David Esteban Parra Giraldo
Opinión de David Esteban Parra Giraldo

Profesional en Finanzas y Comercio Exterior, amante de las ciencias sociales. Critico avergonzado de la construccion cultural de este país.

Al borde de perder el examen de la paz

El plebiscito se perfila como el agarradero de varios sectores para hacer cumplir sus demandas al gobierno del señor Juan Manuel Santos.

 
AFP

Y es que 8 años de su gobierno pasarán al pizarrón y estará en manos de los colombianos respaldar la gestión de paz, o echar por la borda tal proceso.

Aquellos que abogan por el “NO”, tienen un horizonte claro y posturas definidas; a cualquiera que usted le pregunte -¿Por qué votaras “NO” a los acuerdos de paz con las FARC-EP?, seguramente le responderán con los mismos argumentos que los líderes de la oposición parafrasean ya involuntariamente, sin pensar, sin digerir, sin cuestionar, únicamente memorizando.

Pero algo es seguro, ¡todos van para el mismo lado! Como lo hace entender Alfonso Cuéllar en su columna “Cómo perder un plebiscito, segunda parte”, para la revista Semana.

Ahora, para los que abogamos por el “SI”, lo hacemos con cierta amargura, aceptando los acuerdos pero sin desconocer que hay elementos que no compartimos.

Es en esa zona gris donde varios sectores de la sociedad están aprovechando las coyunturas para demandar, a su antojo, acciones específicas del gobierno nacional y así mostrar un plebiscito más frágil.

Son varios los periodistas y analistas políticos a los que les he escuchado con preocupación decir que el plebiscito por la paz puede ser la manifestación tácita de la aprobación del presidente Juan Manuel Santos por parte de la población. ¡Y vaya preocupación! ¿Usar un hecho tan relevante para tan insignificante propósito?

Para nadie es un secreto que la popularidad de Santos entre los colombianos está por los suelos, y no precisamente por el proceso de paz; la percepción económica, paros, crisis en sectores fundamentales como la salud y educación, entre otros.

Todos los mal sabores de este gobierno, ponen al presidente en una posición incómoda y débil, afectando también su campaña por el “SI”, lo que es en extremo grave.

Poner en juego una decisión tan importante, de tal trascendencia histórica simplemente porque el Ministerio de Educación  pagó por la elaboración de una cartilla que busca disminuir la discriminación hacia la comunidad LGBTI, o porque el gobierno no ha querido, en opinión del gremio de taxistas, atender seriamente la regulación de UBER, y así puedo seguir con decenas de exigencias de sectores sociales que en mi opinión son nimiedades al lado un proceso de paz.

Aquí hay que tener algo claro, y es que Colombia no puede perder la oportunidad de dar por terminado, sobre el papel, un conflicto de más de 50 años, únicamente para calificar 8 años de mal gobierno, porque debemos aceptarlo, ha sido un gobierno pésimo y sabíamos que iba a ser pésimo, pero a pesar de eso lo reelegimos, para acabar con esta guerra sin causa.

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