Opinión

Andrés Piñeros Latorre

El de cien mil, un billete difícil de tener y de cambiar

Los días pasan y el peso se sigue devaluando.

Sin embargo todavía no cae en mis manos uno de esos ansiados billetes de cien mil pesos. La cara del presidente de imagen bonachona, pero enérgico mandatario, recordado por ser un reputado economista y especialmente por haber mandado a dormir a los colombianos, en 1970, luego de que el exdictador Gustavo Rojas Pinilla pareciera ganar las elecciones, dentro del esquema del Frente Nacional.

Sin embargo, como me decía un amigo campesino, mientras se hable y se recuerde a alguien, es como si esa persona siguiera viviendo. Así la imagen de Lleras Restrepo, para no confundirlo con su primo Alberto y mucho menos con su nieto Vargas Lleras, vuelve a estar vigente. Él, como la mayoría de los hombres pequeños, fue un presidente enérgico y logró poner a marchar la economía del país.

El protagonista, el emblema de un billete, cuyo valor parecería muy alto, fue protagonista de buena parte de la segunda mitad del siglo XX. Y, tal vez por ser un reconocido economista, el “chiquito Lleras” será el símbolo de lo difícil que resulta alcanzar esa cantidad de dinero para los colombianos y del inmenso esfuerzo que significa tener uno de esos billetes.

Es así como alcanzo a recordar cuando la más alta denominación de un billete era cien pesos para que luego apareciera el de quinientos, de un color rojizo y que fue fácilmente copiado o más bien falseado.

Aunque para muchos este nuevo billete de cien mil pesos parece de una denominación demasiado alta; si se compara con los valores de otros países, como el dólar americano o el euro. Nuestro billete de cien mil pesos es bastante menor. Frente al de quinientos euros, que viene a ser de más de millón y medio de pesos, o el de cien dólares, que día tras día va subiendo, acercándose a más de trescientos mil pesos colombianos.

Con la llegada del billete Lleras, desaparece, poco a poco, el de mil de Gaitán. Así, volviendo a la teoría de que los seres humanos viven mientras se hable de ellos, Jorge Eliécer Gaitán pasará a un segundo plano.

Y en un país como Colombia que, según dice la ministra de educación, Gina Parody tiene más del 6% de analfabetismo, los billetes pueden tener una función pedagógica. Sin embargo, probablemente Lleras será conocido por pocos de los colombianos, ya que billetes de esa denominación estarán en pocas manos de los colombianos.

Así, el sueldo mínimo pasará a ser de un poco más de siete billetes. Pero mi pregunta seguía siendo ¿cuándo veré y tendré en mi mano mi primer Lleras, mi primer billete de cien mil? Pero tal fue mi curiosidad que, el otro día que tuve que hacer una vuelta en un banco, le pedí a un cajero que me mostrara el famoso billete. Y él y yo estuvimos de acuerdo con que ese papel verdoso, parecido al euro, no es especialmente bonito. Aunque no hay duda de que tiene buenas normas de seguridad como una especie de flor morada en relieve.

Ojalá que, como se ha logrado con otros personajes que aparecen en los billetes, el de cien mil sirva para promover la memoria del expresidente colombiano. Como lo han hecho los de otras denominaciones con el científico Julio Garavito, el escritor Jorge Isaacs, el prócer Santander y la heroína Policarpa Salavarrieta.

Sin embargo, en el caso de Carlos Lleras Restrepo será difícil que el común de los mortales pueda acceder a este billete prontamente.

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