Opinión

Rodrigo Bueno Vásquez

El reloj del tiempo de las reparaciones por garantía

El Decreto 735/13 establece que toda reparación por garantía se debe hacer máximo en 30 días hábiles, plazo que no tiene soporte técnico.

Los talleres de servicio son como las clínicas, en que los pacientes no deben estar más tiempo del estrictamente necesario, y hay que darles de alta lo más pronto posible para que estén en casita o dedicados a sus ocupaciones habituales.

Cuando un vehículo ingresa al taller para una reparación por garantía se activa un reloj similar a aquel que indica, cuantos días, horas y minutos le quedan al Año que se Va, pues el Decreto 735/13 establece que toda reparación por garantía se debe hacer máximo en 30 días hábiles, plazo éste que nadie sabe de dónde salió o qué soporte técnico tiene, han podido decir que el plazo máximo para efectuar la reparación es de 15, 30 días hábiles o 45 días hábiles, teniendo en cuenta la naturaleza del bien o del defecto de fabricación que se va a reparar por garantía.

Se supone que para establecer el plazo los funcionarios que diseñaron el decreto consultaron a los expertos en reparaciones automotrices, pero a lo mejor su investigación se limitó a escuchar la opinión de los mejores siquiatras, para que les dijeran cuál es el tiempo máximo que soporta una persona en estado de ansiedad o de indignación contenida.

Sin embargo, el Decreto 735/13 contiene un ¨plan B¨, pues dispone que, si el concesionario o la marca advierten que la reparación por garantía tomará más de 30 días hábiles, pueden prestarle un vehículo sustituto al cliente y tendrán otros 30 días hábiles (¿o son 60) para llevar a cabo la reparación.

De esa manera se mitiga la molestia del cliente que no cuenta con su medio de transporte o se sonroja cuando los amigos le dicen que su vehículo es un fiasco, y que es mejor que se pase a la marca que ellos utilizan.

Nadie sabe si el vehículo hay que prestarlo el día 2 o el día 29, pero no es fácil que un concesionario o una marca le suelten un vehículo por mucho tiempo a una persona que en su molestia puede darle uso extremo o llegado el momento negarse a devolverlo.

Muchas veces estos matrimonios temporales se vuelven permanentes, porque el usuario del vehículo prestado se encariña con el automotor al que no le encuentra los defectos del que tiene en casa, y la unión se formaliza cambiando un vehículo por el otro, poniendo o no una suma adicional, y todos tan contentos.

El reloj que marca el tiempo del Año que se Va debe estar en la entrada del taller de servicio, y quienes pasan por ahí deben tener presente que el tiempo que queda para hacer la reparación por garantía es el mismo en Nueva Zelanda o en Bogotá.

A su vez, los consumidores a quienes les prestan el vehículo mientras le reparan el suyo deben tener presente que “a caballo regalado no se le mira el diente”.

 

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