía. Lo difícil que es pasar de un lado a otro, a pesar de que haya un semáforo o una señal tan “extraña” como una cebra.

La invitación es a convertir la ciudad en un espacio amable para todos, o una ciudad que realmente cumpla con el slogan de ‘Bogotá, mejor para todos’ o como lo indicó un juez recientemente ‘Bogotá, mejor para todos y todas’.

*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan para nada la posición editorial de Pulzo.