Opinión

Antonio Morales Riveira

Periodista, escritor. Director del programa "El café Picante" en Youtube.

Corrupción: breve historia de la infamia

La economía emergente, la economía ilegal, eso no es de ahora, eso tiene cuatro siglos.

Cara entender la corrupción de hoy, hay que saber que siempre fue así. Desde la invasión española tras el oro, desde el régimen colonial, pasando por la sucesión de las repúblicas que vivimos, las guerras civiles del siglo diecinueve, la gran guerra civil de los mil días, la república liberal de los años treinta, la hegemonía goda, el problema de la violencia, el problema del frente nacional, el post frente nacional, todo y desde siempre diseñado institucionalmente para robar.

Cuando se dio la invasión española a estos territorios poblados por unas culturas que estaban en un periodo incipiente de la construcción de un Estado, lo que se produjo fue un gran acto de corrupción y de criminalidad y el país quedó marcado desde la confluencia de lo que se llama el encuentro de las culturas entre los invasores españoles y los indígenas que resistían.

¿Qué vinieron a hacer los españoles acá? A robar, lo mismo que hace el senador de turno o el político, sus herederos directos racial y conceptualmente.

En los siglos dieciséis y diecisiete eso se conocía como bullonismo, la acumulación de oro, la expoliación y el contrabando: oro, plata, esmeraldas y después tabaco, y todo lo demás en nuestra tremebunda historia de piratería y contrabandos, que fueron el motor fundamental de la economía, como hoy lo es el desplazamiento, la cocaína y una vez más… los contrabandos.

La economía emergente, la economía ilegal, eso no es de ahora, eso tiene cuatro siglos.

Se contrabandeó con el tabaco, luego se contrabandeó con el licor, se contrabandeó con el oro, todas redes comerciales ilegales como las de hoy.

Como los paracos, como lo que pudieron haber hecho las Farc también en materia de contrabando de narcóticos y todas esas redes ilegales crearon la sustancia fundamental del delito en Colombia y de la corrupción. Para poderse mantener, las mafias tenían que corromper a todo el mundo, para poder contrabandear el oro, para poder contrabandear el café, para no pagar impuestos al Estado, para tumbar a la colectividad, para tumbar a la sociedad.

¿Qué pasó a lo largo del tiempo con ese fenómeno mafioso, contrabandista, corrupto y ladrón?

Antes de la marihuana, la industria fundamental de los corruptos era el contrabando y el clientelismo asociado, eran las esmeraldas, entonces se produjo la mafia esmeraldera, que causó violencia, que corrompió al Estado.

Luego llegó el cartel de la marihuana, que se estableció fundamentalmente en el sur del país y en la costa atlántica. Mafiosos contrabandistas herederos de España, porque no son herederos del pensamiento indígena, que es un pensamiento relativamente puro en ese sentido. Las sociedades precolombinas no eran permeables al delito, en cambio la sociedad española era una sociedad de bandidos que procedía de una monarquía de hampones, como los otros, como los ingleses y los franceses. La historia misma del feudalismo y del capitalismo.

De repente apareció la cocaína y entonces los contrabandistas y algunos nuevos criminales vieron que había otro vehículo, que había otro material con el cual contrabandear y ser mafiosos y corrompidos y apareció el narcotráfico, la segunda etapa del narcotráfico que es el de la cocaína, setentas, ochentas, noventas.

Llevamos prácticamente medio siglo en ello. Y el contrabando de cocaína, el narcotráfico, acabó de corromper a este país, lo que había sido de una medida relativa, se multiplicó de un modo gigantesco por la prohibición de la cocaína en el mundo y por los valores descomunales que tiene un kilo de cocaína en Londres o en Nueva York.

Esa gente se enriqueció a toda carrera, Pablo Escobar, los Rodríguez Gacha, y ahora sus herederos revueltos con la política de derecha y extrema derecha.

Y al enriquecerse toda esa gente, se generó la “cultura” del narcotráfico, del traqueto, del bandido, del sicario, como un gran peso que transformó la sociedad colombiana y que hizo que esa sociedad de los años sesenta y setenta, que no era generalizadamente mafiosa, se convirtiera en una sociedad mafiosa como la que es hoy.

Aquí todo el mundo tumba, no solamente la corrupción es de gran vuelo. El taxista te roba, la señora que vende cigarrillos te los cobra más caros, la policía te está robando permanentemente, gentes del ejército a veces secuestran.

Además, en un país donde solamente hay realmente un 20% de empleo porque el resto es rebusque, la pequeña ética heredada de las décadas anteriores se desmoronó con la influencia del narcotráfico y como era apenas lógico el narcotráfico no solamente golpeó culturalmente a todas las capas de la población de manera indistinta, sino que golpeó al poder también: entonces los políticos tradicionales, empezaron a aliarse con el narcotráfico, de modo político y comercial.

Santofimio está preso por el asesinato de Galán ¿quién mató a Galán? El paramilitarismo y el narcotráfico, y justamente en ese vaivén se consolidan unas fuerzas distintas que también están permeadas por el narcotráfico como la insurgencia, fundamentalmente las Farc, que fueron una guerrilla filantrópica en el sentido ideológico, pero también con vínculos con la coca.

Ese punto de quiebre en los años setenta u ochenta acabó de destrozar el tejido ético del país y destruyó la poca moral que había y al penetrar el narcotráfico todo, potenció la corrupción.

Por último, una mezcla de los ganaderos contrabandistas, de los políticos clientelistas, de militares y políticos criminales, produjo otro fenómeno de corrupción gigantesco asociado al narcotráfico que fue y es el paramilitarismo que no solamente se expandió como una fuerza ilegal anti insurgente, sino como una mafia, es decir, como otro elemento más de la corrupción.

Entonces ¿qué hicieron rápidamente?: contrabandear, narcotraficar, copar las rutas, pelear con la guerrilla por caminos y laboratorios y por las bases cocaleras.

Así surgieron demonios paramilitares mafiosos como el clan de los Castaño y todos los que están presos y no presos y los Mancuso y las autodefensas que son un cartel de la cocaína, que fueron un cartel de la corrupción.

Terminado el proceso “de paz” con ellos, el pseudo proceso que hace el señor Álvaro Uribe, se regeneran muy rápidamente en otras cosas. El general Naranjo, actual Vicepresidente, las llamó bacrim, bandas criminales, y a pesar del rebuscado nombre se produce el mismo proceso de entroncamiento con el narcotráfico y con todas las formas de corrupción, política y directa. Las bacrim y los paracos negocian con contrabando de gasolina, con las regalías…

Esa parte de la corrupción a veces insurgente pero fundamentalmente narcoparamilitar, tuvo un impacto muy duro sobre la moral y sobre la victimización de capas inmensas del país, y agreguemos que el paramilitarismo se convirtió en parapolítica.

Es decir en mafiosos paramilitares contrabandistas de droga asociados a la corrupción, que están en el congreso, tanto que ellos mismos dijeron que tenían el 30% del congreso cuando Uribe invitó a Mancuso, comandante de las bandas criminales, al parlamento.

Se reconvirtió también en una parte de la para economía, es decir empresarios aparentemente honestos que invirtieron plata en esos ejércitos irregulares para sacar dividendos de corrupción.

De tal modo que hoy vemos todos esos procesos hoy visibles, y que aparentemente son un gran escándalo. Siempre han estado y estarán, en un país abocado a la reproducción de lo mismo en la medida en que buena parte del panorama de candidaturas hacia el 2018 tienen una sujeción necesariamente con la mafia, con las mafias, con los carteles en un sentido mucho más amplio de la corrupción focalizada como la de Odebrecht.

Sobreviene el problema educativo y cultural y no solamente el problema político de tener una sensibilidad por los procesos honestos que puedan conducir a un cambio, sino que parte de una autorreflexión necesariamente: hay que pasar de la indignación a la acción.

Necesitamos trescientos años de historia mafiosa española para que hubiera narcotráfico: los tiempos son muy largos, los tiempos de la cultura de la paz, de la cultura anticorrupción, y de la construcción de la democracia. Nos va a tomar muchas generaciones salir del atolladero y aún la nación no decide salir.

Hay una frase que puede ser reveladora: “el sistema no puede luchar contra la corrupción, porque la corrupción es el sistema”.

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