Opinión

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Cuando baje la lluvia

Colombianos se refugiaron en Iquitos, en Perú, para huir de la guerra.

“Nunca olvidaré el rostro de mi madre tratando de evitar que a mi padre le peguen un tiro en la cabeza, pues por más que lavaba con sus lágrimas las botas del guerrillero, él no tuvo piedad y -como si se tratara de algo común- estampó una bala en la frente de mi papá y luego hizo lo mismo con ella.

Aún los recuerdo suplicantes, humillados y a pesar de que he sufrido mucho los perdono por el daño que nos hicieron y espero que la Paz sea la salida a tanta violencia y nosotros podamos decir – aunque lejos – que la justicia divina será la que determine a los culpables”, refiere entre lágrimas una de las tantas víctimas del conflicto armado en Colombia y que ahora trata de hallarse en la ciudad de Iquitos, Perú un futuro para ella y su hija.

El estruendo de los disparos terminó por despertarla y es que las ráfagas eran cada vez más sonoras y a pesar de que llovía Luz Espósito podía distinguir que el tosco y oscuro sonido era procedente de la plaza central donde horas antes se habían tomado – por cosas del destino – la última foto o registro familiar.

A tientas, la mujer y madre de tres hijos trató de encontrar la linterna para casos de apagones; sin embargo, cuando sus manos buscaban el armazón metálico se topó con la mano de su marido, quien con voz casi nula le pedía que se lance al piso pues las balas comenzaron a entrar a la vivienda como si la luna se fundiera entre las paredes.

“Prefiero morir de pie, a vivir arrodillado”

No sabían exactamente qué sucedía y mientras llegaban a gatas hasta el dormitorio de sus vástagos sintieron gritar a diversas personas y entre bulla y suplicas identificaron la voz de su vecino Reynaldo, el mismo que en vano pedía piedad y que él ni ningún otro poblador de la zona de Tibú, colaboró ni con los militares y menos con los paramilitares.

De uno en uno y con la noche como cómplice los guerrilleros sacaron de sus viviendas a cada uno de los habitantes de esta zona rodeada por el río Tibú y cuyas aguas tuvieron que empañarse con la sangre derramada aquella noche del 21 de agosto de 1999.

Las Farc no tuvieron reparos en ingresar repetidas veces a este sector conocido como la región del Catatumbo y tras instalar la cultura del miedo con secuestros y matanzas lograron apoderarse de la zona fronteriza con Venezuela y cuyos afectados tuvieron que llorar a sus muertos, saltar el desastre que les tocó vivir por sobrevivir y anteceder a nuevas desapariciones con el exilio y la búsqueda de nuevas fronteras que les permitan reiniciar una vida nueva.

“Recuerden que el eslabón más alto es ser revolucionario”

La prédica desarrollaba por los años de violencia entre los que se hallaba el Eln, las Farc y las Autodefensas Unidas de Colombia – organización liderada por Carlos Castaño – era debido a la disputa entre estos grupos fuera de la ley por el control de una de la zonas más productivas de cocaína en Colombia y por ende del dinero sucio que parió luego diversas masacres.

Mis padres tenían tierras donde habían plátanos y demás frutas pero con la llegada de la violencia tuvimos que huir con ropa encima, pues los que tuvieron la valentía o mala suerte de quedarse simplemente ahora yacen tres metros bajo tierra. Si volvemos – no lo sabemos aun, aquí estamos bien y sobre todo seguros de que moriremos por enfermedad u otra cosa, pero no por las balas de los guerrilleros”,

manifestó otra de las colombianas que muy temprano llegó hasta la sede del Consulado de Colombia en Iquitos para celebrar la Navidad.

“Si fuéramos capaces de unirnos, qué hermoso y que cercano seria el futuro”

Data desde el 26 de agosto del 2012, en la “Casa de Piedra”, en el caribeño país de Cuba, donde se firmaron los documentos que daban fe a más de seis meses de conversaciones entre el grupo armado y las autoridades colombianas. Sin embargo ha corrido mucha agua, ha pasado mucho tiempo y sobre todo se han usado recursos monetarios e humanos para llegar a un referendo que el No ganó pero a la vez perdió con creces, y que ahora en los inicios de este 2017 nuevamente toma vida para ponerle fin a un periodo de más de 50 años de matanza entre los colombianos.

Yo vine a ejercer mi derecho como colombiano y vote por el Sí pero mis paisanos allá dijeron que no y bueno, toca esperar. Nosotros que vivimos lejos de nuestra tierra sentimos que es la única salida que tenemos para ponerle fin a la guerra. Muchos dicen que no habrá justicia para los que mataron pero eso hay que dejarlo a las autoridades y sino pues tocará que Dios haga justicia divina”,

señaló Teodoro Bermúdez, un llegado de la Guajira.

“Dios se desnuda en la lluvia como una caricia innumerable”

Tratando de juntarse para la foto los colombianos apostados en Iquitos tratan de recordar la noche de diciembre en la que primero solicitaron espacio entre las plantas para poner las velas del 7 del último mes del año, para luego pasar a celebrar la navidad cafetera en una ciudad lluviosa y atestada de motocicletas, y que en muchos casos les hacen recordar sus barrios añorados de pertenecientes a los estratos 1 y 2 y a localidades que de antemano añoran – como aquella – la evocación de las suntuosas mariposas amarrillas.

Santos óleos es lo que recibía Colombia cada año con el conflicto interno que en palabras de Uribe aún no está resuelto; y además se otorga mucho privilegio a ‘Timochenko’ y compañía; sin embargo, para autodefender la paz para todos es necesaria la participación de todos (incluye a los que votaron de forma negativa), donde nadie es más ni menos que el otro y donde los crímenes y masacres no pueden venir acompañados de Ejemplos Lascivos de Nacionalidad, pues estos con el pasar de los años formaron más de medio siglo de violencia y muerte.

Cae la noche y con ello la lluvia se acrecienta para dar paso a los rayos y truenos que rememoran los estruendos de aquella fatídica noche en la que diversas familias vieron sus sueños destrozados por la ráfaga de disparos. Muchas veces la tolerancia y el respeto por la historia del prójimo están ausentes en una guerra civil como la que se libró en Colombia y de la que aún no salen por diversos motivos.

Dato: según fuentes allegadas a los colombianos en Iquitos – esta – calurosa ciudad alberga alrededor de tres mil personas llegadas desde el país del vallenato. Las funciones que cumplen son distintas y en muchos casos la mayoría está en condición de irregular o de tránsito por diferentes razones y en muchos casos son personas desplazadas por la guerra interna que se vive en dicho país.

Víctor Manuel Cachay Ch.
Iquitos (Perú)

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