Fabio Arévalo Rosero MD
Opinión de Fabio Arévalo Rosero MD

Médico, bioquímico, escritor, consultor urbano, educador ciudadano, divulgador científico, innovador social, diseñador de ciudades saludables, Campeón del mundo atletismo, JMS, Islas Canarias). Docente universitario, investigador en salud pública. Candidato a Premio Nacional de Paz 2012. Reconocido como Mejor columnista web, Suroccidente colombiano, 2013, Fundación Correo del Sur. Presidente Sociedad Colombiana de Ciencias del Deporte. Autor de obras como: ‘Café para el alma, lecturas para ser feliz’, ‘Activarse más, nutrirse bien, vivir mejor’ y ‘El deporte como fenómeno social’. Líder y creador del proyecto internacional: ‘CIUDAD FELIZ, una forma distinta de vivir’.

La fábula política qué enseña a no votar por políticos tradicionales

'Mouseland' es una fábula política original del político canadiense Clarence Gillis.

 
Mouseland
Mouseland

Fue hecha famosa por Thomas Douglas en un memorable discurso en el parlamento canadiense en 1962. Douglas fue un prominente político socialdemócrata canadiense.

Condujo el primer gobierno socialista de Norteamérica e introdujo el sistema de salud público universal en Canadá. Cuando el CCF (Federación Cooperativa de la Commonwealth) se unió con el Congreso del Trabajo Canadiense para formar el New Democratic Party, lo eligieron como su primer líder federal. En 2004, lo votaron “el canadiense más grande” de todos los tiempos en un concurso televisado a nivel nacional.

En esta historia, su sentido y significado es aplicable a cualquier país latinoamericano y a muchos del mundo. Países con gobiernos producto de un bipartidismo que se alterna el poder o hacen coaliciones como la llamada Unidad Nacional, produciendo enorme atraso y deterioro de la sociedad civil o del pueblo (los ratones).

La misma deja una gran lección de cultura política, haciendo reflexionar sobre la importancia de votar con libertad e independencia. Parece hecha para estos tiempos, donde aparentemente seguimos en las mismas por décadas, bajo el dominio de la misma “clase politiquera” que se alterna el poder, más en beneficio de una minoría dominante, los gatos.

La lección está servida: no seguir eligiendo a los mismos gatos gordos, en cualquier presentación, color o coalición. Escoger a líderes legítimos que representen genuinamente al pueblo (los ratones). Aquí está la historia adaptada a nuestro medio del original de Gillis:

 

 

 

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