Escuche las historias de las víctimas que conmovieron al papa Francisco

Juan Carlos Murcia Perdomo, Deisy Sánchez Rey, Luz Dary Landazury y Pastora Mira García le hablaron al sumo pontífice en Villavicencio.

Papa Francisco con víctimas en Villavicencio
Papa Francisco con víctimas en Villavicencio| EFE

Sus relatos se escucharon en el Gran Encuentro de Oración por la Reconciliación Nacional, celebrado en el Parque Las Malocas, de la capital del Meta.

Juan Carlos Murcia Perdomo

Oriundo del Caquetá. Las Farc lo reclutaron a él cuando tenía 16 años de edad. Perdió la mano izquierda cuando manipulaba explosivos.

Después de 12 años salió de las filas de las Farc. Ahora tiene una fundación para jóvenes.

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 Deisy Sánchez Rey

Su hermano, cuando ella tenía 16 años, la reclutó para las AUC.

Con las autodefensas estuvo durante tres años hasta que la capturaron. Duró dos años en prisión, pero cuando salió, las AUC la obligaron a entrar de nuevo.

Se desmovilizó en 2006. Después, decidió estudiar. Es psicóloga especialista en Derechos Humanos.

Luz Dary Landazury

Proveniente de Tumaco, ella es víctima de una explosión de las Farc que le dejó heridas en una pierna: fracturas en tibia y peroné y pérdida del telón de aquiles. El acto terrorista ocurrió 18 de octubre de 2012.

Pastora Mira García

Su relato fue de los más comentados y conmovedores. Oriunda de San Carlos (Antioquia), cuando tenía seis años, mataron a su padre.

A su primer esposo lo mataron cuando su hija tenía 2 meses. Entró a trabajar a una estación de Policía, pero tuvo que renunciar por amenazas de guerrilleros y paramilitares.

En 2001, los paras desaparecieron a su hija, Sandra Paola. Encontró su cadáver siete años después.

“En 2005, el Bloque Héroes de Granada de los paramilitares asesinó a Jorge Aníbal, mi hijo menor”, contó.

Tres días después de que enterró a su hijo, cuidó a un joven herido que al ver las fotos de Aníbal le confesó que hizo parte del grupo de paras que lo asesinó.

El joven, además, le contó a Pastora cómo torturaron a su hijo antes de matarlo.

El papa les respondió:

“Pastora Mira, tú lo has dicho muy bien: Quieres poner todo tu dolor y el de miles de víctimas a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al suyo y así sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que ha imperado en Colombia. Tienes razón: la violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso solo es posible con el perdón y la reconciliación. Y tú, querida Pastora, y tantos otros como tú, nos han demostrado que es posible. Sí, con la ayuda de Cristo vivo en medio de la comunidad es posible vencer el odio, es posible vencer la muerte, es posible comenzar de nuevo y alumbrar una Colombia nueva. Gracias, Pastora, qué gran bien nos haces hoy a todos con el testimonio de tu vida. Es el crucificado de Bojayá quien te ha dado esa fuerza para perdonar y para amar, y para ayudarte a ver en la camisa que tu hija Sandra Paola regaló a tu hijo Jorge Aníbal, no solo el recuerdo de sus muertes, sino la esperanza de que la paz triunfe definitivamente en Colombia.

“Nos conmueve también lo que ha dicho Luz Dary en su testimonio: que las heridas del corazón son más profundas y difíciles de curar que las del cuerpo. Así es. Y lo que es más importante, te has dado cuenta de que no se puede vivir del rencor, de que sólo el amor libera y construye. Y de esta manera comenzaste a sanar también las heridas de otras víctimas, a reconstruir su dignidad. Este salir de ti misma te ha enriquecido, te ha ayudado a mirar hacia delante, a encontrar paz y serenidad y un motivo para seguir caminando. Te agradezco la muleta que me ofreces. Aunque aún te quedan secuelas físicas de tus heridas, tu andar espiritual es rápido y firme, porque piensas en los demás y quieres ayudarles. Esta muleta tuya es un símbolo de esa otra muleta más importante, y que todos necesitamos, que es el amor y el perdón. Con tu amor y tu perdón estás ayudando a tantas personas a caminar en la vida. Gracias.

“Deseo agradecer también el testimonio elocuente de Deisy y Juan Carlos. Nos hicieron comprender que todos, al final, de un modo u otro, también somos víctimas, inocentes o culpables, pero todos víctimas. Todos unidos en esa pérdida de humanidad que supone la violencia y la muerte. Deisy lo ha dicho claro: comprendiste que tú misma habías sido una víctima y tenías necesidad de que se te concediera una oportunidad. Y comenzaste a estudiar, y ahora trabajas para ayudar a las víctimas y para que los jóvenes no caigan en las redes de la violencia y de la droga. También hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido. Es cierto que en esa regeneración moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse. Como ha dicho Deisy, se debe contribuir positivamente a sanar esa sociedad que ha sido lacerada por la violencia”.

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