Guillermo Franco / El diablo es puerco
Opinión de Guillermo Franco / El diablo es puerco
Escribo sobre medios, especialmente.

El lado oscuro de Édgar Perea

“En nuestras culturas, la muerte todo lo cubre y en los días de duelo reescribimos la historia del fallecido para endulzarla”.

 

La reflexión la hizo en diciembre de 2013 la columnista de El Tiempo Salud Hernández Mora, a propósito de la muerte del cantante vallenato Diomedes Díaz, a quien le echaba en cara: “Su vida de excesos, el crimen de una chica, el machismo feroz del que hacía alarde”.

De Diomedes a Perea hay una gran distancia (la negativa comparación es desproporcionada), pero nuestra exaltación por haberse hecho a puro pulso y alcanzar la cima del éxito (más meritorio aún por ser afrodescendiente) y haber transmitido ‘las gloriosas gestas del deporte nacional’ no nos pueden ocultar la faceta de incitador del patrioterismo, el sectarismo, la intolerancia y la violencia.

¡Aquí sus fanáticos pueden invocar su famoso coro celestial!

Sí, a Edgar Perea le reconocerán un espacio en la historia de la radio por poner un sello con su estilo personal a las transmisiones radiales, que ha sido heredado por toda una generación: el estilo de la gritería (como lo denominaría el columnista Ómar Rincón).

Si hubiera manejado su fanatismo por el Junior como manejó sus afinidades políticas, hubiera terminado cantando ¡Millonarios, tu papá! (O América, Once Caldas, Tolima…)

Y se lucró de todo eso, porque muy en el fondo nos interpretó como pueblo. Hasta la élite de este país le reconoció su poder, tanto que se jactaba de que Noemí Sanín, en alguna nefasta época ministra de Comunicaciones, le preguntaba cuánto quería que lo sancionaran.

Lamentablemente, usando nuevamente las reflexiones de Hernández-Mora sobre Diomedes, tenemos que reconocer que su legado tendrá más impacto en nuestra sociedad que el de filósofos, pensadores, religiosos o intelectuales.

El ‘Campeón’

Un repaso a su vida muestra que Perea fue más una caricatura de ese colombiano que cree estar por encima de todos. O sea, de ese ‘usted no sabe quién soy yo’ que tanto usan muchos para pasar sobre los demás.

Solo basta enumerar varias de sus historias para comprobarlo. Por ejemplo, está el famoso corito celestial, que era esa invitación de Perea para que el público futbolero lanzara madrazos contra los árbitros.

Pese a que en una entrevista el locutor dijo que esa era una forma de evitar que los hinchas actuaran con violencia, lo cierto es que pedir madrazos es en sí una forma de violencia, pues una persona tan popular como Perea tenía el poder de mover las masas. La violencia es una sola, ya sea verbal, psicológica o física.

También está el episodio en el que regresó al Metropolitano después de una sanción que le impuso el Ministerio de Comunicaciones. Perea, entonces, decidió hacer una entrada triunfal y ahíto de popularidad llegó al estadio en un helicóptero. Este hecho, sin duda, aplaudido por sus miles de seguidores, no fue más que una flagrante demostración de soberbia.

O incluso hay que recordar cuando llamó ave de mal agüero a Gustavo Llanos, el popular ‘Cole’, símbolo del hincha fiel de la Selección, después del Mundial de 1994. Llanos puso una tutela contra Perea y 20 años después le dijo a El Tiempo que cuando regresó a Barranquilla en ese momento sintió miedo porque muchos le gritaban ‘salado’. Matoneo.

El mismo Perea solía presumir de ese ‘poder del micrófono’, al punto de que hace un año y medio le contó a una periodista que durante un partido del Junior, en el estadio Romelio Martínez, pudo influir con su narración para que el árbitro terminara el juego antes de tiempo.

Pero, ¡ay de que le quitaran ese poder! En noviembre de 1999, cuando era senador, le negaron una proposición durante un debate y, según Semana, le apagaron el micrófono. Eso es potestad del presidente de la corporación, que es la autoridad que se debe respetar en esas discusiones.

Perea reaccionó con gritos, arrojó un vaso, estrelló contra el escritorio el comunicador que tenía cerca, manoteó una silla y salió enfurecido del recinto.

Mejor dicho, le faltó decir: “Ustedes no saben quién soy yo… ¡Yo soy el campeón!”.

De hecho, parece que eso fue más o menos lo que le quiso decir al columnista Andrés Hurtado García, que en febrero de 1999 cuestionó en El Tiempo los altos salarios de los congresistas, su trabajo y que no respondieran las llamadas de los ciudadanos.

Perea le envió una carta a Hurtado García, y él reprodujo algunos fragmentos en otro texto. La misiva de Perea tenía varias frases que harían sentir envidia al mismo Nicolás Gaviria que amenazó con enviar a dos policías al Chocó:

Qué fácil es calumniar e insultar a un parlamentario, pero cuán difícil es ser parlamentario. Debes saber que de 40 millones de habitantes que somos los colombianos, sólo 267 pueden ser parlamentarios”.

Los parlamentarios que viajan en representación de Colombia al exterior deben hospedarse en hoteles cinco estrellas acorde (sic) con su investidura y pagan 200 dólares por noche”.

Los senadores no podemos pasarle al teléfono a un estúpido mamador de gallo como tú”.

Pero ese no es el único episodio de su vida como congresista que generó controversia: Perea fue fiel representante de ese ‘voltearepismo’ que tanto abunda en la política colombiana.

El 18 de junio de 1998, cuando ya se había ganado su curul en el congreso, invitó a votar abiertamente por Horacio Serpa durante la transmisión de un partido entre Dinamarca y Sudáfrica por Caracol Radio:

Horacio Serpa toma Cerveza Aguila y todo el grupo toma cerveza Aguila. Si Horacio Serpa Uribe, presidente de Colombia, vota por Horacio Serpa el próximo 21 de junio, la oligarquía será derrotada por el pueblo colombiano, en el nombre de Serpa”.

Por esa declaración, como lo informó El Tiempo en su momento, el Ministerio de Comunicaciones sancionó en octubre de 1998 con tres días fuera del aire a Caracol Radio, y Perea reaccionó con dos frases contra el gobierno de Andrés Pastrana:

Es una de las atrocidades que se pueden vivir en un revanchismo. Es el precio de la derrota y la prepotencia de la victoria”.

Semana recuerda otras palabras contra la administración de Pastrana que Perea lanzó durante su primer año en el Senado:

Soy muy caro para las pretensiones del gobierno. Si creían que podrían comprar a quienes estuvieran en contra de la reforma política, no alcanzaría la plata”.

Las frases, además, muestran la prepotencia del locutor:

Si querían darme un apartamento, ya tenía cuatro, y si la oferta es un carro, ya tengo el mismo número, y todos Mercedes Benz”.

Sin embargo, Perea fue cambiando su posición contra ese gobierno: en marzo de 1999 pidió que borraran su firma de una moción de censura contra Néstor Humberto Martínez, ministro del Interior de la época, reseña Semana, y tres meses más tarde, dice la revista, lanzó esta frase:

En estos momentos es necesario acompañar al presidente (Pastrana)”.

Luego, en 2002, Perea apoyó a Álvaro Uribe, y no a Serpa, y en 2008 Uribe lo nombró embajador en Sudáfrica.

Después de leer esta nota, los fanáticos del Campeón pueden invocar su famoso coro celestial.

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