Ariel Peña
Opinión de Ariel Peña

En  la actualidad soy columnista de Minuto30, el Espacio, Debate, Periodismo sin Fronteras, Centro de Pensamiento Primero Colombia y colaboro desde hace 13 años con El Tiempo en el Foro. También he escrito para El Catolicismo, el Nuevo Herald, La Jornada de Mexico, el País de España, el Periodico y Extra, entre otros,  además soy autor del libro “Democracia y Fetichismo”.

La Constitución del 2016

Las 297 páginas del acuerdo final entre el gobierno y las Farc en La Habana son una nueva Carta Magna para Colombia paralela a la de 1991.

 
Santos, Timochenko y Santos - Pulzo.com
AFP

El acuerdo prácticamente queda convertido en una supraconstitución, en el que las dos partes firmantes tienen que estar de acuerdo para derogar cualquiera de los puntos.

Por ello 2 de octubre al votarse por el Sí, Colombia entrará en un nuevo orden constitucional llegándose a un galimatías institucional.

Habrá que saber ¿cuál de las constituciones hay que obedecer? Tendrá prioridad la del 2016, porque hará parte del bloque de constitucionalidad que el gobierno tendrá que respetar a pie juntillas, ya que  el  nuevo orden jurídico le pertenecerá al  gobierno y a la narcoguerrilla, en partes iguales del 50% por ahora.

Con la nueva constitución las Farc van a aplicar con toda rigurosidad su principio de la lucha de clases, que para los seguidores del engendro marxista no es como algunos creen por las reivindicaciones  sociales de la población, sino que dentro de la perversidad comunista es básicamente un ajuste de cuentas o vendetta  en contra de sus enemigos políticos, y para ello las Farc van a contar con el Tribunal Especial de Justicia y la Comisión Nacional de  Garantías de Seguridad.

Las enseñanzas de la secta marxista-leninista que siguen las Farc son similares a las de una mafia, porque en el caso del narcotráfico, por ejemplo, las pandillas que están en ese negocio ilícito buscan enriquecerse enorme y rápidamente, y la mafia marxista  pretende mediante la violencia y la mentira tomarse el poder del estado para siempre, como ocurre con la dictadura de los  Castro en Cuba, la monarquía comunista de los Kim en Norcorea y la camarilla marxista en China.

Y los narcoterroristas en Colombia son más ambiciosos no solo quieren el poder para siempre, sino que también buscan seguir como cartel de la droga en otras condiciones, para convertir al país en un narcoestado.

Es indudable que las Farc con su partido político en la legalidad  van  a evadir el debate ideológico, porque defender las enseñanzas y los sofismas marxistas es una misión imposible, ya que es evidente la falta de vigencia histórica de semejante bodrio, pues a pesar de que el sátrapa de Lenin decía que “ el marxismo no es un dogma, sino una guía para la acción” eso es  una entelequia, ya que la doctrina de marras tiene una concepción totalitaria que no le permite ser dialéctica, y sus miembros obnubilados por el poder se creen predestinados para  someter a sus instintos insanos a los pueblos.

Precisamente de acuerdo a lo anterior en el siglo XlX, sabiendo que la historia es  madre y maestra, los libertarios quienes desenmascararon al señor Karl Marx en la Primera Internacional de los Trabajadores a través de Bakunin, afirmaban: “el señor Marx desconoce por completo un elemento muy importante en el desarrollo histórico de la humanidad: se trata del temperamento y carácter particular de cada raza de cada pueblo, temperamento y carácter que son naturalmente a su vez los productos de una multitud de causas etnológicas, climatológicas y económicas, así como históricas”.

Entonces no es cierto que el marxismo haya sido mal interpretado o mal aplicado, como argumentan algunos, ni tampoco que se hayan desviado los principios de Marx, sino que desde su inicio se conocieron los fundamentos burocráticos y criminales de ese engendro, el cual busca montar cáfilas utilizando un discurso engañoso  y miserabilista,  para atraer a las masas y tomarse el poder en las naciones, por los siglos de los siglos.

El plebiscito del 2 de octubre con el que pretenden instaurar otra constitución  bajo la égida de las Farc, trae un gran interrogante: ¿cuál será el futuro del país?

Y para muchos  lo que suceda el primer domingo de octubre en Colombia lo consideran como la “madre de todas las batallas” entre la paz y la guerra, siendo ese reduccionismo absolutamente falso, porque si acaso a lo único que se va a llegar es al fin de un conflicto político militar, generado  desde hace 52 años por la guerrilla marxista de las Farc para llevar al pueblo colombiano a una esclavitud política.

Las organizaciones  populares de Colombia no existen en los acuerdos finales entre el  gobierno y las Farc, porque en el documento de 297 páginas se menciona muchas veces a las organizaciones sociales, pero solamente con nombre propio aparecen únicamente la Marcha Patriótica y el Congreso de  los Pueblos, entidades de las que se conoce su prosapia, de ahí que las miles de organizaciones sindicales y sociales que existen en el país son completamente ignoradas en el susodicho acuerdo, desconociendo absolutamente a las más representativas en la sociedad civil.

Por ello precisamente en la campaña electoral para el plebiscito los diferentes gremios, sindicatos, juntas de acción comunal, y todo el conjunto de organizaciones populares que no van a ser tenidas en cuenta en la supraconstitución del 2016, deberían pronunciarse ante tamaño desconocimiento, denunciando semejante despropósito.

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