David Esteban Parra Giraldo
Opinión de David Esteban Parra Giraldo

Profesional en Finanzas y Comercio Exterior, amante de las ciencias sociales. Critico avergonzado de la construccion cultural de este país.

Armas: mientras unos las rechazan, otros las desean

Cada desastroso tiroteo en EE. UU. despierta los debates y opiniones frente al derecho a la libre adquisición de un arma.

 
AFP

El hecho más reciente fue el asesinato de 49 personas en un bar LGTB en Orlando, Florida.

Hace algunos días, un nuevo intento de emitir restricciones al libre acceso a las armas se hundió en el senado de Estados Unidos. Cuatro medidas que buscaban enfrentar este problema y que para información de muchos, ha sido un tema de interés del propio presidente Barack Obama.

Voces a favor y en contra se escuchan en Estados Unidos, la población aterrorizada por una serie de matanzas que han escandalizado al mundo durante muchos años pone en tela de juicio la protección de la segunda enmienda, el libre acceso a las armas.

Pero por supuesto, hay quienes defienden esta enmienda y no quieren comprometer lo que les permite defenderse en igualdad de condiciones de los terroristas y delincuentes, las armas.

La anterior situación nos muestra cierta ironía, por supuesto, todo tiene su comparación hasta cierto punto, pero algo es verdad: lo que ellos tienen muchos lo desean en Colombia, y ¿para qué? Para el mismo objetivo: defendernos en igualdad de condiciones.

Son miles los comentarios, opiniones o súplicas que hacen referencia a nuestra condena; la condena de vivir en un país con altos índices de criminalidad sin tener herramientas para defendernos. Hace algunos meses nos quitaron el acceso al gas pimienta, y el nuevo código de policía sanciona el porte de este elemento con una multa.

Ahora, ¿por qué existe la restricción al uso de armas? Imaginemos una Colombia donde el acceso a las armas sea permitido.

Todos sabemos que este es un país con poca tolerancia, la iguazada es pan de cada día, los conflictos en las ciudades estallan por nimiedades y las personas tienden a solucionar sus problemas sin sensatez; pero ¿qué sensatez?

La gente está cansada de tanto gamín y sumado a eso crecimos entre la violencia. Sinceramente las soluciones primitivas del colombiano no me sorprenden.

Lo anterior hace referencia a las razones negativas por las que no estaría de acuerdo en que las personas adquieran armas, no se imaginan la guerra urbana que esto podría desatar, tiroteos en las estaciones de transporte público, en las calles, cada partido de la selección sería un festín de cuervos y no se les haga raro que la locura norteamericana, la de matar sin razón, la de matar por complejos también aparezca en Colombia.

Ahora estudiemos las razones de por qué adquirirlas. Para defendernos de la delincuencia, solo veo esa, no hay más razones que justifiquen este derecho. Los delincuentes de igual manera van a conseguir sus armas, nada se los impide y muchos se preguntan, por qué no lo hacemos también nosotros.

Un programa de séptimo día “Presos del miedo” emitido el 6 de marzo del 2016, mostraba las declaraciones y relatos de un delincuente común, algo frío y descarado, como si robar fuera una actividad más como salir a ciclo vía o jugar fútbol en un parque.

En una de sus declaraciones la periodista le pregunta:

-“ El hecho de que sus víctimas no puedan armarse, ¿es para la delincuencia una ventaja?” a lo que el malandro responde:

–“ Claro, si me sacan un arma me desinflan, es un enfrentamiento”.

Pues así es, miedo a ser víctimas de su propio ataque es la razón para que se detengan a pensar lo que van a hacer.

La discusión está abierta, pregúntese usted si este país está preparado para que cualquier iguazo tenga un arma, piénselo bien, con razonabilidad; hay una razón por la que otros países del primer mundo diferentes a EE.UU tienen políticas estrictas sobre el control de las armas. Por supuesto siempre hay que tener en cuenta el componente cultural a la hora de analizar estos escenarios.

Mientras tanto nuestras únicas armas seguirán siendo la ineptitud de un juez y el trabajo en vano de un condenado patrullero.

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