Para solucionar el problema, el presidente Juan Manuel Santos anunció que se les dará un año a los pilos para que se preparen para el examen de admisión a las universidades públicas.

También anunció otro incentivo para los que vayan a las públicas: medio salario mínimo adicional para apoyo al sostenimiento, y “un cambio en la metodología para calcular cuánto dinero entra a las universidades públicas por cada estudiante, de tal manera que sea equiparable a lo que se paga en una privada”, dice El Espectador.

El 82 % de los 30 mil estudiantes actuales del programa ‘Ser pilo paga’ prefiere las universidades privadas y se espera que el 30 % de los que ingresen, 10 mil, vayan a las públicas.

Habría que buscar respuestas, más allá de la arrogancia obvia, a por qué las universidades públicas no aceptan las pruebas Saber para el ingreso.

Si se prueba el argumento de que las pruebas no son homologables a las suyas por nivel de exigencia, debería incluso plantearse el debate de si lo que hay que replantear las pruebas Saber.

El caso de la Universidad Nacional da mucho que pensar: de los 5 mil estudiantes que son admitidos para ingreso tras el examen, por lo menos un 20 % no completa el requisito de matrícula: ¿por qué estos cupos no se asignan a los Pilos? (Habría que afinar esta estadística, pero lo cierto es que no todos los que pasan el examen se matriculan).

Hace muchos años en la Nacional se decía que lo difícil no era entrar, sino sostenerse en ella. ¿Por qué razón no adjudicarle estos cupos?

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Es muy bien intencionada la medida de darle a un Pilo un año para prepararse para el examen de admisión, pero habría que evaluar qué tan efectiva resulta si una privada les ofrece el ingreso automático.

Probablemente, para los funcionarios del ministerio de Educación que proponen esto un año no es nada: para un estudiante recién egresado de bachillerato puede ser la diferencia toda una vida: un año más para graduarse de profesional.