Echemos vaina
Opinión de Echemos vaina

Este blog se escribe a dos manos. La una pertenece al entomólogo de la especie humana y profesor demérito de la Universidad de Rangún, Néstor Nudoshi Pote. La otra mano pertenece al odontoagricultor y periodista border Natalicio Carpene. Se especializaron en descubrir historias optimistas sobre personas con muy mala suerte.

El filósofo que quedó en nada

Es el espacio propicio para reflejar un desamor, una ruina, un empate a ceros o para identificar los logros de un fracasado.

 

Después de casi tres años sin hacer algo productivo y de ser considerado por su esposa como un bueno para nada, el filósofo de las antinomias Lucio Lappa Radoja publica como si nada un libro que trata precisamente de eso: la nada.

A continuación, una reflexión para nada clara sobre este texto que en palabras del autor “no pretende nada”.

¿La Nada… es nada? Antes que nada, esta es la primera pregunta que da inicio a todo lo que se ha generado en esta obra. Si la Nada es nada, ¿por qué el pez nada? Si la Nada es nada ¿cómo es que cada nada solo pienso en definir la nada? Si la Nada no es nada y es por tanto algo ¿con qué fin hablar de algo que no está nada claro?

Principalmente creo que escribo sobre la nada para hacer notar eso mismo: que la Nada es algo y debido a que es algo la concebimos, al menos, para que todo no quede en nada. La Nada es el espacio propicio para reflejar un desamor, una ruina, un empate a ceros o para identificar los logros de un fracasado.

A la Nada la podemos hacer presente análogamente en el cero, en el vacío, en la calvicie, en la impotencia sexual, en el desempeño de un estudiante vago, en el silencio, en las pérdidas y los sinsentidos. Y es ahí, en la nada que al hombre contemporáneo aún le queda algo para reconstruirse y para estar completamente seguro de que no haya nada mejor. La Nada que le queda al humano es considerarlo Todo. La consideración de la Nada implica una nueva perspectiva, volverse un nadador en el mundo de la nada.

Sugiero una forma alterna de entender la vida en la cual pueda asumirse, íntimamente, que negarse es el único modo de afirmarse, que irse es la manera de estar, que destruirse es una forma de construcción, que perder es ganar, que no ser es Ser, que el silencio es más elocuente que la voz, que el vacío llena más que la presencia, que el cero cuenta más que la unidad, que mi exceso de pobreza es mi riqueza, que mis carencias son mis virtudes y que el hueco define al roscón.

Y es que al final, lo único que realmente queda de escribir esta obra es una sensación de no haber aportado nada.

En la foto, el filósofo de las antinomias contemplando la nada.

Nota: Las opiniones expresadas solo comprometen a su autor y no pueden considerarse una posición oficial de Pulzo.com.

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