Adolfo Zableh Durán
Opinión de Adolfo Zableh Durán

Adolfo Zableh Durán es periodista barranquillero de la Universidad Javeriana. Ha trabajado como empleado de planta,  colaborador y columnista en Pulzo.com, SoHo, Semana, El Tiempo, Fucsia, Terra, KienyKe, Futbolred, Diners, Caracol Radio, Señal Colombia, Credencial, Carrusel, Don Juan, Publimetro, Rolling Stone Latinoamérica y Cartel Urbano, entre otros.

Colombia para ricos

Pagamos precios de primer mundo y vivimos en Afganistán. Nos burlamos de Perú y de Bolivia y allá hay mejor cosas que acá.

 
viajarnews.com

Nunca he entendido a los extranjeros que quedan enamorados de Colombia. Digo, no es un mal vividero pese a todos sus problemas, pero de ahí a decir que qué delicia de lugar, no me quiero ir nunca de acá, hay mucho trecho.

Porque lo que ofrecemos acá hay en todo lado: mares, ríos, montañas, paisajes, comida. ¿La calidez de la gente? De acuerdo, acá recibimos bien al extranjero, parte por nuestra mentalidad abierta y alegre, parte porque somos serviles ante la gente de afuera. Argentinos, españoles, brasileños, gringos, franceses e ingleses son tratados como reyes por el hecho de haber nacido en otro lado, tener mejor pinta y un acento exótico.

Pero es eso y poco más, de resto, Colombia no les ofrece seguridad, infraestructura y ningún tipo de garantías civiles a sus propios ciudadanos, ahora lo va a hacer con los de afuera. Todo esto, a propósito de un post que ronda en internet acerca de una pareja argentina que está recorriendo el carro el continente. Diego y Maru se llaman, e hicieron público que al pasar por Colombia pagaron unos seiscientos mil pesos en peajes.

Según ello, encontraron un total de 60 durante el pasó por nuestro país, y esquivaron otros diez. Según sus cuentas, en Colombia hay más o menos un peaje cada 70kilómetros (el promedio en el resto de la región es de uno cada 110), pero que aún así nuestras vías son estrechas y están en mal estado. Huecos, mala señalización, desniveles inexplicables y otros detalles están incluidos en sus quejas.

Una vez más, un extranjero tiene que poner el dedo en la llaga para señalar lo que somos: un país pobre y caro. Pagamos precios de primer mundo y vivimos en Afganistán. Nos burlamos de Perú y de Bolivia y allá hay mejor cosas que acá.

Todo se resume a la gente, porque a la larga lo que hace de un sitio bueno o malo es su gente. Paisajes, riquezas naturales y demás vienen de fábrica, nosotros no tenemos nada que ver ahí, por lo que sacar pecho por la Amazonía, el Pacífico o el parque Tayrona no hace mucho sentido. Eso ya estaba cuando nosotros llegamos.

Colombia se volvió un lugar caro, más que todo si se mira la relación costo beneficio. Sí, cualquier alquiler de apartamento es más caro en París que en Barranquilla, pero hay que ver lo que hay de una ciudad a otra. Acá pagamos cifras astronómicas en impuestos para que el sistema funcione a medias, tenemos restaurantes con limonadas a ocho mil pesos y ensaladas de lechuga y tomate a diez mil (lo pagué la semana pasada). El metro cuadrado está al nivel de penthouse de Nueva York, pero cuando sale a la calle no está en la quinta avenida sino en la Caracas.

Seguimos tenemos unas de las gasolinas más caras del continente, y eso que el precio del petróleo está por los suelos, un mes de colegio nos lo cobran como si en vez de educar a nuestro hijo lo estuvieran canonizando para santo e incluso lugares que en otros sitios del mundo son de combate y manejan precios muy bajos, como Zara y MacDonald´s, acá están muy cerca de ser marcas de lujo.

La devaluación del peso no ayuda, pero tampoco la corrupción y la viveza del colombiano. Acostumbrados a administrar pobreza, vemos la oportunidad de obtener una ganancia ocasional de más y ahí saltamos. Y eso que no he hablado de Cartagena, que se ha convertido en un lugar para extranjeros pudientes y colombianos ricos. Hablan de abusos tipo un filete de pescado a setenta mil pesos, y eso que en esa ciudad basta con estirar la mano para sacarlo fresco del mar.

Los taxis, esos sí que no son caros. Que una carrera mínima valga cuatro mil pesos (poco más de un dólar) y que hasta el aeropuerto nos cobren entre quince y veinticinco mil pesos nos pone entre los países del mundo más baratos en ese rubro. Bien de precio, mal en la calidad del servicio, que es harina de otro costal.

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