Opinión

Ariel Peña

En la actualidad soy columnista de Minuto30, el Espacio, Debate, Periodismo sin Fronteras y el Centro de Pensamiento Primero Colombia

Esquirolaje comunista

Se considera como esquirol a una persona o grupo, que durante una protesta o huelga se alía con la contraparte para romper la movilización.

Situación que por estos días vive Colombia, por las políticas sociales y económicas del gobierno de Santos con la reforma tributaria y el pírrico aumento en el salario mínimo, además de otras medidas hambreadoras que afectan especialmente a los sectores populares.

Pero las invitaciones que han hecho diferentes organizaciones a la protesta son consideradas por el portal Anncol (que es pro Farc y que desde luego sigue los dogmas marxistas-leninistas) como “fascistas y uribistas que llaman a un golpe de Estado en contra del presidente Santos”. Semejante adefesio del comunismo totalitario se circunscribe dentro del esquirolaje mas ramplón, para buscar desanimar y desmovilizar a las masas.

Personas cercanas al Centro Democrático del expresidente Uribe hace algunos días pidieron a esa colectividad, promover protestas sociales y políticas en contra del gobierno de Santos, situación que es a todas luces legitima y normal, porque un partido moderno ubicado en cualquier parte del espectro político debe necesariamente comprometerse con la lucha social, o de lo contrario no pasaría de ser una simple secta.

También hay que reafirmar que la protesta social no es patrimonio exclusivo de ningún movimiento política en especial, ya que ello es inherente a todos los seres humanos que buscan mejores condiciones de vida.

En la historia de la humanidad el marxismo-leninismo ha sido el máximo esquirol y traidor del movimiento de los trabajadores, siendo el culmen más protuberante el contubernio que realizó el Partido Comunista Chino con las grandes transnacionales hace cerca de 40 años, para superexplotar a los obreros de ese país asiático, repartiéndose la plusvalía, creando el neoliberalismo que impulsó la flexibilización laboral, y condenó al desempleo y al hambre a millones de trabajadores en el mundo.

Esa patraña desarrollada por la camarilla comunista china fue para que la dictadura marxista se prolongara por toda la eternidad, pues sabía que el sistema socialista era un fracaso total y absoluto y, por eso optó por la economía de mercado.

El esquirolaje comunista ha sido prolífico en diferentes partes del mundo. Por ejemplo, en la Unión Soviética y sus satélites de Europa oriental, el sindicalismo libre fue perseguido por las burocracias marxistas que encarcelaron y asesinaron a miles de dirigentes.

Allí quedó demostrado el antagonismo entre el comunismo totalitario y el sindicalismo, porque el dirigente polaco Lech Walesa desarrolló una heroica lucha en contra de comunismo con el sindicato independiente Solidaridad en la década de los 80 del siglo XX, que llevó a la bancarrota al “socialismo real” en los países de la cortina de hierro con la caída del muro de Berlín y la debacle de la URSS. A Walesa lo acompañaron como sepultureros del comunismo totalitario en el viejo continente Ronald Reagan, expresidente de EE. UU., y el papa San Juan Pablo ll.

En Latinoamérica el marxismo con su máscara del socialismo del siglo XXl también ha sido verdugo del sindicalismo libre. Por ejemplo, en Venezuela el trastornado Hugo Chávez comenzó su gobierno en 1999 persiguiendo al sindicalismo que no era marxista, hasta que lo atomizó, creando unas centrales de bolsillo para sus propósitos dictatoriales y hegemónicos. Cabe resaltar que miles de dirigentes sindicales han sido víctimas del régimen chavista.

En Ecuador el gobierno de Rafael Correa, siguiendo la cartilla neomarxista, ha conducido en estos 10 años de gobierno prácticamente a que los sindicatos desaparezcan, ya que al igual que en Cuba, Norcorea y los países que aun se encuentran bajo la férula del comunismo, el sindicalismo es una simple correa de transmisión del partido como enseñó el genocida de Lenin, y por eso los gobiernos del socialismo del siglo XXl en Latinoamérica han buscado que las organizaciones de trabajadores sean simples apéndices de las catervas marxistas leninistas.

Para el caso colombiano, en la presente situación nacional por las medidas antipopulares que ha impulsado el gobierno, necesariamente tienen que conducir a la protesta social, pues en temas como el de la reforma tributaria que busca disminuir el hueco fiscal, ello se convierte necesariamente en una pesadilla para las capas medias y los grupos más vulnerables de la sociedad, pero de paso una parte de esos recursos se convertirán en un regalo reservado para la narcoguerrilla por los acuerdos finales, así sus cabecillas digan lo contrario, ya que el de déficit fiscal en el 2016 fue del 3.6 % del producto interno bruto, lo que representa una cifra cercana a 30.5 billones de pesos.

Entonces la plata del posconflicto no va caer del cielo como el maná, si no que la reforma tributaria hará un buen aporte para la “distención” con las Farc.

Así como el marxismo-leninismo ha sido el más grande esquirol en contra de los trabajadores en el mundo, también a esa monstruosidad hay que considerarla como la expresión máxima de la ultraderecha, porque si nos vamos a la Revolución Francesa en donde se originaron los términos izquierda y derecha, perteneciendo a la primera los asambleístas que querían el cambio de gobierno y la renovación del estado, y ocurriendo lo contrario con la derecha que buscaba la perpetuidad del gobierno y la defensa del statu quo, de acuerdo a esas consideraciones en actualidad nos encontraríamos que siendo el comunismo totalitario que de una manera criminal y enfermiza no permite el cambio de régimen, cuando se encuentra en el poder, así tenga que asesinar a millones de personas, es indudable que el termino ultraderecha se le debe aplicar única y exclusivamente a las dictaduras marxistas leninistas, teniendo ejemplos al canto como Cuba, Norcorea, China y Vietnam y por ese camino en Latinoamérica con el castrocomunismo también van Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador.

En una anterior columna explicábamos como el marxismo fue el padre del fascismo, al referirnos a Benito Mussolini su fundador, personaje salido de las canteras sofistas de Karl Marx, pero además el comunismo totalitario propició el fortalecimiento del nazismo en Alemania, al aliarse en el parlamento con los nazis en 1930, de ahí que el periódico soviético Pravda no dudó en elogiar al partido de Hitler, diciendo que su comportamiento es “mucho más proletario” que el de los socialdemócratas, lo cual es una demostración palmaria de lo perverso que ha sido el marxismo-leninismo.

Así las cosas las movilizaciones sociales que se realicen en Colombia deben estar acompañadas de un espíritu pacifico, democrático y libertario, repudiando las practicas del comunismo totalitario, que producto de sus intenciones oportunistas e insanas no le interesa el bienestar del pueblo, sino que siguiendo su estrategia absolutista intenta mediante engaños aparecer como defensor de la causa social, cuando la historia nos dice que no solo ha sido el peor esquirol de los trabajadores, sino que además es uno de los máximos enemigos que ha tenido la humanidad en toda la historia.

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