Opinión

Andrés Piñeros Latorre

Periodista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, con trayectoria en El Espectador, Radio Melodía, Colprensa, el diario La República y El Periódico de Bogotá.

El paro educativo terminó, pero no la crisis de la educación

Parecería que para hablar de educación tuviera que haber de por medio un paro.

Sin embargo, el problema es tan complejo que debería tratarse todo el tiempo. Los asuntos de la educación no solo tienen que ver con los temas presupuestales. La calidad y la innovación; los difíciles asuntos de una actividad que siempre está por debajo de las necesidades de unos jóvenes que consiguen más conocimiento por fuera de las frías aulas.

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Al caminar por las calles, al ingresar a un Transmilenio, al cruzar por el medio de la calle, los colombianos y específicamente los bogotanos demostramos que aunque la mayor parte de nosotros ha pasado al menos por la educación primaria, nuestro comportamiento ciudadano demuestra lo contrario.

La educación es mucho más que sumar o restar, que ser capaz de leer un texto, reconociendo con seguridad los sonidos, pero no el sentido y el significado que estos ocultan. Y es por eso que temas como el arte cobran especial importancia en la educación de jóvenes de bajos estratos.

Ahora, la tecnología ha llevado a que los niños, aún casi que los bebés, puedan acercarse al conocimiento a través de los equipos electrónicos. Con algo de humor, los mayores comentamos que los pequeños vienen con el chip incorporado.

Pero frente a ello, la educación sigue siendo profundamente tradicional. Apenas hemos logrado pasar de la tiza, el tablero y la pluma. Y así mientras el mundo está conectado al ciberespacio, a la comunicación en tiempo real, a la virtualidad, los estudiantes siguen pegados al álgebra de Baldor, a las cartillas, a repetir como loritos las tablas de multiplicar, a aprender una fila de fechas sin entender el fondo de nuestra historia.

Entonces, cuál es la razón de ser de que esos hombres y mujeres salgan a las calles, que utilicen su preciado tiempo caminando por las vías centrales de la ciudad, con esas antiguas arengas de que “el pueblo unido jamás será vencido”. Y mientras los maestros dedican sus voces, sus brazos y sus manos a caminar y gritar, sus estudiantes siguen conectados a través de sus equipos electrónicos a mundos irreales, a mundos que les permiten construir otros tan distantes y mágicos.

Entonces la pregunta recurrente es: ¿qué es la educación, para qué sirve pasar horas sentado en un pupitre escuchando a alguien que se considera dueño del conocimiento?, mientras los celulares, las tablets y los computadores permiten ingresar en cercanos y lejanos universos, sin necesidad de un intermediario.

La educación actual tiene otros valores. Los niños se aburren muy rápido, mucho más que cuando nosotros éramos pequeños. La velocidad de los bits y los megas, requiere que los profesores vayan más allá de lo tradicional. Ellos están obligados a cambiar su mentalidad, a superar los estrechos límites de los cuadernos rayados y de cuadrícula.

Educación en las manos del arte

Por eso decidí acercarme a una docente de artes plásticas, de un colegio público, para buscar entender la realidad de un profesor, de un maestro de los días de hoy. “Los salarios de los maestros son de llorar”, fue lo primero que me dijo.

Además del tema de los sueldos, ella debe conseguir que cada uno de sus grupos tenga al menos 25 alumnos, para que se le pague el salario completo. “Si son menos me descuentan proporcionalmente el valor de la hora”, explica la docente, quien tiene jóvenes entre primero y noveno grado.

Otro tema preocupante es que se trabaja con las uñas, por lo que a veces ella ha tenido que poner materiales de su propio bolsillo, a lo que se suma que faltan personas para atender a los pequeños. “Han pasado seis meses de clases, y hasta ahora no me han facilitado materiales, y me dicen consígalo, consígalo”.

“Sería importante que se valorara este proyecto como un área de formación”, explica esta maestra, quien considera que una artista tiene la capacidad de ser docente, por el tipo de formación. “Yo pienso que para ser un buen profesor no hay que ser licenciado”.

“Que los niños estén vagando con el riesgo de las drogas. Eso pasa con paro y sin paro”. Lo que sí ocurre con el paro, es que se afecta la disciplina de cumplir con los tiempos, con las obligaciones por parte de los estudiantes. Pero finalmente: “hay colegios que sacan adelante el año escolar así haya paro”.

“Los niños ahora son tan complejos que se aburren fácilmente”. Dice la docente, para quien los medios digitales pueden ser un enganche, pero hay que saber usarlos. Ella opina que el medio no forma. “Yo puedo usar las tablets, los computadores, los celulares con un fin específico, pero lo importante es lograr que los jóvenes sean críticos con el medio que están usando. El medio por el medio no te ayuda”.

Ella ha usado computadores para temas de animación, “en uno de los colegios en los que estoy ahora me los prestan y los estoy usando. Hay un computador por estudiante”. Pero ella prefiera no usarlos, ya que el contacto directo con los materiales se ha ido perdiendo, aunque cree que en el futuro todo será digital.

Sus estudiantes son estratos 0, 1 y 2. Y en el colegio actual todo es muy organizado, allí tienen unos programas claros, con todo lo que requiere un colegio. “Salones dignos, con todo lo básico, sin goteras que inunden las aulas”.

Ella ha estado dictando clases desde el 2013. “Estuve en un colegio en la zona de Barrancas, era un desastre, con el sistema del castigo como forma de enseñanza, no se preocupaban por las materias artísticas, por eso pedí cambio”.

Se debe contar con programas asertivos, que sean vistos como una educación integral. Así ocurre con mi programa, que busca articularse con otras áreas del colegio, alcanzando una formación integral. “En primaria les gusta mucho el arte, pero más adelante se van distanciando. En bachillerato les gusta más la danza y la música”, dice esta maestra, quien opina que todo depende de cada colegio, del sector o la localidad donde se desarrolle el programa. “En localidades como Usme, donde están menos contaminados son más receptivos a estos programas”, comenta esta docente que busca, día tras día, que la vida de sus estudiantes se transforme gracias a la educación en el arte.

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