Opinión

Daniel Ricardo Medina Vanegas

Comunicador social-periodista. Especialista en Gerencia Estratégica

Llegó diciembre con su alegría… y su caos

Salir en diciembre a recorrer las calles de Bogotá es un ejercicio que requiere de mucha paciencia y, sobretodo, de autocontrol

Natilla, buñuelos, arbolitos y canciones de antaño son solo algunas de las palabras que nos recuerdan una de las épocas más especiales del año, la navidad. No obstante, en los últimos tiempos se ha sumado una nueva, cuyo significado no es tan positivo, y que implícitamente se coló en los festejos de esta época: Caos.

Salir en diciembre a recorrer las calles de Bogotá para ver lucesitas o para realizar la compra de los regalos es un ejercicio que requiere de mucha paciencia y sobretodo de autocontrol para evitar que ese ejercicio se convierta en una horrenda pesadilla. Ahora veremos por qué.

El artículo continúa abajo

Durante el primer fin de semana del mes ya se sintió la masiva afluencia de público a las calles bogotanas y fui una víctima de ello. En horas de la mañana se me ocurrió la magnífica idea de ir a Unicentro a mirar unas “cositas” para comprarle a algunos familiares y a mi novia; no pasó mucho tiempo para que todo se convirtiera en un calvario. Salimos de la casa de mi novia, ubicada en el sector de Cedritos, para realizar un desplazamiento que en teoría no debería tardar más de 20 minutos. ¡Oh sorpresa! Trancón desde que salimos. En total, nos tomó 45 minutos llegar a nuestro destino, eso sin contar el tiempo adicional que nos demoramos para encontrar un estacionamiento libre.

He hablado con diversos conductores de los sistemas de transporte que utilizo y coinciden: el tráfico ya está empezando a ponerse más pesado que de costumbre. Las lluvias, que han inundado vías y encharcado vías enteras al mejor estilo de los arroyos en Barranquilla, solo agrandan el problema y la congestión. Por eso, los invito a que le pidan al Niño Jesús que el sol que nos ha acompañado durante las últimas mañanas nos siga acompañando durante todos los días de estas vacaciones, para que el trancón no sea peor.

Sobre el mediodía entramos a este reconocido centro comercial, en donde parecía que estuvieran regalando las cosas. Gente iba y venía con bolsas de todo tipo de almacenes, algunos de los cuales ofrecían descuentos muy convenientes; obviamente las filas eran bastante largas y el agotamiento empezaba a verse reflejado en los rostros de los compradores. Pero las ofertas en una época en donde todo sube, lo valen todo.

De regreso a casa, como no podía ser de otra manera, nos agarró un nuevo trancón, esta vez nos demoramos algo más de 35 minutos en llegar. Estuvimos de buenas, eso sí, pero aún bastante lejos de los tiempos normales de desplazamiento. Un ligero descanso sirvió para recargar energías, a pesar de que no sabíamos que lo peor de aquel día aún estaba por venir.

En la noche, Jumbo nos logró seducir con una promesa de ‘Trasnochón’, que resultó siendo la peor idea de ese trágico sábado. Luego de hacer mercado en el punto de la 170 con Boyacá con la promesa de obtener “grandes descuentos” en muchos de los productos de la tienda, algo que al final no fue tan así, ¡nos demoramos 3 horas haciendo la fila para pagar, era algo que yo nunca había visto, increíble! La fila le daba la vuelta a todo el almacén, las cajas no daban abasto, y la gente aburrida, empujando sus carritos, desocupaba los anaqueles ubicados en el pasillo 6, en donde los Cheetos picantes y los Doritos eran los productos más apetecidos de la noche.

Ante el desespero de la gente, los auxiliares del almacén solo atinaron a brindar una gaseosa caliente, mientras la tediosa espera en compañía de nuestros carritos de mercado se hacía interminable. Por fin logramos salir y aunque el ahorro fue supuestamente de $71.000 (la verdad esto para mí es un sofisma de distracción) el cansancio hizo mella en nosotros. Fueron algo más 4 horas y media metidos en ese almacén de las cuales 3 y media fueron en la peor fila que haya vivido en mi vida.

La reflexión acerca de ese fatídico día es que si usted es de los que suele desesperarse al volante o haciendo una fila, escoja el momento más adecuado para realizar sus compras de fin de año. Hágalo entre semana y si no quiere sufrir un ataque de desesperación. Recuerde que la navidad es una época para estar feliz en familia, pero eso solo depende de su paciencia y de su actitud frente a este tipo de situaciones que, por lo general, se nos salen de las manos.

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