Rodrigo Bueno Vásquez
Opinión de Rodrigo Bueno Vásquez

Rodrigo Bueno Vásquez es un conocido asesor, capacitador y litigante en los asuntos relacionados con el derecho del consumidor de vehículos, por su experiencia de 35 años en este campo.

Nació en Barranquilla, estudió Abogacía en la Universidad Javeriana y se especializó en Derecho Comercial y en Derecho del Consumidor, e hizo el curso de conciliador de la Cámara de Comercio de Bogotá, obteniendo la formación necesaria para desempañarse en el campo de su especialidad.

Sus recomendaciones se tuvieron en cuenta en la Ley 1480/11 que ahora regula las relaciones entre los proveedores, concesionarios y consumidores de vehículos de uso personal, la publicidad y la información en los medios, la vitrina de ventas y el taller de servicio, y la forma como se deciden en la Superintendencia de Industria y Comercio los conflictos y las infracciones a los derechos de los consumidores.

Mediante una nota llamada “Dehoy.semanal”, vía internet trata estos temas con más de 10.500 abonados del sector de los vehículos, los gremios del sector y la Superintendencia de Industria y Comercio.

El Colombiano, El País, El Heraldo, La Patria, Vanguardia Liberal, Nuevo Día, La Opinión, La Crónica del Quindío, La Nación, Llano 7 días, El Meridiano de Córdoba, El Pilón, El Diario del Sur, y el sitio ¨Carros Ya¨, publican el artículo que semanalmente escribe sobre estos temas.

También absuelve con gran equilibro las consultas que le hacen los lectores, y en ocasiones intercede para que se solucionen los conflictos sin que los mismos lectores lo sepan.

Los productores, concesionarios, distribuidores de repuestos y agremiaciones del sector de los vehículos le encomiendan la capacitación del personal de ventas, postventa, publicidad y atención de reclamos para que apliquen correctamente las normas de protección al consumidor en las relaciones del día a día con los clientes, con resultados que perduran en el tiempo.

En la ciudad de Bogotá y a nivel nacional presta sus servicios profesionales a las marcas, concesionarios y consumidores ante la Superintendencia de Industria y Comercio en las audiencias presenciales o virtuales que trajo la nueva ley del consumidor, en las cuales se deciden los reclamos por calidad, idoneidad o seguridad de los vehículos.

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Formule sus consultas y comentarios a consultaslectores@rodrigobuenovehiculos.com.”

La multa de la SIC por temeridad, herramienta peligrosa

La intención de la ley es evitar que el consumidor o su contraparte obren de mala fe durante la relación de consumo.

 
Ofiina de quejas
Superintendencia de Industria y Comercio

Cuando llego al edificio donde funciona la Superintendencia de Industria y Comercio siempre tengo la sensación de que allí se pone en práctica una curiosa forma de justicia, pues el esquema que creó la ley del consumidor de que algunos funcionarios escogidos sean jueces en los procesos de los consumidores contra quienes les vendieron los vehículos genera cierta confusión de actitudes que a veces termina mal para quienes importan o venden los vehículos.

Estos jueces de la Superintendencia tienen una facultad que no tienen otros jueces, pues al dictar la sentencia pueden imponerle una multa a la parte que consideren que actuó en forma temeraria (de mala fe), y en la gran mayoría de los casos el premio se lo gana el concesionario o la marca vendedora del vehículo. No es cosa de poca monta, porque hoy en día la multa puede ser de $ 110.657.550 en los casos más extremos.

Es claro que la intención de la ley es evitar que el consumidor o su contraparte obren de mala fe durante la relación de consumo, que arranca con la venta del vehículo y termina 10 años después de que expire la garantía, o que durante el proceso quieran engañar a la Superintendencia de Industria y Comercio manipulando la información, pero eso de la multa se ha vuelto una espada de Damocles para el concesionario o la mara cuando los citan a la audiencia de fallo, sensación que el consumidor no percibe en ningún momento porque a él no le piden la declaración de renta, mientras que a la demandada le piden que lleve sus estados financieros para cuantificar una eventual multa.

A los jueces de la Superintendencia les es relativamente fácil establecer si el vehículo es defectuosos o no, pero eso de juzgar como temeraria la conducta del concesionario que se resistió a hacer efectiva la garantía porque consideraba que la falla no se debía a un defecto del producto sino a una de las causales de exoneración que consagra la ley del consumidor es harina de otro costal.

No se puede desconocer que en general las marcas y los concesionarios no tienen interés en escamotearle al consumidor los derechos derivados de la garantía (entre ellos el derecho a que se reparen sin costo los defectos del vehículo), pero de un tiempo para acá menudean los listos que llevan su vehículo una y otra vez al taller por razones medio misteriosas (ruidos, perdidas de potencia o encendido del check engine), acumulando ordenes de servicio durante varios años que el juez puede interpretar como una actitud temeraria del concesionario, que todo el tiempo obró de buena fe haciendo esto y lo otro para satisfacer al cliente, sin documentar suficientemente que la falla no existía o era una simple percepción de quien utilizaba el vehículo.

Buenos jueces tiene la Super, pero todos somos impresionables.

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