Ariel Peña
Opinión de Ariel Peña

En  la actualidad soy columnista de Minuto30, el Espacio, Debate, Periodismo sin Fronteras, Centro de Pensamiento Primero Colombia y colaboro desde hace 13 años con El Tiempo en el Foro. También he escrito para El Catolicismo, el Nuevo Herald, La Jornada de Mexico, el País de España, el Periodico y Extra, entre otros,  además soy autor del libro “Democracia y Fetichismo”.

La reapetura de la plaza de toros de La Santamaría

La gran mayoría de los colombianos no son taurinos y la tauromaquia es una actividad de una minoría cultural.

 
Protestas antitaurinas en Bogotá
Protestas antitaurinas en Bogotá / AFP

Sin embargo, al ser reconocida por la UNESCO; además siendo el toreo una actividad laboral protegida como las demás, por la constitución política del Estado de acuerdo al artículo 26, se deben de tener en cuenta los convenios de la OIT sobre el derecho al trabajo, aspecto importante que fue ignorado por Gustavo Petro, cuando se encontraba al frente de la alcaldía de Bogotá, cerrando la plaza de toros la Santamaría, a mediados de 2012.

Sin embargo la Corte Constitucional en sentencia T-296/13 conocida el 2 de septiembre de 2014, y que fue ratificada en sala plena el 4 de febrero de 2015, definió con toda claridad el destino del coso para actividades taurinas al amparo de la ley 916 de 2004 o reglamento taurino, por lo cual la reapertura de la Santamaría el 22 de enero del presente año, después de unos trabajos de reforzamiento, hay que considerarla como una derrota política, social y cultual en contra de Petro, quien por su autoritarismo no supo concertar con los sindicatos de la tauromaquia, queriendo acabar con esa actividad en la capital, a la brava.

El cierre de la plaza de toros dejó sin empleo a cientos de trabajadores directos e indirectos por 4 años, quienes podrían reclamarle al Estado una indemnización como lo afirmó la Honorable Corte Constitucional, al declarar en la sentencia la existencia de un daño consumado en relación con la temporada taurina, demostrándose una vez más la postura chambona de Petro para manejar un conflicto laboral, trayéndole problemas insoslayables a la administración pública.

Desde comienzos de agosto de 2014 hasta el mes de noviembre del mismo año, varios novilleros realizaron al frente de la Santamaría una huelga que duró 117 días, para buscar la reapertura de la plaza, curiosamente en esa ocasión, Petro antes de conocerse la sentencia de la Corte Constitucional en plena huelga taurina, dijo que si el fallo le era desfavorable renunciaría a la alcaldía, pero no cumplió, lo cual demuestra su demagogia en grado sumo, amén de convertir un asunto que no era prioritario para la administración de Bogotá, en una especie de “madre de todas las batallas”, pero fue derrotado por la minoría taurina, y eso se debe tener en cuenta para la contienda electoral de 2018, ya que la terquedad y las obsesiones, ontológicamente no pueden acompañar a quien aspire a ser gobernante.

El actual alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, a regañadientes ha tenido que permitir la reapertura de la Santamaría, acatando el fallo de la Corte Constitucional, sin embargo está promoviendo un proyecto de ley, presentado el año pasado por el senador Carlos Fernando Galán, que busca proteger a los toros contra el maltrato, además de que las ciudades puedan prohibir la fiesta brava a través de acuerdos de los concejos municipales.

Como sabemos las leyes se deshacen como se hacen, pero fundamentalmente para el caso de la tauromaquia antes de tomar medidas jurídicas apresuradas hay que mirar el aspecto laboral, teniendo en cuenta también el bloque de constitucionalidad sobre las minorías culturales, reconocidas por la UNESCO en sus convenciones.

A Gustavo Petro, quien en la actualidad maneja un discurso ambientalista, se le olvida en su monserga que para prevenir el desastre ecológico por el calentamiento global de los gases de efecto invernadero hay que replantear los conceptos de Estado, gobierno y fronteras, pues él, como aspirante presidencial, debe saber que el “placer de mandar” del que habló Rousseau, tiene que ser replanteado, porque ya no se trata de sentirse superior a los demás cuando se está en el manejo de la cosa pública, desconociéndoles sus derechos como le ocurrió al exalcalde con la minoría taurina, sino que la tolerancia y el diálogo social son los ejes fundamentales de la convivencia humana.

Entonces para promover que una causa justa sea universal, como la defender la vida en el planeta ante la hecatombe ambiental, o respetar el derecho al trabajo de una minoría, siempre debe estar acompañada de la comprensión y la sinceridad, cualidades de las que ha carecido el antiguo burgomaestre.

Hay que hacerle un reconocimiento por el rescate del derecho al trabajo, al sindicato de los toreros Undetoc, que ha liderado las protestas en estos años del cierre de la Santamaría, contando con la solidaridad de la Federación Sindical Utrecol (Unión de trabajadores colombianos del espectáculo y la comunicación) y la central obrera CGT, ya que el trabajo como derecho fundamental no se puede perder por los caprichos de un mandatario.

Con el tiempo sabremos qué ocurrirá con la fiesta brava, pero la mesura es la mejor consejera frente a un tema que divide.

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