Opinión

Carlos Avilán

La becerrada rosarista

Sin recaer en la dicotomía cliché, si hay que permitir o no, la “fiesta brava” –bienvenido el debate.

Caminamos cuesta abajo, desde una de las partes más empinadas de una montaña y finalmente llegamos hasta una profunda caverna de hace miles de años atrás.

Así me sentí cuando vi la sección social de una famosa revista. Tantos cambios sociales, revoluciones, evoluciones, movimientos libertarios etc., no sirvieron de nada.

Era un evento realizado por jóvenes estudiantes de la Universidad del Rosario -de jurisprudencia más exactamente-. Era la peña taurina de la universidad para “que las tradiciones taurinas no se pierdan”.

¿Cuáles tradiciones? ¿La tradición taurina? Esa tradición taurina que fue heredada a medias de los españoles y que nos pone en tela de juicio nuestra cultura.

¿Dónde queda nuestra verdadera identidad? Al parecer recae en ver morir a un toro de una manera digna o con honor – como ellos argumentan-.

Bueno, pero sin recaer en la dicotomía cliché, si hay que permitir o no, la “fiesta brava” –bienvenido el debate-. Ahora aparece que el evento era para recaudar fondos para becas de estudiantes de la universidad -¿Luego no era para recuperar nuestras prestigiosas tradiciones?

No sé cuánto dinero para becas reunieron en 2 horas y media, en un evento esporádico, al que no asisten más de 100 personas, y en una universidad donde el costo de matrícula en promedio es de 10 millones. No creo que muchas.

Nuevamente recaemos en ese círculo vicioso, de quienes pretenden pertenecer a una supuesta élite –a la que no entraron-, que vieron en fotos a personajes del poder nacional, en la Plaza Santamaria, hace algunos años, cada ocho días para el “dejarse ver” y que disfrutaban de tan “magno evento”.

Lamentablemente lo que me preocupa es que estos jóvenes hacen parte del futuro de nuestro país. Con esas ínfulas de poder, de supremacía social, que pretenden liderar a Colombia, si eso es así, apague y vámonos.

Demandamos jóvenes con ideas innovadoras, que tengan como objetivo transformar a Colombia en una potencia en desarrollo, niveles altos de vida, y dejar atrás, en el olvido, a la Colombia corrompida, de los últimos siglos -la del JetSet-.

Lo que sí parece el objetivo de estos jóvenes asistentes del evento, fue el simplemente “dejarse ver”, a costa de supuestas obras de caridad, y en definitiva aparecer en el JetSet criollo. Finalmente lo lograron, bien por ellos, mal por Colombia.

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