Santos y el Nobel de Paz: un sueño aún inconcluso

Su obstinada búsqueda por alcanzar la paz fue recompensada, pero aún le queda la tarea de lograrla en el país.

 
Juan Manuel Santos
Juan Manuel Santos / AFP

Él apostó todo su capital político para intentar poner fin a medio siglo de guerra interna y, pese al revés del ‘no’ en el plebiscito, recibió este viernes el espaldarazo del premio Nobel de la Paz.

El Comité Nobel noruego atribuyó su influyente galardón a este incansable defensor del camino negociador, que dice no querer claudicar en su meta a pesar del resultado negativo del plebiscito a que sometió su propuesta de paz.

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“Seguiré buscando la paz hasta el último minuto de mi mandato porque ese es el camino para dejarles un mejor país a nuestros hijos”, dijo el domingo tras la bofetada del veredicto popular a la opción que preconiza.

Muchos cuestionaron a Santos por su empeño de validar en las urnas el histórico acuerdo con la guerrilla de las Farc. Pero el jefe de Estado se mantuvo firme.

La paz con las Farc, la mayor y más antigua guerrilla de América, “requería coraje, audacia, perseverancia y mucha estrategia: las cualidades y fortalezas de Santos”, dijo a la AFP Mauricio Rodríguez, su cuñado y consejero desde hace más de 20 años.

Bogotano proveniente de una familia de alcurnia, que siempre anheló conducir los destinos de su país, Santos puede ahora valerse del prestigio del Nobel para buscar revivir su esfuerzo de pacificación a través de la salida negociada, meta que empezó a trazar antes incluso de iniciar su carrera política en 1991.

“Extremo centro”

Como periodista, ganó el premio Rey de España con unas crónicas sobre la Revolución Sandinista en Nicaragua. Ese trabajo “nos marcó profundamente a ambos”, dijo el mandatario sobre la investigación que realizó con su hermano Enrique, también clave en el proceso de paz con las Farc que se instaló formalmente en 2012, pero se inició confidencialmente apenas Santos asumió su primer mandato en 2010.

Para cuando se estrenó en la Casa de Nariño, este político que se autodefine de “extremo centro” ya había perseguido con implacable crudeza a las Farc como ministro de Defensa de su predecesor Álvaro Uribe y, tras descabezar a su cúpula, se alistaba para dialogar desde una posición de fuerza.

Hizo la guerra para alcanzar la paz, han señalado analistas. Pero su viraje le costó no pocas críticas como “traidor” a la doctrina de mano dura de Uribe, que desde entonces es su más feroz opositor, fortalecido tras el plebiscito.

Aunque hace apenas unos días aseguraba no buscar el Nobel, la recompensa llega como bastante más que un premio consuelo en momentos en que el presidente debilitado busca una salida para la reconciliación de Colombia, azotada por décadas de violencia de guerrillas, paramilitares y fuerzas estatales que han causado ocho millones de víctimas, entre ellos 260.000 muertos.

Un pragmático obstinado

“Inmensamente racional”, según sus más allegados, el hombre que sigue decidido a lograr la paz de Colombia, ha sido cuestionado por su imagen de frialdad, falta de carisma y escasos dotes de comunicador.

Pero nada parece detenerle: suele madrugar y trasnochar. Superó un cáncer de próstata en 2012 y se sometió a fines de 2013 a una cirugía para levantar sus párpados y mejorar su visión.

Admirador de Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Nelson Mandela, lector voraz y declarado cinéfilo, Santos ha dicho que su verdadera fortaleza proviene de la familia que fundó en 1988 con María Clemencia Rodríguez, “Tutina”, madre de sus tres hijos. Son “mis Santos”, afirma.

Para muchos su obstinación de pragmático contumaz y su fama de político “hábil” allanarán sin duda el camino en esta nueva etapa.

“Santos no es un jugador de póker como dicen. Es un jugador de bridge”, comentó alguien que conoce bien al presidente. “Y en el bridge no siempre gana quien tiene la mejor mano”.

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Fuentes

  • - AFP / Alina Dieste

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