A los Samboní los persiguen tragedias que también sufren miles de desplazados

Salieron del Cauca para escapar del horror de la guerra pero en el camino se les cruzó el terrible destino de la pequeña Yuliana Samboní.

 
Julbencio Samboní, padre de la niña Yuliana Andrea Samboní,
Foto: Mauricio Dueñas Castañeda - EFE

En El Tambo, Cauca, Nelly Muñoz y Juvencio Samboní, los padres de la menor asesinada por Rafael Uribe Noguera, eran humildes labriegos que trabajaban en sembradíos de papa y cebolla por apenas 7.000 pesos el jornal, cuenta el cronista José Guarnizo en Semana.

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Lo que ellos y sus familiares no comprenden todavía es por qué el homicida confeso se fijó en Yuliana, pero aun así no les es difícil imaginar que el asesino lo hizo porque “al mirarnos la pobreza, al ver que no tenemos estudio ni plata ni nada (…) nos íbamos a dejar”, afirmó a la revista Luz Velasco, una tía de Yuliana Samboní.

Ellos, los padres de la pequeña, que luchan por superar el impacto del asesinato de su hija de 7 años, abandonaron su tierra para buscar una mejor oportunidad de vida en Bogotá.

En El Tambo debían compartir con otras 15 personas, indígenas de la comunidad, un reducido espacio sumido en la precariedad, y con el miedo a sus espaldas de que las Farc volvieran a saldar con sangre algún supuesto crimen dictado en su contra.

Hace 7 años la guerrilla amarró y torturó a un primo de Yuliana porque, supuestamente, se enamoró de la hija de un miliciano. Hace un año, en un paraje del Huila, el turno fue para otro familiar de la pequeña. Según lo que Luz Velasco narró a Semana, a Libio lo degollaron y la justicia no sabe a quién inculpar.

Ya en Bogotá, a los Samboní los recibió otra realidad no menos cruel y más dura. Se encontraron de frente con la indiferencia, la pobreza y la rudeza implacable de una ciudad que no perdona a los que no se acomodan a sus formas ni a sus contrastes, explicó la revista.

La indolencia, cuando apenas se supo de la trágica muerte de Yuliana Samboní, se tradujo de inmediato cuando a las tías de la menor les negaron, sin explicaciones, la última quincena a la que tenían derecho.

“No tuvieron compasión ni si quiera con lo que estábamos viviendo”, señaló Luz Velasco al periodista José Guarnizo. Cuando la tragedia se desató y todos supieron de Rafael Uribe Noguera una enorme impotencia se apoderó de todos. Aun así, completamente desorientados y sumidos en el estupor, los Samboní decidieron entonces “pelar de boca” para pedir ayuda.

Hoy esperan recuperarse sicológicamente por la enorme pérdida mientras la madre de Yuliana asimila su nueva condición, es madre gestante y su hermana Nicole, de apenas 2 años y medio de edad, pregunta cuándo será que el señor que se robó a Yuliana la traerá de vuelta, finaliza la crónica de Semana.

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