La alcaldía de Enrique Peñalosa ya no sabe cómo quedar más mal con su administración; a las ya ilógicas medidas tomadas durante lo corrido de su periodo, ahora el máximo rector de los capitalinos decidió que, para disminuir los delitos cometidos por delincuentes motorizados, prohibirá el parrillero hombre en estos vehículos.

Así, como salida de entre el sombrero de un mago, esta cantinflesca medida ataca a la consecuencia sin detenerse a analizar la causa, como si no fuera mejor realizar estudios serios de seguridad para identificar la ineficiencia de la policía metropolitana que se la pasa pegada al celular en las calles y estaciones de Transmilenio, o prefiere hacer retenes más lucrativos en lugares estratégicos que proteger a la ciudadanía de flagelos como los que se pretende detener.

El artículo continúa abajo

La injusta medida, que entrará a regir a partir de la próxima semana, será aplicada a motocicletas de cilindrada igual o superior a 125 cc, es decir, al mayor porcentaje de las que circulan a diario en Bogotá, atacando directamente a las personas que utilizan este medio de transporte para abaratar en algo el altísimo costo de vida que tienen.

La mayoría de los delitos que se cometen en motocicletas no son realizados en las de alta cilindrada, sino justamente en las pequeñas, en las que pasan desapercibidas y se camuflan en medio de las miles que recorren las calles todos los días; en estas se realizan robos de vehículos, celulares y atracos, que son justamente los delitos más cometidos, así que esta imposición poco hará para reducir la inseguridad.

No existe una marcada diferencia técnica entre una motocicleta de 125 cc y una de 115 cc, por lo que el gobierno distrital lo que hizo fue impulsar la venta de estos vehículos, ya que sabemos de antemano en cuales serán cometidos los delitos de ahora en adelante; pero la gente buena, que es la inmensa mayoría y que posee una motocicleta dentro de la lista negra, fue amputada de una de sus extremidades ya que se relegó su vehículo al uso individual.

Al parecer, los muchos clubes de motociclistas que tiene Bogotá no fueron siquiera consultados antes de la instalación del decreto; tal vez estos hubieran dado muy buenas luces al distrito para implementar medidas que en verdad subsanen el dramático incremento de delitos ocurridos en motos.

Se le viene a la ciudad un panorama oscuro con esta medida, y si a eso le sumamos el aumento en las tarifas del sistema integrado de transporte, que también entra en vigor a partir de la siguiente semana, veremos a miles de personas, que antes utilizaban la moto del papá, la mamá, el hijo o el hermano para llegar a sus trabajos, estirar el salario mínimo como si fuera un resorte a punto de reventar, embutiéndose en un Transmilenio. Buen negocio para Peñalosa.

¿Y los ladrones? Ellos siempre están evolucionando para ir un paso más adelante que las autoridades, las mismas que prefieren tomar decisiones permanentes que atenten contra las mayorías, en lugar de ejercer su labor a cabalidad y atacar, con programas efectivos, al crimen.

*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan para nada la posición editorial de Pulzo.